lunes, 21 de noviembre de 2011

Al final de la escapada




Los aficionados al cine conocen muy bien el final de una de esas joyas cinematográficas que a menudo hay que revisar si se quiere tener la cabeza en su sitio, en especial en estos tiempos de voracidad de los mercados y asedios de la prima de riesgo. Me refiero a esa joya de Jean-Luc Godard titulada Al final de la Escapada. El título es lo suficientemente elocuente como para resumir lo que la noche electoral nos ha dejado después de tantos meses de campaña, estrategias para arañar votos de donde sea y cansinos mensajes, tan vacíos de contenido como demagógicos, en medio de una crisis sin precedentes. La cosa es que con el final de la película electoral ha pasado lo que se preveía, que el PP ha arrasado, que en el PSOE  se ha producido una hecatombe sin precedentes y que las empresas que se dedican a los sondeos de opinión que durante meses nos han machacado con el mismo pronóstico se han ganado el sueldo. La papeleta que tiene Mariano Rajoy por delante es de órdago. Pese al fiestorro que ayer montaron sus militantes en la sede de Génova, imagino que el líder popular dejó las copas y los brindis para otro momento.



Después de acabar la campaña oficial sin decir qué va a hacer para crear empleo y reducir el paro ha llegado su hora. En su primera comparecencia de anoche, tras el histórico triunfo del PP, Rajoy advirtió que no habría “milagros”. Tiene razón. Sería de inconscientes creerlo así. Rajoy tiene por delante una tarea titánica, en la que deberá mostrar hechos, no sólo intenciones. Supongo que no tardará en anunciar los profundos recortes –sí, recortes– que habrá que llevar a cabo para profundizar en la política de austeridad y cumplir con el objetivo de estabilidad presupuestaria que marca Europa. Y es precisamente Europa quien va a marcar los pasos y las decisiones de ese hombre tranquilo, muy gallego y de silencios exasperantes. A su manera, Rajoy también está Al final de la Escapada. Pero la huida también llega a su fin para Rubalcaba. Su carrera electoral en 2008 ha llegado a su fin y sería una temeridad pensar que volverá a tener una oportunidad así porque el congreso del PSOE debe servir para renovar el partido.En la película de Godard, y siento desvelar el final a todo aquel que a estas alturas no la haya visto, Belmondo muere a manos de sus perseguidores, con el pitillo en la boca y cansado de huir (claro, que perdidamente enamorado de Jean Seberg). Películas así solo hay una, por muchos remakes que hagan.Y el PSOE haría mal si hiciera un remake.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Gustavo de Arístegui: "El islamismo radical no es compatible con los derechos humanos"


“El islamismo radical no es compatible con los derechos humanos ni con la democracia”. Así lo advierte el Gustavo de Arístegui (Madrid, 1963). El político popular, licenciado en Derecho, diplomático y portavoz del PP en la Comisión de Asuntos de Exteriores hasta esta legislatura analiza las revueltas árabes en su último libro, Encrucijadas árabes. Lo que España y el mundo se juegan (Singular Ediciones). De Arístegui advierte de que el islamismo radical es el gran beneficiario de las revueltas que comenzaron en la plaza Tahrir, en El Cairo. Además alerta del riesgo que supone la presencia de Al-Qaeda en el Magreb y critica con dureza que no se adopte desde los organismos internacionales una resolución de condena firme “al sanguinario régimen sirio”.  Además, censura con dureza “la Alianza de las Civilizaciones, tal y como está concebida por el Gobierno del PSOE”, porque “ha dado aureola de legitimidad a regímenes como Siria e Irán”. Tampoco pasa por alto, a lo largo de la entrevista, que la preocupación europea por la crisis financiera lleve a un segundo plano los conflictos localizados en países árabes de la vertiente mediterránea.




