miércoles, 10 de octubre de 2007

Entrevista con el escultor mexicano Sebastián






"Me he dedicado a hacer hitos urbanos en todo el mundo"

Alcalá va a mirar más allá de donde llega su propia visión, como lo hizo el personaje más universal de Cervantes, a través de las sesenta piezas que componen la exposición escultórica de Sebastián (Chihuahua, México, 1947), un prestigioso artista conocido en todo el mundo. Desde hace unos días, los alcalaínos asisten, entre atónitos y curiosos, a la instalación de esculturas, algunas de más de 16 metros de altura, que forman parte de la exposición Sebastián, en la cuna de Cervantes, que se inaugurará el 17 de octubre y permanecerá tres meses en la ciudad complutense. La exposición viajará luego a Toledo y San Sebastián, donde compartirá espacio urbano con el conjunto escultórico El peine de los vientos, de su admirado Chillida, un artista que Sebastián añora y que define como “escultor monumental”.
–¿Cómo surgió la idea de hacer una exposición de estas características en Alcalá?
–Formo parte de la colección de la Fundación Llopis y el señor José Félix Llopis siempre había querido traer una exposición de México de mi quehacer urbano. Yo ya había exhibido París, en Israel, en Egipto y en Venecia. Y si lo hicimos allá, ¿por qué no en Alcalá? Lo hicimos y lo tramitamos. La exposición está auspiciada por la Universidad de Alcalá, el Ayuntamiento, la Universidad de México, la Fundación Sebastián y la Fundación Llopis. Fundamentalmente ha sido una apuesta de la Fundación Llopis.
-¿Qué significa para un artista de su categoría estar en la cuna de Cervantes?
–Es como un sueño. Un sueño maravilloso, un honor, un gran acontecimiento en mi vida para mi obra. Por esa razón hice un Quijote especialmente (levantado frente a la capilla del Oidor), que constituye un homenaje escultórico a Cervantes. Además, la figura de Don Quijote es el gran personaje extraordinario de este gran autor y estar en la cuna de Cervantes... con más razón estoy emocionado.
- ¿Cómo es ese Quijote?
–Traté de darle todo lo que simboliza el Quijote a nivel universal. El hombre visionario, inteligente, soñador, loco, soldado... Todo eso implica mi estructura, si bien es cierto que es una visión meramente geométrica porque todas las formas que conforman la estampa del Quijote sebastino son pura geometría. Tiene un sombrero que es una especulación geométrica del cono de Apolonio, este griego extraordinario de la geometría. Es el sombrero de la inteligencia el que lleva el Quijote de La Mancha.
-¿Y las demás formas del Quijote?
-Todas las demás formas, por ejemplo la armadura que lleva, están desgajadas del corazón del cubo y transformadas en una armadura, y a la vez en un saco como de frac, cuando se ve por detrás, que le da la dignidad de un caballero. El brazo, que da una vuelta circular, evoca la fuerza de la mano en la lanza del Quijote.
- Son puras abstracciones...
–Sí, son puras abstracciones geométricas sebastinas pero al final lo que conforman es un caballero con mucha dignidad que con la vista que tiene, ve el horizonte más allá del futuro. Todo eso es lo que traté de decir con esa figura como un homenaje a mi manera al gran Cervantes.




