jueves, 4 de noviembre de 2010

Ecuador: un país en calma tensa






Han pasado ya varios días desde de la sublevación policial contra el presidente de Ecuador, Rafael Correa, que permaneció varias horas retenido en un hospital hasta que fue rescatado por un grupo de élite militar. Las investigaciones para aclarar lo sucedido en el Hospital de la Policía de Quito siguen abiertas y en Ecuador se vive un intenso debate. ¿Fue un golpe de Estado con el objetivo de eliminar a Rafael Correa o una protesta salarial por una nueva ley que afectaba a los policías lo que desencadenó los acontecimientos? Un mes después la revolución ciudadana emprendida por Correa sigue adelante con el apoyo popular, pero la situación que se vive en las altas instancias es de calma tensa. El líder ecuatoriano insiste en que “no habrá ni perdón ni olvido”. Lo advirtió tras su liberación y mantiene esta determinación, así como que hubo un intento de golpe de Estado, tras el que señala al ex presidente Lucio Gutiérrez.

Hilda es una quiteña que regenta una tienda cerca de la plaza de San Francisco, el lugar elegido por miles de ecuatorianos llegados de todo el país para expresar su apoyo a Rafael Correa unos días después de una fecha negra para la historia del país: el 30 de septiembre. Quince días antes de esta muestra de apoyo popular, Hilda tuvo que cerrar su tienda por temor a los saqueos que se podrían producir al difundirse que Rafael Correa estaba “secuestrado” en el hospital por policías. En cuanto tuvo conocimiento de lo que pasaba echó el cierre y se fue a casa. Recuerda con tristeza ese día, e ironiza con que esa noche no pudo seguir las desventuras de Marbelle, una artista colombiana cuya vida se ha convertido en telenovela de éxito bajo el título de Amor sincero. Su cita ante el televisor con Marbelle se cambió por la vida real, la de los tiros y gritos de las afueras del hospital de la policía donde Correa estuvo retenido. Tampoco tuvo Hilda otra opción porque ese día no existió más que la señal oficial de la cadena televisiva del Estado, Ecuador TV.

Hilda se declara a favor de Correa y de la revolución ciudadana emprendida por el dirigente para modernizar el país, y reconoce que casi le saltan las lágrimas cuando vio y escuchó al presidente en el balcón del palacio presidencial, tras ser liberado, decir unas palabras que “nunca olvidará”. El presidente Correa se rasgaba la camisa y se desanudaba la corbata en una imagen que dio la vuelta al mundo: “Si quieren matar al presidente, aquí está: mátenme si les da la gana, mátenme si tienen valor, en vez de estar en la muchedumbre, cobardemente escondidos”.

Ese día también lo vivió Marcia con toda su crudeza, no exenta de miedo, temor y ansiedad. Tras conocer lo que ocurría en Quito organizó desde Otavalo, una ciudad situada a dos horas al norte de la capital, la salida de cuatro autobuses para respaldar al presidente. En uno de ellos viajó esta aguerrida mujer que cree como nadie en Correa y que se desplazó a la capital ecuatoriana “para defender la democracia”. Lo que no sabía es que en las inmediaciones del hospital iban a tener un recibimiento de piedras, bombas lacrimógenas, gas pimienta y como colofón vespertino un brutal tiroteo, lo que en Ecuador se conoce como balacera.

Y lo cierto es que Correa estuvo a punto de perder la vida el 30 de septiembre tras un sangriento tiroteo que dejó diez muertos, decenas de heridos y muchas incógnitas. Todo comenzó como una protesta de los policías por asuntos salariales por una nueva ley que se transformó en un levantamiento en toda regla, que obligó a Correa a quedar atrapado en un hospital cercano al sitio del motín. En principio había acudido a explicar la ley rechazada por los manifestantes, pero desembocó en momentos de incertidumbre para el país tras interminables horas de espera, que acabaron a balazos.

Desde entonces se investiga todo lo sucedido y en Quito se mantiene el estado de excepción. En torno a Correa hay una calma tensa, la oposición insiste en que sólo hubo una sublevación por asuntos laborales, pero no un golpe de Estado. No obstante, el Ejecutivo de Correa ya no duerme con los dos ojos cerrados. Siempre mantiene uno abierto. Una de las primeras consecuencias ha sido reestructurar los servicios de inteligencia después de que fueran incapaces de alertar la sublevación policial y militar del 30 de septiembre. Para ello un ex comandante de la Marina, asesor del vicepresidente de Correa, Lenin Moreno, acaba de asumir el cargo al frente de Inteligencia.


