sábado, 14 de septiembre de 2013

"Artur, hay una cosa que te quiero decir"

Foto: www.lamoncloa.gob.es


Seguro que ustedes me comprenderán. No tengo otra cosa que hacer en todo el día, ni problemas que resolver… por eso vivo en ascuas a la espera de la carta que Mariano Rajoy le remitirá en las próximas horas a Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya. Es la respuesta a la misiva que el líder catalán envió en julio para pedirle la celebración de una consulta al pueblo catalán. Supongo que Rajoy le dará calabazas a Mas y le dirá en su carta de respuesta que dentro de la Constitución española no se contempla el derecho de autodeterminación ni las consultas soberanistas. Eso sí, diálogo todo el que quiera. ¿Pero eso es suficiente a estas alturas para llegar a un principio de acuerdo que garantice la convivencia entre España y Cataluña sin fracturas?



Unos días después de la cadena humana de la Diada más independentista, Rajoy opta por el género epistolar para responder a Mas. Quien sabe si encabezará la misiva con “Mira Artur, hay una cosa que te quiero decir”. Rajoy no lo hará en rueda de prensa, ni en un canutazo con periodistas, ni en un acto de partido con palmeros, ni en Twitter, ni en un plató lacrimógeno de televisión donde alguien les junte por sorpresa para limar asperezas… Lo hará por carta, como las de toda la vida y como la que Mas le remitió. Pero mucho me temo que esa respuesta de cajón para los independentistas catalanes –incluido el Govern de Mas– no es suficiente tras su demostración de fuerza de la Diada del 11 de septiembre con una cadena humana de más de 400 kilómetros.



La realidad es que el problema catalán está ahí, la solución es complicada y a estas alturas tampoco valen las vendas en los ojos. Y ese problema es que en Cataluña hay muchos catalanes que no se sienten españoles y solo quieren ser catalanes. Cierto. Pero tampoco se puede ignorar que también hay muchos catalanes que quieren seguir siendo catalanes y españoles. Incluso habrá alguno que sólo se sienta español… Si se preguntara al resto de España, intuyo que la inmensa mayoría no entendería una España sin Cataluña (incluso habría alguno que sí).



Sin embargo, Artur Mas mantiene su hoja de ruta, referéndum incluido para el año que viene. Le salen las cuentas en esta huida hacia adelante como si el independentismo fuera el bálsamo de fierabrás que todo lo cura. Antes de conocer la respuesta de Rajoy, el líder catalán anuncia que buscará “una respuesta unitaria” en el Parlament, lo que revela que Mas sigue entregado a los intereses independentistas de ERC en una carrera que parece que ha llegado ya a un punto de no retorno. Así que me pregunto: ¿Alguien se ha parado a pensar en Cataluña que la misma división de sentimientos que invade a la sociedad catalana cala en los partidos catalanes, incluidos CiU o el propio PSC? En otras palabras, en Cataluña existe una fragmentación política y social al mismo tiempo que hay un proceso soberanista sin parangón. El separatismo es más fuerte, más visible. ¿Pero es suficiente para que los que apuestan por esa vía salgan algún día a la calle con la estelada para festejar su independencia?



Mientras tanto, para no alimentar las tensiones nacionalistas en plena efervescencia festiva de estelada frente a la senyera, el Gobierno de Rajoy ha optado por la prudencia estos días. La respuesta oficial de La Moncloa, a través de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, es que también hay “una mayoría silenciosa” mientras Rajoy calla hasta que rompa su silencio por vía postal. Por escrito, certificado y con acuse de recibo.



La utilización del concepto de “mayoría silenciosa” llama la atención. Probablemente tenga razón Soraya, aunque a la hora de jugar a la interpretación de cifras y aludir a las mayorías silenciosas conviene andar con pies de plomo. En otras palabras, eso que se denominan mayorías silenciosas siempre se puede utilizar a favor de los intereses que uno quiera. De hecho, el concepto de mayoría silenciosa fue el que usó en 1969 el presidente Richard Nixon para justificar sus actuaciones en Vietnam frente a los que se oponían a la guerra. Todos sabemos como acabó la guerra de Vietnam para los norteamericanos. Y como acabó Nixon…



La transición democrática española sirvió en su momento para aplacar los deseos independentistas con la creación del Estado de las Autonomías pero mucho me temo que más de treinta años después de aquel café para todos conciliar deseos tan contradictorios no va a ser fácil. Entre otras cosas porque visto lo visto dudo mucho que un cambio constitucional o la implantación de un modelo federal sea suficiente para aplacar el órdago que el independentismo ha puesto sobre la mesa apoyado desde la propia Generalitat.Tal vez la solución pase por buscar vías alternativas. ¿Las hay? ¿Estarán dispuestos a buscarlas?