- ¿Se le puede definir como un artista macrourbano?
–Me he dedicado a hacer hitos urbanos en todo el mundo. Por ejemplo, en Japón tengo dieciséis esculturas urbanas en ciudades importantes que ya se han convertido en hitos, en símbolos. Realmente me he dedicado a eso. En México tengo puertas enormes que simbolizan la imagen de la entrada de la ciudad y evoco un poco la historia, desde los dólmenes, los menhires, los obeliscos. ¿Y por qué no pensar también en la puerta de Alcalá y la puerta de Madrid?
- ¿Le gustaría que la Alcalá cervantina quede vinculada para siempre con su obra?
–Con esta exposición va a estar mi obra profundamente vinculada y con un sello muy especial. Con un Quijote, cuya solución escultórica me ha hecho muy feliz porque es una cuestión figurativa. Yo no soy figurativo, nada más evoco la figuración porque soy tremendamente abstracto. Me emocionó tanto la idea que ahí está plasmado el Quijote de Cervantes como yo lo veo.
- ¿Las ciudades son más vivas en una exposición de estas características que un museo?
–Absolutamente. Es más democrática la cuestión estética porque es verdaderamente del pueblo, verdaderamente popular, porque las piezas se exhiben y las ven todo el mundo. Y las toman o las dejan, o las rechazan, pero participan de ellas y se vuelve una comunicación profunda, más directa.
-¿Sebastián va a ser más alcalaíno a partir de ahora?
–Por supuesto. Llevo a Alcalá en mi corazón desde mi infancia y mi adolescencia; y desde mi enfrentamiento al Siglo de Oro español, a Cervantes, a la lectura de El Quijote... Está en mi corazón por el recuerdo histórico de lo que significa. Lo mismo que la Universidad de Alcalá, por lo que significa para los mexicanos.
-¿Cual fue su primera impresión la primera vez que vino a Alcalá?
–Recuerdo en mis clases de secundaria y preparatoria que cuando abordábamos el Siglo de Oro era como un mito. Al conocer Alcalá ese sueño se hizo realidad. Uno siempre que admira personajes trata de entender cómo vivieron, cómo crearon, cómo sintieron y en qué entorno se desarrollaron. Alcalá fue extraordinaria para poder revivir ese recuerdo.
- ¿Le gustaría que alguna de sus esculturas se quedaran de manera perenne en la ciudad?
–Ese es el deseo de cualquier escultor urbano. Pero es más complejo y responde a otras circunstancias.

Biocarburantes y subida del precio del pan

El agotamiento de las reservas de petróleo ha obligado a que los respectivos gobiernos apuesten por nuevas formas de energía y pese a que no terminan de ser una verdadera alternativa desde Bruselas se apuesta por ellas. La Comisión Europea mantiene su confianza en los combustibles ecológicos y ha fijado a los países miembros la obligación de que a partir de 2010 al menos un 5,75% de los carburantes utilizados en España sean de origen vegetal, lo que supondrá una demanda de biodiésel y bioetanol de 1.700 millones de litros al año. Bruselas confía en que en 2020 el 10% de la energía consumida en el transporte proceda de biocarburantes. Los agricultores son los que han visto una nueva fuente de ingresos porque Bruselas prima con 45 euros por hectárea el cultivo destinado a biocarburantes. Además de esta ayuda los agricultores sumarán más dinero por vender su producto a la industria transformadora.

¿Qué son los biocarburantes? Combustibles líquidos obtenidos a partir de materias primas vegetal. En España se producen principalmente dos tipos: el biodiésel, que se obtiene a partir de semillas oleaginosas y aceites usados; y el bioetanol, que se obtiene a partir de semillas ricas en azúcares mediante fermentación

Producción. La administración y el sector rechazan que los biocarburantes sean la causa de la escalada de precios de productos básicos agroalimentarios. Así, explican que sólo un 1,7% de la cosecha de cereales y oleaginosas en 2006 se destinó a la obtención de biocarburantes

Demanda en Asia y China. La Asociación de Productores de Energías Renovables rechaza cualquier culpabilidad en la subida del alza de los precios de los cereales y culpa a las malas cosechas en los grandes países productores o el fuerte crecimiento de la demanda en China e India.