Mientras tanto, los hechos se siguen investigando, aunque no están exentos de sorpresas como la exhumación de dos cadáveres de militares fallecidos en la revuelta del 30 de septiembre que fueron enterrados sin que se les practicara la autopsia. La fiscalía ha citado a declarar a los principales funcionarios del país, incluido Lenin Moreno y Correa, y están detenidos varios policías, entre ellos, el coronel César Carrión, ex director del hospital de la Policía donde se retuvo al presidente. El propio Rafael Correa le acusa de intento de asesinato y sostiene que el coronel Carrión sugirió envenenarlo con cianuro mientras se encontraba en el hospital.
Además, está en prisión preventiva un civil, Fidel Araujo, miembro de Sociedad Patriótica, cercano al ex presidente Lucio Gutiérrez y acusado de participar supuestamente en el intento de asesinato de Correa.


Cada sábado, Rafael Correa se dirige por televisión al pueblo ecuatoriano en lo que se conoce enlace sabatino. La Revolución Ciudadana que ha emprendido se sustenta en la popularidad y mantiene este principio por encima de todo. Desde su secuestro en el hospital de la policía insiste en estas comparecencias de los sábados en que fue una intentona golpista. A lo largo de los últimos días mucho se ha especulado sobre lo ocurrido el 30 de septiembre y la mayoría de analistas coinciden en que lo sucedido es “una advertencia para Correa”. No obstante, esto es Ecuador, un país acostumbrado a los cambios de Gobierno. Omar, un joven ecuatoriano, desea que se investigue a fondo lo sucedido, aunque no oculta su escepticismo. “Aquí estamos acostumbrados a decir que se llegará hasta las últimas consecuencias, pero nunca se llega”, asegura. Sin embargo, todo hace indicar que con la figura de Rafael Correa las cosas han cambiado en Ecuador.

Propaganda y autoridad. Para algunos, Correa es un soñador que quiere transformar las estructuras de un país que hasta ahora ha tenido una enorme dependencia del petróleo como principal fuente de ingresos. Correa llegó al poder en 2007, es economista, se educó en Estados Unidos y Europa, y está dispuesto a cambiar Ecuador mediante lo que denomina la Revolución Ciudadana. Sus reformas están acompañadas de una gran propaganda, especialmente criticada por la oposición, de un control de los medios de comunicación y de formas autoritarias. Pero el pueblo le respalda. Sin embargo, muchos ecuatorianos están convencidos de que el la supuesta intentona golpista del 30 de septiembre no funcionó porque los militares comprobaron que el pueblo estaba con Correa. Sin embargo, se suscitan dudas y hay quien se cuestiona qué se negoció con los militares durante las doce horas en las que Correa estuvo retenido, hasta que fue liberado pasadas las nueve de la noche tras una espectacular operación.

Por eso, esos acontecimientos constituyen una advertencia para que cambie las formas. Correa ha exhibido firmeza para combatir la corrupción, incluida la lucha contra los clanes secretos de la policía, pero tampoco ha dudado en responder con dureza a quien no piensa como él. La Iglesia católica, por ejemplo, también se ha sumado a las corrientes críticas que piden cambios en la manera de gobernar de Correa. Un mes después de los acontecimientos, parece que el presidente de Ecuador sigue adelante con sus principios y sus maneras. De hecho, anuncia que el régimen se moverá más a la izquierda fortalecido por el respaldo popular. Pero la calma no es total.

“No mide los riesgos”. Otras voces como la del alcalde de Otavalo, Mario Conejo, también creen que sería bueno “cierto cambio” en las actitudes de Correa porque “tiene tanta popularidad que hace que muchas veces no mida los riesgos”. Y es que la popularidad de Correa entre los ecuatorianos sigue en alza, apenas ha bajado del 50%, como ponía de manifiesto Radio Democracia, y tras el 30 de septiembre se ha afianzado más aún.

La opinión de Mario Conejo tiene peso porque es uno de los políticos con mayor proyección en el país andino, aunque por ahora descarta dar un paso a la política nacional. Lleva diez años de alcalde, y le quedan otros cuatro más al frente del consistorio de un municipio famoso por albergar un ancestral mercado indígena, uno de los más grandes de Latinoamérica. Allí, el olor a morocho y fritada, los sombreros Panamá (que se hacen en Ecuador pese al nombre), las mantas de alpaca, ponchos y expresiones quechuas se entremezclan en los centenares de puestos que dan vida a esta ciudad, en especial los sábados.

En Otavalo la mayoría es indígena y su alcalde también lo es. Respalda a Correa aunque aclara que “no podría ser incondicional, por más que sea del movimiento”. Cree que lo sucedido el 30 de septiembre no responde a un golpe de Estado “ya que no estaba prevista su presencia en el regimiento de la policía de Quito, donde los ánimos ya estaban caldeados”. Sin embargo, tiene claro que la oposición, “los de siempre”, intentaron aprovechar la situación para propiciar un cambio de Gobierno y derrocar a un presidente que ha llevado a cabo numerosas e importantes reformas en el país, “pero no contaron con la reacción inmediata del pueblo”.

