martes, 24 de marzo de 2015

Eclipse cervantino

Placa en memoria de Cervantes en el Convento de las Trinitarias

Nunca puse en duda que los restos de Miguel de Cervantes estuvieran en el convento de las Trinitarias, aunque siempre me pregunté la razón por la cual no se le daba más cancha a un sitio así. Ni siquiera se había intentado demostrar científicamente que entre esos huesos estaban las evidencias de la batalla de Lepanto en forma de mano izquierda atrofiada. Lo que en otros países ya se habría hecho hace tiempo, aquí ni se planteaba. Al menos, esos sucedía hasta hace poco. Hace una semana me levanté convencido de que el denominado Proyecto Cervantes iba a acabar con esa incertidumbre, anunciando a bombo y platillo que habían encontrado los restos del insigne escritor. Pero no fue así, o tal vez si… "Hay muchas coincidencias, y ninguna discrepancia”, explicaba Francisco Etxeberria, uno de los antropólogos más prestigiosos del mundo. Poca cosa para tanta expectación, y mucho menos de lo esperado después de que algunos medios digitales llegaran a publicar antes de esa extraña rueda de prensa, en la que el equipo de investigación hizo públicas sus conclusiones, que se habían encontrado los restos de Cervantes.

No deja de ser rocambolesco que una filtración ensombrezca un arduo trabajo de investigación. Ignoro a qué intereses respondía esta filtración, si su origen está en el propio equipo de investigación o en las ansias en convertir las Trinitarias en centro de turismo fúnebre como sucede con Shakespeare y Stratford-upon-Avon. Pero mientras en la rueda de prensa se hablaba de cosas tales como reducción de huesos en el suelo de la cripta de un grupo de quince personas y de expresiones enrevesadas, nadie dijo lo que se quería o, al menos, lo que esperaba.

Parece mentira que del padre de las letras españolas, el autor del célebre Quijote y que da nombre al premio literario más importante en español sólo exista una conclusión así sobre el lugar en el que reposan sus restos: los hechos históricos conocidos coinciden con los hallazgos antropológicos y arqueológicos. Miguel de Cervantes se merecía algo más. El Proyecto Cervantes es el único que ha tratado de poner luz en un asunto que debería ser una prioridad para las autoridades culturales españolas.


Mientras tanto, en las Trinitarias vuelve a lucir el sol, cuando las nubes no lo impiden, y el manco de Lepanto sigue descansando allí, como lo hace desde hace 400 años, pero sin que el ADN lo demuestre. Su tranquilidad sólo se ve interrumpida, por lo visto, por un eclipse cervantino.

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