-¿Qué se juegan España y el mundo en la encrucijada árabe?
-Tenemos que ser conscientes de que todos los problemas geopolíticos, la inestabilidad geopolítica, la inseguridad… son generadores de peligros muy claros, para Europa, para España y para el mundo. Es una parte muy importante del mundo, y en especial para nosotros. Hay que tener en cuenta que un momento en el que Europa está debilitada por la crisis del euro, la crisis financiera, la crisis de la deuda soberana el que haya incertidumbre en nuestro vecindario añade más incertidumbre y limita nuestra capacidad de respuesta.

-¿Eso está propiciando que Occidente baje la guardia?
- Quizá los que tienen que bajarla no la están bajando. Es el caso de los servicios de inteligencia, los servicios de seguridad… pero, en efecto, la sociedad tiene una cierta tendencia a centrarse más en los problemas más acuciantes. Tampoco es que la preocupación social vaya a paliar o mitigar los posibles riesgos de nuestra región. Pero tenemos que ser conscientes de que los riesgos de nuestra región en este momento preciso son una noticia peor que si fuera en otro momento. Una Europa menos fuerte que antaño es una Europa con menor capacidad de respuesta inmediata.

-¿Hay más riesgo ahora en el norte de África con la presencia Al-Qaeda?
-Al-Qaeda se está instalando en el Sahel y estar en el Sahel significa estar a tiro de piedra de cualquier parte de Europa, a tiro de piedra de cualquier parte del África subsahariana. Quiero recordar los terribles atentados que están produciéndose en Nigeria. Hace muy poco tiempo una serie de atentados causaron 150 muertos en un fin de semana en Abuya y eso es Al-Qaeda en el Magreb islámico. Al-Qaeda está instalada en el Sahel, pero especialmente en Níger y Mali. Y eso algunos venimos denunciándolo desde hace mucho tiempo.

