martes, 28 de mayo de 2013

'Alaska y Mario'. El otro mundo...



Foto: MTV

Construir el mundo que se anhela es posible. Todo es ponerse. Alaska y Mario demuestran que hay otros mundos posibles, que tienen poco que ver con el que se considera "normal". Así sucede en cada entrega de su reality de televisión en MTV, que acaba de iniciar su tercera andadura. Andy Warhol, Los Ramones, John Waters, Marc Bolan, las 'nancys' (rubias, claro), Raphael, los cómics, el Diez Minutos, el botox, el glam  o la ambigüedad sexual son algunas de las señas de identidad del universo paralelo de una pareja que cada semana se empeña en demostrar que otras formas de vida humanoide son posibles. ¡Vaya si lo son!

Alaska y Mario regresan a la pantalla abriendo las puertas de su peculiar universo. Tras ver las dos primeras entregas esta nueva temporada más reitero mi convicción de que Alaska es algo más que un icono pop. Tal vez su secreto está en que mantiene la misma curiosidad que a finales de los años setenta la llevó a poner los cimientos de un mundo distinto. Eran los tiempos de las mañanas en el Rastro, Kaka de Luxe o La Liviandad del Imperdible (fanzine que hacía Carlos Berlanga) cuando una serie de personas con distintas inquietudes se juntaron por azar o por lo que sea. Desde entonces, Alaska no ha parado de crecer, enriqueciéndose con todo lo que le rodea y aprendiendo todos los días. La conclusion, por extraño que parezca para esta sociedad gris y desmoralizada, es que otros mundos son posibles.

En esta ocasión el colofón de la temporada televisiva del reality será la fiesta que Alaska prepara para celebrar su medio siglo. Casi nada. A estas alturas si se puede hacer una afirmación es que Alaska y Mario son inclasificables. Tampoco hay necesidad de poner etiquetas, algo inherente a nuestro mundo imperfecto, pero que en el universo de Alaska y Mario sobran. Si se etiqueta es, como mucho, para echarse unas risas. Porque se ríen mucho y de ellos mismos también. Gran virtud.


Lo llamativo es que han sido capaces de crear una dimensión paralela, casi perfecta, en la que viven el día a día rodeados de amigos de todos los tipos y colores. En este universo se mezcla en dosis compensadas una capacidad emprendedora sín límite y una intensa vida cultural plagada de inquietudes con la frivolidad, la vida ociosa, cierto frikismo y las hilarantes patadas al diccionario de Mario. Aquí no cabe el miedo al ridículo. Bajo su mirada pop de la vida se puede escribir una poesía o que Mario se pruebe un abrigo de pieles para salir al escenario en un concierto de las Nancys Rubias.

Alaska y Mario tienen algo que algunos buscan sin fortuna y que muchos otros ignoran. Tienen su propio paraíso artificial, que funciona a las mil maravillas, entre cervezas a morro , party burguers o supuestas aportaciones desinteresadas a Travestis sin Fronteras. Fue Mikel López Iturriaga el que escribía en su columna en El País que "Alaska se había vaquerizado y Mario se había alaskizado". Puede ser. En mi caso me decanto más por creer que son dos planetas de un mismo universo. Puede que Mario -peculiar personaje, sin duda- le haya robado protagonismo ante las cámaras a Alaska, pero ella sigue siendo esa estrella incombustible del pop español. Siempre es capaz de reinventarse de la mano de su inseparable Nacho Canut. Ahí está Cuatricomía, su último trabajo con Fangoria. Y lo bueno, es que Alaska seguirá haciéndolo porque lo suyo es como escribir cartas al futuro
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