La cesta de la compra hace migas

Los días en que se pagaban 50 pesetas, o menos, por una pistola ya pasaron a la historia y si el alza de los precios en productos básicos como el pan sigue así dentro de poco no habrá que esperar a que devuelvan el cambio si se paga con un euro. A lo largo del último mes la mayoría de las panaderías de Alcalá ya han tomado la impopular decisión de subir el precio de la barra debido al fuerte incremento del precio de la harina, y las que se resisten no tardarán mucho en hacerlo. Primero fueron las hipotecas y ahora es la subida de precios de alimentos básicos como la tradicional barra de pan o pistola, cuyo incremento entre 5 y 10 céntimos es uno de los nuevos frentes abiertos en las economías domésticas. Los expertos ya advierten que detrás del encarecimiento del precio del trigo se esconden otras subidas en productos tan básicos como la leche, los huevos o el pollo, algo que ya empieza a notarse en las tiendas y supermercados de Alcalá.“La harina ha aumentado de precio de mayo a septiembre alrededor de un 50% y llega un momento en que tenemos que subir el precio del pan y repercutirlo en el consumidor porque nuestras economías no aguantan", explica Roberto González, presidente de la asociación de panaderos y pasteleros de Alcalá.No obstante, no todas las tahonas y tiendas que venden pan en la ciudad complutense han hecho efectiva ya esa subida y todavía hay algunos establecimientos donde es posible adquirir un pistola por 0,40 euros. La razón para que la subida no se lleve a cabo de manera conjunta es que los precios del pan están liberalizados desde 1988 y no existe por tanto una norma para fijar un precio común. En este sentido, las Panificadoras que fabrican pan en Alcalá, que son cuatro, aunque también se recibe pan de otras productoras de los alrededores de la ciudad, mandaron hace unos días una circular a las panaderías indicándoles que deberían subir los precios tanto en las barras como en las demás especialidades. En el caso de las barras fijaban la subida recomendada en cinco céntimos y en las especialidades como el colón o la chapata de hasta un 20%. Y es que el aumento de precio es inevitable porque “las materias primeras nos han subido entre un 20% y un 40% de dos meses para acá, y lo malo es que van a seguir subiendo”, asegura González. Pero no sólo es la harina lo que se encarece y una de las subidas más significativas de los últimos meses es la de la leche, que en septiembre llegó a aumentar de precio en un 5,4%. “En dos meses nos ha subido 21 céntimos”, explica el presidene de la Asociación de Panaderos y Pasteleros. Los consumidores de pan, cuyo consumo está recomendado por la Organización Mundial de la Salud, llevaban desde 2004, cuando se produjo el anterior aumento de precios, pagando 0,40 euros por la tradicional barra. Desde hace días el precio ha crecido entre 5 y 10 céntimos. Pero el encarecimiento es mayor si se trata de especialidades como el colón la chapata o la baguette, que se recomienda por parte de las panificadoras que suban un 20%.tarifas libres. Los precios del pan están liberalizados desde 1988 y cada establecimiento fija sus tarifas. Los precios más bajos se corresponden con las panificadoras, que distribuyen el pan elaborado al por mayor para muchos establecimientos. El pan de elaboración artesana, muchas veces preparado en la trastienda de la panadería, cuesta incluso más de 80 céntimos.Pero lo cierto es que antes o después el precio del pan subirá porque las pequeñas panaderías alcalaínas no pueden soportar más el encarecimiento de las materias primas y según las previsiones de los expertos la tendencia al alza se mantendrá en los próximos meses.A pesar de esta situación el presidente de la Asociación de Panaderos y Pasteleros de Alcalá defiende la calidad del producto que ofrecen y confía en que el consumidor entienda que no tienen más remedio que subir los precios. “Lo importante es recalcar al consumidor final que para ofrecer calidad hay que tirar de los precios hacia arriba", explica Roberto González.Sin embargo, el precio de una barra de pan puede ser mucho más barato en un establecimiento chino, donde venden la pistola por 30 céntimos de euro. Los profesionales consideran que es una competencia desleal y apuntan que, además del precio, no ofrece garantías sanitarias adecuadas. Además, a esta competencia se une el pan precocinado, que “es un complemento más”. En este sentido, el presidente de la Asociación de Panaderos de Alcalá hace autocrítica y reconoce que este producto se ha sabido situar en el mercado. causas diversas. El tirón de los precios, además de estar ocasionado por ciertas especulaciones que el Gobierno está dispuesto a vigilar, tiene su origen, por un lado, en la cantidad de cereal que se está destinando a las empresas que se dedican a la producción de biodiésel; y por el otro, a la escasez de producto a nivel mundial y también al aumento del consumo en países como India o China.Pese a que la Comisión Nacional de Competencia, organismo dependiente del Ministerio de Economía está investigando si las empresas de alimentación han advertido públicamente de que iban a subir los precios, lo cierto es que los panaderos coinciden en que si las materias primas se encarecen no tienen más remedio que subir el precio. Cuestión de supervivencia y de rentabilidad.No obstante, la ministra de Agricultura, Elena Espinosa, aseguró recientemente que “la subida anunciada no se corresponde con los incrementos provocados por la subida del trigo". Los productores de harina ya habían avisado desde antes del verano de la inminente subida de todos los derivados del trigo. Pese a que la psicosis de las subidas en el sector agroalimentario acompañó este verano a los consumidores, lo que es evidente es la imparable tendencia alcista de las materias primas en los últimos meses, que en caso de los cereales ha llegado a límites desconocidos en precios de lonja. Por ejemplo, en agosto, el trigo blando panificable cotizó en origen cerca de 22 céntimos el kilo, un 50% más que en el mismo mes del año pasado, con lo que la consiguiente repercusión en el pan, la repostería o las pastas estaba cantada.