-¿La democracia y el islamismo pueden convivir?
-Islam y democracia sí, rotundamente sí. Islamismo radical y democracia no, rotundamente no. El islamismo radical no es compatible con los derechos humanos, no es compatible con la democracia. El Islam sí que lo es y lo estamos viendo en Turquía, en Indonesia o entre los musulmanes indios porque la India es el segundo país musulmán del mundo por población después de Indonesia, por delante de Pakistán. Conviene recordarlo. Hay unos 170 millones de musulmanes en la India.
-¿Se han tomado con demasiada alegría las revueltas de la primavera árabe?
-Creo que hay un exceso de optimismo irresponsable en algunos analistas y algunos responsable respecto a cómo estaban llevándose a cabo las revueltas en el mundo árabe. ¿Cuántas veces hemos escuchado que los islamistas no tienen protagonismo, que los islamistas no son los que han iniciado las revueltas, los islamistas no tendrán un papel que jugar cuando cambien los regímenes dictatoriales?... No tuvieron nada que ver con el estallido de las revueltas, pero ya hemos visto que han ganado en Túnez, que van a ganar en Egipto o que una parte del Consejo Nacional de Transición libio tiene claramente una tendencia islamista y eso es una evidencia que no podemos negar. Negarla sería también irresponsable.
-¿El islamismo radical es, por tanto, el principal beneficiario de unos movimientos en los que no participaron en su origen?
-En gran medida es una buena conclusión. En efecto, el islamismo radical es uno de los principales beneficiarios de los cambios del régimen en los que no han sido protagonistas. En lo que sí han sido protagonistas es en las elecciones porque en Túnez han ganado y van a ganar en Egipto.
-¿Se puede establecer algún paralelismo entre la plaza Tahrir de El Cairo con la Puerta del Sol del movimiento 15-M?
-El movimiento 15-M nace con la amalgama de muchas cosas muy distintas, donde hay gente de derechas, de izquierdas, parados, estudiantes, funcionarios, trabajadores precarios y no precarios, gente que quiere que el sistema se regenere y sea más representativo, más transparente… Pero lo que queda hoy del movimiento 15-M es otra cosa bien distinta. Después de un proceso de centrifugación de los elementos más moderados lo que queda es otra cosa. Queda un movimiento muy parecido a lo que ya existía en todas partes del mundo democrático: los anticapitalistas, antiimperialistas,… todos los antis que uno pueda imaginar. Obviamente sigue habiendo gente bienintencionada en el sistema, pero estamos hablando de la contestación a democracias, de la petición de que las democracias se reformen o se regeneren si esa reforma es necesaria. En la plaza Tahrir es la protesta de un pueblo oprimido por un dictador pidiendo libertad y democracia, que ya la hay en España.
-¿Por qué Siria parece que tiene carta blanca desde hace tantos años?
-A Siria le está saliendo gratis casi todo lo que ha hecho en 41 años, que es lo que lleva el régimen. Hasta el año 1991 todo le salía gratis porque era un aliado principal del bloque soviético, y en plena guerra fría era imposible censurar a Siria. De hecho la matanza de Hama, del año 1982, con 30.000 víctimas le salió totalmente gratis a Hafez al-Assad [padre del actual presidente Bashar al-Assad]. Ni una sola condena en organismos internacionales. Y en la actualidad hay reticencias que no son ya justificables, o que no lo fueron en ningún momento desde el principio por parte de China o de Rusia, para que se adopte por lo menos una resolución de condena firme al sanguinario régimen sirio. Lo que está produciéndose en Siria es terrible y tiene que hacernos reflexionar a la comunidad internacional sobre el doble rasero.
-Ese doble rasero ha sido el mismo que se ha aplicado a Libia, donde se ha apoyado a unos rebeldes desconocidos…
-El mandato de la ONU no era para los rebeldes libios, era para el pueblo libio. Era la defensa de los libios que estaban siendo masacrados con medios de guerra por parte de su líder de la revolución de su dictador Gadafi. De la misma forma que se ha defendido al pueblo libio se tenía que haber defendido al pueblo sirio, empezando por una condena. Me cabe la satisfacción de ser el autor de la única iniciativa parlamentaria aprobada en el Congreso de los Diputados condenando, con voto unánime de la Comisión de Asuntos Exteriores, al régimen sirio por su masacre del pueblo.
-Hablando de Libia, una parte del Consejo Nacional de Transición (CNT) ya se ha mostrado dispuesto a instaurar la Sharia [ley Islámica].
-Es lo que hablábamos antes, que una parte del CNT ha demostrado estar más cerca del islamismo radical que del islam moderado. Los libios tendrán que decidir entre las opciones políticas que se presenten a las elecciones cuando se celebren.
-¿Qué papel debe desempeñar España en política Exterior en este asunto?
-España tiene un profundo conocimiento de la región, mucha experiencia, buena imagen y, además, el precedente de nuestra ejemplar transición a la democracia. No tenemos que dar lecciones a nadie, ni ser paternalistas ni imponer nuestro sistema. Sí podemos y debemos compartir nuestras experiencias. Las tareas que pueden tener los países democráticos vecinos a los de las revueltas son dos básicas. Primero, los estados, para  ayudar a la consolidación de las instituciones democráticas, las reformas institucionales y el fortalecimiento de las jóvenes democracias. Segundo, los partidos, para que las formaciones afines entrenen y formen a los dirigentes de esos partidos que han vivido bajo dictaduras y que siendo demócratas de corazón no tienen experiencia en la administración de democracias. En consecuencia, creo que tenemos esos dos papeles que jugar, que son importantes.
-¿Las estrategias del próximo gobierno español hacia dónde deben dirigirse?
-Lo tenemos muy claro. La sensibilidad, el interés o la prioridad que un gobierno sensato, como es el que yo creo que va a ser el del Partido Popular. El Gobierno que surja va a tener la mano tendida con los vecinos, diálogo con el Islam moderado, la búsqueda de puntos de encuentro contra el terrorismo, el crimen organizado, contra los enemigos comunes; apoyo a los procesos de democratización; y entender que algunas iniciativas del gobierno socialista ha logrado ha sido apuntalar y legitimar a regímenes dictatoriales y corruptos. La Alianza de las Civilizaciones, tal y como está concebida por el Gobierno del PSOE, lo que ha hecho es dar aureola de legitimidad a regímenes como Siria e Irán, y pongo solo dos ejemplos.
-¿La amenaza nuclear de Irán es en serio o un farol?
-Otra cosa que llevo años diciendo y que mucha gente pensaba que era exagerada… Irán va a por el arma nuclear y la acabará teniendo. Tardará más o menos, pero es una evidencia que la quiere tener porque quiere blindar al régimen y ser potencia hegemónica regional en un eje hacia cuatro escenas geopolíticas: las exrepúblicas soviéticas y China hacia el norte; hacia el este, el Asia central; hacia el sur el Golfo Pérsico; y hacia el oeste, Oriente Próximo donde influye a través del régimen sirio, Hizbulá y Hamás. Por tanto, la inclusión del régimen sirio va a tener un impacto fundamental en la estabilización de Oriente Próximo en la medida en que Irán ya no podrá proyectar fuerza ni inestabilidad a través de sus aliados incondicionales que son el régimen sirio, Hizbulá y Hamás.