Correa gobierna sin oposición en la Asamblea Nacional, controla la mayoría de los asambleístas, y cuenta con una gran popularidad, que él mismo y sus asesores se encargan de potenciar. El populismo se materializa, por ejemplo, en hechos concretos como el bono de desarrollo humano que reciben alrededor de un millón y medio de familias pobres cada mes, un subsidio que puede llegar a los 60 dólares. La mayoría democrática de la que goza Rafael Correa también le permite caer en la tentación de hacer de su capa un sayo para controlar los medios de comunicación. De hecho, la nueva Constitución aprobada hace dos años impedía a los bancos ser propietarios de los medios de comunicación. El control mediático quedó patente durante el 30 de septiembre cuando los ecuatorianos sólo pudieron seguir lo que ocurría en el hospital de Quito mediante la señal oficial difundida por todos los canales de televisión.

Mientras en los últimas semanas en los medios de comunicación se suscita un intenso debate entre la versión oficial y de la oposición sobre la revuelta del 30 de septiembre, los cambios en el país son evidentes. Un taxista de Quito recuerda con angustia el día de la revuelta, en especial la tarde. Con la ciudad a merced de posibles saqueos, con los policías más pendientes de la revuelta que de vigilar las calles, el conductor explica que se fue a su casa, situada en una de las laderas del sur de la capital ecuatoriana, por cautela. Reconoce que no es partidario de Correa, aunque admite que hay cosas que han cambiado desde que gobierna en Ecuador. “Hace poco t­­uve que estar hospitalizado por una obstrucción en el intestino ­­­­­­­–explica mientras conduce su taxi entre el caótico tráfico de Quito- y… ¿sabe cuánto me costó? Un dólar”.

Conducir ‘a la defensiva’ y… petróleo. Aunque la sanidad pública está lejos de los países occidentales y todavía hay lugares donde los pacientes tienen que salir a comprar los fármacos y los sueros, en los últimos años hay avances significativos. El mandatario cuenta con un amplio respaldo popular, sin el que no podría ejecutar un ambicioso plan de reformas y acabar, por ejemplo, con el déficit eléctrico que padece el país pese a contar con recursos hídricos suficientes. Las inversiones en carreteras, como en la famosa Panamericana, con numerosos tramos nuevos y otros en ejecución, todos con sus respectivos peajes, son evidentes. Sin embargo, la asignatura pendiente de la educación vial tardará en llegar. En Ecuador se invita a conducir “a la defensiva”, es decir, con precaución. Pero el mensaje está lejos de calar. Este es uno de los consejos que se propagan desde la maquinaria propagandística de la ‘Revolución Ciudadana está en marcha’, cuyos carteles jalonan todos los rincones del país invitando a potenciar el turismo, a consumir productos ecuatorianos o dando a conocer nuevos tramos de carreteras, entre otras cosas.

Los cambios en Ecuador en los últimos años son visibles. Se abren nuevas oficinas del Registro Civil en todo el país, los ecuatorianos se familiarizan con el pago de impuestos, se ultima un nuevo censo y funciona un régimen de la Seguridad Social. Hace dos años que se aprobó una nueva constitución que nacía como panacea para todos los males del país, pero cono ella o sin ella, el presidencialismo de Correa es evidente. El presidente apuesta por aumentar el gasto para afrontar las desigualdades sociales, de modo que la educación, la sanidad y las infraestructuras son sus prioridades, pero la crisis también afecta a Ecuador, un país que usa el dólar como moneda oficial desde el año 2000 y que se beneficiaba mucho del dinero que recibía de los emigrantes. Sólo en la Comunidad de Madrid hay 124.491 ecuatorianos empadronados, pero las remesas que envían a su país han caído mucho. Así lo revela el Estudio de Envío de Remesas desde la Comunidad de Madrid en 2009, que destaca que Ecuador es el segundo país receptor, con 279 millones, un 43%,8 menos que en 2008.

Así que la mayor parte de los ingresos provienen del petróleo. Hasta ahora el precio del barril se ha mantenido alto, superando los 70 dólares por barril, algo que otros presidentes del país no pudieron utilizar, con precios mucho más bajos. Pero hay analistas que explican que el precio del crudo empieza a caer, lo que unido a que Ecuador sólo obtiene crédito de Irán y China, a cambio de petróleo, puede poner en aprietos los objetivos de Rafael Correa e incluso la dolarización.

Mientras tanto, Correa está decidido a incrementar la producción petrolífera y hace unos días inauguró en la selva amazónica, en Pañacocha, cerca de la frontera con Colombia, un campo petrolífero con el que quiere abrir una nueva era ecológica y social, ya que parte de la renta irá destinada a las comunidades de la zona. No muy lejos de allí, en el inicio de la selva amazónica ecuatoriana está la ciudad de Puyo, otro enclave habituado a los oleoductos y al negocio del oro negro, como atestigua su cercanía con una población que lleva el petrolero nombre de Shell. El petróleo ha marcado la historia reciente de Ecuador, un país de contrastes en medio de volcanes y la impresionante cordillera andina. Así que no estaría mal reflexionar sobre la inscripción que se puede leer en la entrada de cementerio de Puyo: Aquí se termina el orgullo y comienza la igualdad.

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