La contaminación del aire supera los límites recomendados en Alcalá

El aire en la Comunidad de Madrid no es tan limpio como parece, tal vez porque no se ve. Pero lo cierto es que los alcalaínos y los vecinos del Corredor viven bajo una capa de aire sucio, invisible pero muy perjudicial para la salud, motivado por el tráfico y las emisiones contaminantes de las industrias. Así lo pone de manifiesto el informe del Observatorio para la Sostenibilidad de España de la Universidad de Alcalá, que fue presentado ayer y que revela que la ciudad complutense superó entre 2001 y 2005 los límites admisibles para la salud en distintos parámetros contaminantes.Poner orden en el mapa de la contaminación en España no es fácil, tal vez porque obliga a enfrentarse a “otra verdad incómoda”, como ayer lo definió Luis Jiménez Herrero, director del Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) de la Universidad de Alcalá de Henares. Esa misma “verdad incómoda” es la que el informe Calidad del aire en las ciudades: clave de sostenibilidad urbana, elaborado por el OSE, desveló ayer. El informe puso de manifiesto la mala calidad del ambiente en España y coloca a Alcalá como uno de los protagonistas de los indicadores negativos del estudio, que recoge los datos de municipios de más de 100.000 habitantes entre 2001 y 2005. Los resultados sitúan Alcalá en los primeros lugares del ranking en lo que se refiere a ciudades de España más contaminadas por partículas perjudiciales para la salud, índices de ozono troposférico y dióxido de nitrógeno,Según el estudio, del OSE la calidad del aire dista mucho de ser satisfactoria, sobre todo en la Comunidad de Madrid, la región con mayor número de municipios que superan los niveles de polución. El director del OSE, Luis Jiménez Herrero, manifestó que la superación de los valores límite para los niveles de concentración de los principales contaminantes analizados es “notable" para las ciudades españolas más habitadas. Así, el valor límite medio anual para la protección de la salud que entrará en vigor en el año 2010 es de 40 microgramos por metro cúbico de dióxido de nitrógeno, pero éste se supera.Jiménez indicó que en España existen importantes capas de población en las ciudades sometidas a elevados niveles de contaminación atmosférica, siendo las dos causas principales el aumento del transporte privado y la existencia de industrias en la cercanía de las ciudades.
• dióxido de nitrógeno. En el caso del dióxido de nitrógeno, Alcalá refleja valores bajos entre 2001 y 2005, sobrepasando sólo las 18 horas por año de superaciones en 2004 y 2005. Un año después, en 2006, y según informó en julio Miguel Ángel Pérez Huysmans, director general de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Alcalá, no se superó el valor medio anual, según los datos publicados por la Consejería de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid.
• ozono. Un aspecto especialmente preocupante en Alcalá es el ozono, un contaminante secundario que se manifiesta más fuera de la zona de emisión de sus precursores, muy asociado al tráfico y las combustiones. El número de superaciones de los niveles de concentración octohorarios del día supera el valor objetivo legal de 25 días por año vigente para 2010, en los años 2001, 2002, 2003 y 2005, aunque se aprecia en 2004 que este valor disminuye y se encuentra por debajo del valor objetivo, cumpliendo con la legislación vigente. En 2006, la Red de Vigilancia de la Contaminación Atmosférica detectó una única superación de los valores límite de concentración de ozono, que tuvo lugar el 11 de agosto. A las cinco de la tarde se registraron 181 microgramos por metro cúbico, cuando el umbral que obliga a informar a la población se sitúa en 180. A partir de 240 microgramos hay que alertar a la población para que no haga deporte.
• impurezas. Las partículas en suspensión son un problema endémico de las ciudades debido a las obras, los continuos movimientos de tierrao el tráfico. Pero el inconveniente es que estas particu están en suspensión en el aire y se alojan en los pulmones y las vías respiratorias de los ciudadanos. Por tanto, no es raro que el 75,7% de los municipios españoles incumplan el límite diario vigente desde 2005. En Alcalá, durante 2002-2005 se superó con creces el límite establecido. De 2003 a 2005, los valores de los niveles de concentración medios anuales superaron los límites de 40 microgramos por metro cúbico.