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Debates?


El interés mediático que genera un debate entre los dos aspirantes a ocupar La Moncloa en la próxima legislatura me causa cierta hilaridad, no exenta de escepticismo. Lo que tienen estos debates es que sin tener dotes adivinatorias cualquier espectador que se siente ante el televisor ya sabe lo que quiere o no escuchar. Las campaña electorales sirven para regar los oídos de los fieles asistentes a los mítines y lanzar los  mensajes de turno. Y con los debates televisivos pasa lo mismo. Resulta que lo importante a estas alturas de la película, después de interminables meses de campaña electoral, no sólo los quince días de rigor, es el qué y no el cómo. Por el qué me refiero a si Rajoy ha elegido un traje gris, si se come el seso para elegir entre una corbata azul o roja para la madre de todos los debates o que si en las horas previas no se ha separado de su político de cabecera. Por el qué también me refiero a si Rubalcaba ha comido ensalada de tomate con atún, filete de pollo con patatas y un kiwi antes de vérselas, cara a cara, con Rajoy tras pasarse todo el día en Ferraz. Dentro del qué también están los secretos de alcoba de los que presumen los tertulianos. Que si Rajoy llega a las 21.03 horas al Palacio de Congresos y el candidato socialista  diez minutos después, o que si a uno y otro les acompañan menganito o fulano de tal. Todo esto no es más que el Sálvame de la política porque las cosas ahora no están para perderse con rodeos, sino en ir al fondo de la cuestión para solucionar la crisis económica. Con un debate en falso a dos, sin frescura ni espontaneidad y totalmente controlado por los aparatos de los partidos nada me importa que en los próximos días los partidistas de turno quieran presumir de que su candidato haya ganado el único cara a cara de esta campaña electoral. Por desgracia, lo que alimenta la audiencia de estos debates son cuestiones tan superficiales como los movimientos de manos, las miradas perdidas, los gestos taciturnos o cuántas veces se toque la nariz uno de ellos. El ganador del debate, ahora, no es lo importante. Es hasta insignificante. Con más de 15 puntos de de ventaja del PP sobre el PSOE en las encuestas se antoja muy difícil que un debate pueda influir a la hora de cambiar el voto de un país que necesita ponerse en marcha. Nadie duda del alcance que tienen los medios de comunicación, pero ante este debate electoral me proporcionan más felicidad los anuncios de los cortes publicitarios, por inalcanzable que sea lo que vendan, que las promesas políticas. Será porque en estos momentos resulta más sincero Don Draper, el enigmático publicista de Mad Men, al defender que la idea que esconde cualquier campaña publicitaria es la felicidad.