jueves, 16 de agosto de 2007

‘Don Quijote’ no volará en La Mancha

Hay pocas cosas en La Mancha que no cuenten con la denominación de Don Quijote, el caballero de la triste figura que salió de la imaginación del ilustre alcalaíno Miguel de Cervantes. Hasta hace poco, Don Quijote iba a dar nombre al primer aeropuerto internacional privado que se construye en las tierras manchegas por donde discurren las aventuras del personaje, en concreto en Ciudad Real. El pasado mes de mayo la sociedad promotora CR Aeropuertos anunció un cambio de denominación de la instalación aeroportuaria al mismo tiempo que presentaba la nueva imagen corporativa. De este modo, Don Quijote perdía el avión y era sustituido por un nombre más comercial y con menos referencias literarias: Aeropuerto Madrid Sur Ciudad Real. El objetivo de la sociedad promotora es dirigir la nueva marca comercial a un público más internacional, incluir la palabra Madrid para identificar la capital de España con el aeropuerto y aprovechar “la saturación de Barajas, como indicaron los responsables del aeropuerto ciudadrealeño.No obstante, la denominación ha suscitado polémica tanto en Ciudad Real, como en Madrid, aunque por razones distintas. Ayer mismo, la Comunidad de Madrid anunció que adoptará “todas las medidas necesarias" para evitar que el nuevo aeropuerto de Ciudad Real se denomine Madrid Sur Ciudad Real basándose en que ello “incitaría a confusión y, además, limitaría la capacidad de decisión del Gobierno madrileño a la hora de decidir los nombres de las nuevas infraestructuras aeroportuarias comprometidas".El aeropuerto manchego, situado a poco más de doscientos kilómetros de Madrid, está previsto que opere en el primer trimestre de 2008. Contará además de la zona aeroportuaria con centro logístico que se sustentará en la intermodalidad, gracias a la estación del AVE, 16 vías de ferrocarril para mercancías o acceso inmediato a autovías.

viernes, 10 de agosto de 2007

Babel frutero

Plátanos de Costa Marfil, mandarinas de Sudáfrica, patatas de Israel... Desde luego ir al Súper en los últimos tiempos es lo más más parecido a un Babel hortofrutícola, muy lejano de la recomendación que nos daban hace años nuestros mayores de comer fruta de temporada. Ahora no se sabe porqué, pero es tan normal comer mandarinas en pleno agosto en Madrid, como que los argentinos consuman melón de piel de sapo de Membrilla (Ciudad Real). Con decir que todo es por la tan traída y llevada globalización, o por Rodríguez Zapatero o la Pantoja, todo estaría resuelto, pero no es así. No sé si era mejor pasarse todo el invierno deseando que llegara el verano para comer melón o sandía, aunque lo cierto es que no me veo tomando estos deliciosos productos en enero, aunque cuenten con el toque mágico de Adriá con cebolla caramelizada y esencias de algas con tiras de tiramisú. Puede que algunos les guste.... pero yo me quedo con el melón de toda la vida, el que como mucho comía hasta finales de septiembre y que el frutero me recomendaba. Nunca se equivocaba. Tal vez desde las ciudades se haya perdido la perspectiva rural y de la importancia que tiene el sostenimiento de una forma de vida que permite que en las grandes ciudades la gastronomía brille y que el fast food encarnado por las hamburguesas tenga el color de la huerta. En otras palabras, sin buena materia prima, poco o nada pueden hacer los mejores cocineros del mundo o el cocinillas de la tasca de mi barrio, que lleva años haciendo unas croquetas de matrícula de honor y unos potajes que quitan el hipo. Pero el medio rural está herido porque cada vez es menos rentable. Un agricultor, según el observatorio de precios del Ministerio de Agricultura, recibe 0,50 euros por un kilo de tomates y el consumidor paga por el mismo kilo en supermercados, fruterías e hipermercados como mínimo 2,05 euros. Casi nada. Y así podemos seguir con las cebollas, pepinos, pimientos etc. Con este panorama, vivir del campo es día a día más complicado y cada vez más jóvenes abandonan el medio rural para buscar curre de ocho a tres en la gran ciudad. Claro, que trabajar de sol a sol, a expensas de los efectos de tormentas, heladas, plagas y topillos que arruinen la cosecha es tan duro que pocos son los que quieren seguir la tradición familiar. Mientras tanto, el número de explotaciones agrarias se va reduciendo y ya ni siquiera se hace como antaño, cuando se volvía del pueblo cargado de tomates que saben a tomates o huevos de verdad. Todo tiene un precio, pero al final quien lo paga es el consumidor, que ya prefiere conducir un todo terreno con GPS de última generación antes que ir al pueblo y venir cargado de patatas, que al fin y al cabo, son de la misma cadena que tiene a la vuelta de la esquina de su casa.

sábado, 4 de agosto de 2007

La falsa leyenda de Karl Müller, 'O alemán'


La aventura de un ribadense que nunca existió... o quién sabe


Era el mes de julio de 1942, el Océano Atlántico se había convertido en un mar de locos, y nunca mejor dicho. Chatarra, cascos de barcos, torpedos y muerte se sumergían para siempre en las profundidades, llevándose consigo la incongruencia y la sinrazón del ser humano para enterrarlos en los abismos del mar. Karl Müller, el sonarista, se encontraba a bordo del U-Boote alemán, uno de los terribles submarinos que castigaron una y otra vez, sin misericordia a los barcos de la flota aliada, en especial a los convoyes británicos que intentaban hacer llegar abastecimientos a la cada vez más aislada Inglaterra y al resto de los países aliados desde Estados Unidos. La ofensiva alemana, dirigida por el Almirantazgo a lo largo de ese año había sido total y despiadada, más de 3.760.000 toneladas de barcos aliados habían sido hundidas por el acoso implacable de los terribles submarinos alemanes que tenían todo a su favor frente a los lentos buques de carga y las corbetas que poco podían hacer frente a la precisión de los submarinistas alemanes, más que tratar de mantener la unión de los convoyes.
La última misión del U-Boote, en el que prestaba servicio su servicio Karl fue un éxito total. A lo largo de una semana habían acosado sin descanso, durante una semana, a un convoy compuesto por veinticuatro buques, la mayoría mercantes tipo Liberty, armados con pequeños cañones, que cubrían la ruta del Atlántico Norte desde Halifax, capital de Nueva Escocia (Canadá) hasta el británico puerto de Londonderry, en Irlanda del Norte. El submarino alemán y su flotilla se limitaban durante el día a seguir el rumbo de sus presas, pero era de noche cuando los torpedos que cargaban hacían su trabajo, algo que era relativamente fácil. Ese tipo de convoyes que cubrían la ruta del Atlántico sólo contaba por lo general con un par de corbetas de escolta y rara vez conseguían el apoyo de barcos de guerra de mayor tonelaje y con mayor capacidad de defensa como los destructores. Pero la lucha no era sólo contra los submarinos, también lo era contra la furia de la mar, que en pleno Océano Atlántico se bastaba por si solo para acabar con cualquier barco en un furioso temporal.
En esta ocasión, los submarinos alemanes habían atacado durante seis noches consecutivas y sin descanso al convoy, echando a pique a catorce buques de carga y un petrolero. Este último se hundió en la posición 47º 30’ N/ 20º 12’E, donde había tenido lugar la última batalla, tal y como quedó reflejado en el cuaderno de bitácora. Allí, uno de los torpedos lanzados desde el submarino en el que Karl desempeñaba la función de sonarista impactó de lleno en el casco de un petrolero británico, que en cuestión de segundos se partió en dos y estalló, convirtiendo las aguas del Atlántico Norte en un fantasmagórico escenario de llamas, petróleo derramado y cuerpos humanos mutilados o ardiendo. Los maquinistas y en definitiva, la tripulación, sabían que en caso de ser atacados por un submarino, estar en las entrañas del barco, bien en las máquinas o en los camarotes, era como permanecer en una tumba de la que no había escapatoria. No obstante, esa muerte era más instantánea y menos dolorosa que hacerlo abrasado en el mar, con todo el cuerpo manchado de combustible y esperando que el fuego consuma la vida.
A lo largo de la existencia, y más durante esta cruel guerra, el sacrificio de unos sirvió para que una mayoría pudiese sobrevivir. Así, el hundimiento de aquel petrolero, con las imponentes llamaradas de fuego y las continuas explosiones sirvió para que aprovechando la noche cerrada, el resto del convoy lograra desviar en una hábil maniobra a los alemanes y llegar a su destino final de Londonderry, donde los aliados tenían una de sus bases. Este convoy no había sido muy distinto al último, era uno más. La maniobra para escapar de los alemanes no era ningún capítulo heroico en la vida de aquellos marinos, ni nada que se le pareciese. Sólo era la guerra y el instinto para sobrevivir. El submarino alemán en el que Karl prestaba servicio había zarpado de la base alemana de Brest, en la ocupada Bretaña francesa tan sólo tres semanas antes, y la tripulación