lunes, 31 de octubre de 2011

Excesos




España es el país de la exageración. Aquí todo se sale de madre. Cuando algo se pone de moda se lleva hasta extremos inimaginables hasta el punto de que se atomiza y luego, una vez que explota, se critica y se pone a parir con saña. Y no sólo se critica sino que también aparecen los negacionistas de turno, esos que niegan la mayor tras abrazar el oportunismo del “yo no he sido, no sé nada, es la primera vez que vengo “. En mi casa, por ejemplo, reposaron durante años un par de botellas de ginebra a la espera de unas gargantas sedientas. En una noche en la que parecía que en Madrid se había decretado la Ley Seca las dos botellas de ginebra se vaciaron en un plis-plas mientras que me quedé a solas con la de Jameson. Hasta hace poco se estilaban más el whisky o el ron, pero ahora la ginebra no tiene competencia. Lo que sucedió esa noche es que la ginebra y la sed terminaron por encontrarse, confieso que con algo de amargor por mi parte, porque como anfitrión lamenté no tener ni las marcas de ginebra ni la de tónica que mis invitados requirieron con una asombrosa naturalidad. “Un gin-tonic es un gin-tonic, aquí y en Sebastopol”-, pensaba hacia mis adentros cuando sacaba el hielo y el limón para preparar esta popular bebida digestiva cuando, de repente, uno interrumpió mis pensamientos para pedirme pepino en lugar del limón. A partir de ahí todo era posible, lo que propició que la tertulia girara en torno a las decenas de miles de marcas de ginebra que hay en el mercado, dónde se preparan los mejores gin-tonics de la ciudad o del mundo mundial, cuántas partes de ginebra hay que poner por las de tónica y si la Reina Madre Isabel de Inglaterra tuvo una longeva vida antes de estirar la pata a los 102 años porque  todos los días se atizaba algún que otro gin-tonic bien cargado. En el país de  los excesos el gin-tonic está tan de moda como las calabazas del Halloween o los partidos de fútbol a todas horas. Pero la tontería que se respira por estos lares hace aguas cuando quiere presumir de vintage. No sé si la tontería hay que agitarla o removerla pero aquí si hay barra libre en algo es, precisamente, en agitar y remover sin rubor alguno. Las acaloradas tertulias políticas, que han encontrado en la televisión digital el filón de la audiencia, o los programas de corazón, en los que el entrevistador se acaba mutando en personaje, entre acusaciones y juicios sumarísimos de sus propios compañeros o del público, son un buen ejemplo para medir la temperatura de los excesos que nos rodean. Igual que esos consejeros de cajas o altos directivos que se aseguran una pensión vitalicia millonaria, aunque su gestión deje mucho que desear o roce casi lo delictivo. Aunque para exageraciones nada como que casi cinco millones de personas estén en España sin trabajo. Eso sí que es exagerado, real y dramático.

viernes, 21 de octubre de 2011

¿El fin de ETA?

La noticia que cualquier periodista siempre ha querido escribir es el fin de ETA. Y ese día ha llegado o, al menos, así lo parece. Sin embargo, una vez más la perversión del lenguaje que utiliza la banda de asesinos deja la puerta abierta a ciertas dudas. El jueves 20 de octubre de 2011 es histórico, sin duda, pero el comunicado en el que ETA anuncia el "cese definitivo de la lucha armada" se queda cojo.

Tras un sanguinario historial con 858 víctimas mortales e incontables familias rotas a sus espaldas a golpe de tiros en la nuca y bombas lapa, lo que muchos españoles hubieran deseado es la disolución de este grupo terrorista, que desapareciera de una vez y que todos los terroristas acabaran con sus huesos en prisión.



La memoria de las víctimas, de todos aquellos que han pagado con sus vidas la sinrazón y la barbarie de unos asesinos, no puede quedar en el olvido. Este comunicado no puede suponer una carta en blanco para que se haga borrón y cuenta nueva. Por eso ahora, el Gobierno actual y que salga ganador de los comicios del 20-N se enfrenta a la no menos difícil papeleta de gestionar un escenario más esperanzador que nunca, sin la amenaza de la pistolas, pero que también debe llevar ante la Justicia a los etarras y a todo aquel sospechoso de haber colaborado con la banda armada en sus crímenes. Prófugos como Josu Ternera no pueden salir indemnes. Ni él, ni tantos otros que tanto daño han causado a víctimas inocentes.

Sin una palabra de perdón hacia las víctimas de la barbarie durante varias décadas, el comunicado de ETA deja un sabor amargo. Han robado años de liberdad y la democracia ha pagado un alto precio. Pero en la vida, todas las cosas tienen un principio y un final. Que ETA anuncie que deja de matar es algo que debe llevar cuanto antes a su desarme, la entrega de las armas y su disolución. Es el principio del fin.

El orden de factores del fin de ETA debería haber sido otro. Primero rendición y entrega de las armas, y luego que la izquierda abertzale vinculada a la serpiente enroscada en un hacha entrara en las instituciones democráticas. Pero ha sido al revés. Detrás de estos últimos movimientos los etarras y sus amigos, esos que ahora gobiernan en el Ayuntamiento o en la Diputación de Guipúzcoa, han hecho todo lo posible por maquillar su derrota ante el estado de Derecho y el mundo. Que no pareciera lo que es, una derrota. Sólo así se puede entender la pantomima de la conferencia de paz de San Sebastián, con unos mediadores internacionales que se han prestado a legitimar a una banda de asesinos, con idéntico lenguaje al de la banda terrorista en su declaración final, contribuyendo a una infame propaganda.

Tras el comunicado del jueves se demuestra que todo estaba preparado, con la mano visible de los terroristas y sus acólitos. Pero sea como sea, el cese definitivo de la lucha armada es la mejor de las noticias para la democracia, aunque cabe preguntarse una cosa: ¿Es el fin de ETA? Ojalá.

viernes, 14 de octubre de 2011

El gregario Gallardón



Oculto bajo un casco con visera negra, Alberto Ruiz Gallardón se hizo famoso por inspeccionar la ciudad de Madrid de incógnito, desplazándose de un lugar a otro en moto. Era una práctica que ya hacía como presidente de la Comunidad de Madrid. Aparecía raudo y veloz, en horarios intempestivos por cualquier carretera o rotonda para verificar su estado y tirar de las orejas o, en su caso, felicitar a los responsables. Muchos dijeron haberle visto, pero poco lo pudieron corroborar. Puede que haya más de leyenda urbana que de realidad en esta práctica gallardoniana, que con el paso de los años acrecenta el mito del aún alcalde. Tan de incógnito como cuando inspeccionaba la ciudad oculto bajo el casco, ha llegado al puesto número 4 de la lista electoral del PP por Madrid. Atrás queda el ya famoso rifirrafe de enero de 2008, con ascensor incluido, cuando admitió que había sido derrotado. Cuentan las crónicas que Gallardón hasta se planteó dejar la política. Desde entonces no ha abierto la boca, ha hecho partido y se ha posicionado, silencioso y con su casco, al lado de Rajoy. Pero, mira por dónde, ahora está más cerca que nunca de alcanzar su sueño: ser ministro. Si se cumplen las previsiones que anticipan los diferentes sondeos el PP ganará las elecciones el 22-N y Rajoy será el encargado de confeccionar el nuevo gobierno. Y la videncia política sitúa a Gallardón, que de todas todas también sera diputado, en una de las carteras ministeriales, probablemente en una de las de más peso. Rajoy no dice ni mu, fiel a su carácter prudente, y el propio Gallardón tira del manual de lo políticamente correcto para soltar frases como “mi compromiso en política es trabajar por Madrid y por España”. Pero a Gallardón le resulta tan difícil contener su satisfacción como al propio Rajoy controlar la euforia de los suyos ante el hipotético cambio de gobierno tras el 20-N. Rajoy es tan famoso por sus silencios como con su paciencia infinita, pero también tiene muy claro a quién quiere a su lado. Así ha resuelto las crisis internas en Madrid y en Valencia, donde ha evitado tomar medidas bruscas y se ha aliado con el tiempo para solucionar las disputas con la espera como método. Será que Rajoy, al que le gusta tanto el ciclismo, emula a Indurain y como el ciclista navarro prefiere no mostrar gestos de preocupación a sus adversarios ante una escapada peligrosa. Indurain cazaba a los adversarios de pronto, imponiendo un ritmo imposible para las piernas de sus compañeros en la cabeza del pelotón, pero nunca saltaba a lo loco con un potente golpe de pedal. Claro, que Indurain se llevó la gloria cinco veces en el Tour de Francia y Rajoy, por ahora, no ha ganado nunca como candidato unas elecciones generales. Ahora, entre sus gregarios de confianza cuenta con Gallardón, que con casco negro y sin él, trabajará para el líder porque como dijo en su momento “el que sabe de ciclismo es Mariano Rajoy, los demás estamos en el pelotón”.