sabía que después de ese tiempo y el éxito de sus misiones el retorno a la base era inminente. Pero una inesperada avería mecánica trastocó los planes del capitán del submarino. El agarrotamiento del timón de profundidad provocó que el U-Boote tuviera que retrasar sus planes de regreso a Brest. Era una avería importante porque les impedía sumergirse y en aquellos días si los aviones aliados detectaban su posición corrían serio peligro de ser atacados. Se habían convertido en un blanco demasiado fácil. Ante la imposibilidad de esperar que llegara uno de los barcos de aprovisionamiento, mercantes alemanes denominados Corsarios, el capitán del submarino, tras conocer los detalles de la avería ordenó que fondeara en un lugar de la costa. Así lo hicieron, no sin grandes dificultades para gobernar el barco. Parecía que por unas horas la tensión y el dolor de la guerra habían quedado paralizadas en las retinas de los hombres que convivían dentro del casco del submarino, entre estrecheces e incomodidades, ignorando cuál sería su futuro. El submarino, después de largas horas casi a la deriva y haciendo frente a un moderado temporal, alcanzó la costa española. El capitán sabía que allí no iban a encontrar problemas y que si fondeaban al abrigo de una de las escondidas calas del abrupto litoral Cantábrico podrían reparar la avería y continuar rumbo a Brest.
El U-Boote, tuvo más dificultades de las previstas y durante la bajamar fondeo en la Ensenada de Villaselán, junto a la isla Pancha. Disponían de poco tiempo para subsanar la avería en el timón porque cuanto más tiempo estuvieran allí, a la vista de cualquiera, más posibilidades había de ser atacados por las fuerzas aliadas.
El sonarista, Karl Müller, que era natural de la ciudad hanseática de Bremen, con uno de los puertos más importantes del Mar del Norte, tenía tan sólo 21 años y desde muy joven había heredado la pasión por la mar. Su padre, había pasado la mayor parte de su vida en la mar, encerrado en las salas de máquinas de diversos buques de carga surcando los mares del ancho mundo. Las historias de tempestades, el paso del Estrecho de Magallanes o del terrible Cabo de Hornos, la calma del Pacífico y los amores en cada puerto habían proporcionado al pequeño Karl el espíritu de los auténticos lobos de mar.
Pero la vida casi nunca es como una se la imagina y aunque no por eso había dejado de soñar, sí había perdido la mayor parte de los ideales de juventud, ni siquiera su ciudad, ni su país podían ofrecerle nada en esos momentos. La guerra y los estúpidos ideales nacionalsocialistas habían cortado de cuajo sus proyectos. Se encontraba encerrado, casi enclaustrado en unos escasos metros cuadrados, en un clima asfixiante, sentado largas horas junto a un aparato que había llegado a odiar, el sonar, identificando los fondos marinos y los barcos a través del ruido de las hélices. A muchos pies de profundidad era uno más de los que colaboraban durante la guerra en la hermosa tarea de hundir todos los barcos enemigos que se ponían al alcance del periscopio.
Karl no era muy expresivo ni hablador pero cada vez que escuchaba a sus compañeros de tripulación felicitarse por un nuevo hundimiento entre vítores y gritos de “¡Heil Hitler!”, fruncía el ceño, concentraba la mirada en los botones del sonar mientras en el interior se le retorcían las tripas. Durante la última batalla en el Atlántico había escuchado a través del sonar las explosiones y los desgarradores gritos de los náufragos, marinos como él, que dejaban sus vidas en el mar. Karl dominaba el sonar a la perfección, era difícil que se le escapara algo y con el tiempo que llevaba en submarinos distinguía con extraordinaria precisión un pesquero, un buque-tanque, un acorazado u otro submarino. Durante los casi dos años que llevaba al servicio de la Marina del III Reich pasó del orgullo al odio. Aquella noche, en la que hundieron al petrolero, sintió asco de lo que era y de lo que la guerra había hecho con él, convirtiéndole en un hombre indiferente el dolor y al servicio de la maquinaria de guerra. Un engranaje más. Escuchó en el sonar los gritos desesperados de hombres que en cuestión de segundos iban a convertirse en masas humanas inertes, sin vida. Detrás de todos y cada uno de ellos había una historia personal, una familia, tal vez, hasta unos hijos. Pero de pronto, el silencio de la noche se rompía con el estruendo de una explosión y todo se acababa.