lunes, 3 de octubre de 2011

Candidato&vicepresidente





Sostienen algunos tertulianos que a Alfredo Pérez Rubalcaba no le importa colocarse en el peor de los escenarios posibles para estimular a sus votantes. Suena un poco a teoría conspirativa pero ya que parte con las encuestas cuesta arriba, todo lo que  sea perder por la mínima sería un buen resultado. Lo que queda de la Conferencia Política del PSOE son más sombras que luces. Sorprende que Rubalcaba se haya instalado en los tiempos mejores del pasado, casi nostálgicos, para mirar al futuro. Sorprende que el candidato socialista a la presidencia del Gobierno se desmarque de las políticas de José Luis Rodríguez Zapatero pero luego se haga la foto con él. Sorprende que recurra a Felipe González como estrella de la conferencia para insuflar ánimo a sus simpatizantes y militantes. Sorprende que defina estas elecciones como “una encrucijada con una trascendencia tan enorme como las de 1977”, en las que el desconocido Felipe González logró el peor resultado electoral del PSOE desde la llegada de la democracia. Y sorprende, que Rubalcaba proclame que “no me voy a dejar ganar”. Todo esto suena a arenga frente a la desesperación, ante unas encuestas en las que el PSOE no remonta. Tras unas primarias que no lo han sido, por mucho que se defiendan desde Ferraz, la solución del PSOE ha sido recurrir al banquillo. La socialdemocracia está en crisis en España, sin referentes. Rubalcaba no es como ese Tony Blair que en 1994 empezó a modernizar el Partido Laborista, que a través de la tercera vía abrió la formación hacia las clases medias. Blair tuvo que esperar tres años para acabar con casi veinte años de conservadurismo en Gran Bretaña. Casi igual que Zapatero, tras hacerse con las riendas del partido y apostar por el modelo Blair. Hoy  España está sumida en una profunda crisis, con el zapaterismo agotado, con un candidato que ha acompañado a ZP desde el primer día y que en sus listas electorales opta por los de siempre porque no hay banquillo. Chaves, Barreda, Guerra son algunos de sus fichajes, mientras que otros saltan del barco como Elena Salgado, Carmen Calvo, Miguel Sebastián o Ángel Gabilondo. La diferencia entre el éxito y el fracaso de Rubalcaba el 20N en las urnas estará en la manera de gestionar su propio currículum, desmarcarse de la herencia envenenada de Zapatero y esperar a que la apelación, casi a la desesperada, al voto útil dé resultado. Rubalcaba no es un joven socialista, casi desconocido, que contagie la misma ilusión que Blair, González o Zapatero en su momento. El partido está desgastado por la tarea de gobierno y los bandazos continuos de ZP a la hora de afrontar la crisis. Rubalcaba no es un valor emergente en el socialismo español, puede que una pieza básica, que ya quisiera tener el PP entre sus filas. Pero dudo que pueda ganar las elecciones cargando contra los ricos o metiendo mano al alcohol y el tabaco para financiar la sanidad. Hace falta algo más. Rubalcaba ya ha avisado que va a luchar hasta el final, aunque tendrá difícil convencer a los españoles de que no tiene nada que ver con el Gobierno de Zapatero. Por eso el mayor enemigo del candidato Rubalcaba es el vicepresidente Rubalcaba. Una difícil bipolaridad.