Al ver la costa, Karl sintió un escalofrío que le recorrió el cuerpo de los pies a la cabeza, vio la oportunidad de recobrar la libertad y huir de la locura de la guerra. No se lo pensó mucho, y mientras el submarino estaba fondeado, se encaminó a la escotilla de popa, caminó con sigilo por la cubierta del sumergible, se lanzó al mar y alcanzó la costa. El oficial de guardia de la torreta no le vio y cuando advirtieron su desaparición, Karl estaba en tierra firme buscando un escondite seguro, donde no le pudieron encontrar. De todos modos, el capitán prefirió que nadie desembarcase para ir en su busca. Bastante tenía con arreglar la avería y zarpar cuanto antes.
Durante horas anduvo errante por los prados y caminos, temeroso de ser encontrado por sus compatriotas, hasta que llegó hambriento y cansado a la parroquia de Villaselán. Allí, en la iglesia, encontró cobijo y refugio para huir de un mundo que se había desmoronado a sus pies. El cura le sorprendió tendido junto a unos matojos que crecían junto al muro de piedra. Al principio se asustó al ver a un desconocido uniformado. Aunque no tardó en averiguar que se trataba de un alemán, no tardó en comprender que aquel hombre que no hablaba su idioma estaba hambriento y que tenía miedo. Le llevó al edificio rectoral y le proporcionó comida. Karl había decidido romper con un pasado lleno de odio, destrucción y ambición personal del Führer. Ya no había marcha atrás. El párroco de Villaselán, fiel guardián del secreto, le dio cobijo durante unos días evitando que nadie supiera de él durante un tiempo. Tras la partida del submarino Karl volvió a ver la luz del sol aunque de otra manera.
Los vecinos le acogieron y le proporcionaron toda la ayuda que su humilde situación les permitía. Karl, dispuesto a comenzar una nueva vida aprendió con rapidez. Arregló una vieja casa de campo abandonada, descubrió los secretos de la agricultura y con el paso de los años sustituyó sus sueños juveniles, de odiseas marinas en todos los mares del mundo por la pesca en la Ría de la preciada robaliza y los calamares, en un pequeño bote en cuyo folio se podía leer un nombre: U-Boote.
Karl Müller, conocido como Carlos ‘O Alemán’, es a los setenta y un años un ribadense más. Habla gallego y castellano, conoce los secretos culinarios del pulpo a feira y del lacón con grelos, entre otras delicias de la buena mesa; lee y hasta se sabe de memoria algunas de las leyendas escritas por Álvaro Cunqueiro; ha recorrido una a una las posesiones del decapitado Mariscal Pardo de Cela; está convencido de que en el Palacio de Ibáñez, actual pazo consistorial, existe oculto un fabuloso tesoro; y tiene la fe suficiente para creer que si San Gonzalo hubiera existido a mediados del siglo XX hubiera hundido uno a uno los barcos de guerra alemanes como hizo con los invasores bárbaros, aunque esta vez sin necesidad de arrodillarse. Y si este Santo no hubiera podido contra la crueldad nazi no había dudado en unir sus esfuerzos a la Maruxaina de San Ciprián, para seducir con su maléfico encanto a los marineros del Tercer Reich.
Ha visto construir el Puente de los Santos; año tras año asiste a primeros de agosto al hoy llamado Municipal Pepe Barrera para presenciar la fiesta del fútbol ribadense, el Emma Cuervo; sube a Santa Cruz el día de la Xira para compartir empanada y ribeiro con sus vecinos y amigos en perfecta armonía con el sonido de la gaita; vio el humo de la máquina del tren minero de Villaodrid que llegaba hasta El Cargadero; se ha bañado en Cabanela y se ha perdido por las calles del barrio de Porcillán hasta llegar a la Atalaya; ve como los nuevos tiempos llegan a la comarca; y hasta se enamoró, se casó - por supuesto en Villaselán - y tuvo tres hijos.
Y todavía hoy se sigue emocionando cuando desde la habitación de su casa en Villaselán ve brillar bajo el sol o abriéndose paso entre las brumas matinales, el tejado de la Torre de los Moreno, símbolo de Ribadeo y de todo el municipio, que se yergue orgullosa ante la imponente Ría. Es el símbolo de un recuerdo que jamás olvidará y de la gratitud que siempre tendrá hacia los ribadenses de aquí y de allá.