sábado, 7 de septiembre de 2013

Camisetas ‘viejunas’, camisetas de oro




Foto: www.realmadrid.com


Dicen que el oro es un valor seguro. No lo dudo. En tiempos de turbulencias, como los que vivimos, basta con darse una vuelta por cualquier barrio para ver cómo proliferan los ‘compro-oro’. Sin embargo, el oro no es el valor de referencia en el mundo del fútbol aunque el precio que se paga por algunos jugadores equivalga a varios lingotes de ese preciado metal. En la galaxia del balompié, tan desorbitante como apasionante, el valor de los clubes no se mide en oro, sino en camisetas. Desde hace años una de las mejores referencias para valorar el éxito de un club son los ingresos que genera la venta de camisetas oficiales con el nombre del astro de turno serigrafiado a la espalda. Así, las dos vedettes superpoderosas de la liga española –Real Madrid y Barça– están a años luz del resto de clubes y pugnan por los grandes jugadores al precio que sea.

Esta misma semana el equipo de Florentino Pérez hacía oficial el fichaje del galés Gareth Bale por 91 millones de euros. Era la respuesta en los despachos a su máximo rival, el Barcelona, que fichó al brasileño Neymar, un jugador que a día de hoy con 21 años es una máquina de hacer dinero como reclamo publicitario.

La estimación oficial del Real Madrid, según leo en la prensa deportiva, es que Bale venderá 40.000 camisetas por temporada. Eso supone más de medio millón de euros en beneficios al club. Si cada camiseta que lucirán sus followers cuesta 90 euros, hagan ustedes mismos el cálculo… En el caso de Neymar, que costó 57 millones de euros al Barça, su imagen es un reclamo publicitario que sólo en 2012, antes de enfundarse la camiseta blaugrana y besar el escudo culé, llevó a su particular empresa a ingresar 22,5 millones de euros.  

Con estas mareantes cifras sobre la mesa es lógico, y hasta necesario, que nos preguntemos si es oportuno pagar esas millonadas por jugadores de fútbol. El mercado es libre, a fin de cuentas, y tiene sus propias reglas. Comparto con muchos que es una barbaridad y algo obsceno soltar esas cantidades por tipos que pegan patadas a un balón y que en la mayoría de los casos generan más emoción que títulos. Sin embargo, el deporte profesional no es sólo espectáculo, sino una industria más sobre la que giran intereses creados y que genera pingües beneficios, en especial a los más poderosos. Pero a diferencia de otras actividades empresariales, el deporte profesional tiene sentimientos, que comparten miles de aficionados hacia los colores de su equipo. Por eso detrás de cada camiseta que se vende en cualquier lugar también hay una ilusión, la de todos y cada uno de aquellos que se enfundan la de su ídolo…

En su momento también me puse camisetas, en concreto de baloncesto, deporte que practiqué durante años y con el que comparto fidelidad mutua. No había mucha variedad ni diseños modernos, pero eran camisetas de tirantes que servían para identificar a los equipos. Teníamos sólo una para toda la temporada y el problema venía cuando jugábamos con rivales que usaban elásticas del mismo color. Normalmente el equipo visitante le daba la vuelta a la suya o si se le había ocurrido meter en la bolsa otra camiseta de su padre o de su madre se la ponía para jugar con el beneplácito del árbitro. Con esparadrapo o lo que fuera nos pegábamos los números… y a jugar. En aquellos maravillosos años nunca imaginé que una camiseta iba a tener tanto valor en el mundo actual, el del deporte profesional, ni que llegarían a alimentar las arcas de los clubes como productos oficiales con fichajes millonarios. Dichosa inocencia infantil…

Durante  casi toda mi etapa escolar (desde 5º de EGB) jugué al baloncesto en los equipos del colegio y pasé por distintas categorías. Sin embargo, no conservo ninguna camiseta de aquella etapa. Ahora solo me queda recordar aquellas viejunas camisetas de tirantes con los números casi borrados e incluso descosidos (según el modelo, claro…) que sudé en tantos patios de colegio de Madrid y de otros sitios. Las camisetas nos las entregaban con acuse de recibo al principio de cada temporada. Una vez acabada la temporada, tras numerosas visitas a la lavadora, las devolvíamos para que el año siguiente las usaran otros. Cada año por estas mismas fechas deseaba que llegara el día en el que nos entregaban las camisetas usadas por los mayores para arrancar otra temporada. Hoy recuerdo esa especial ilusión que sentía al ponérmela. Y esa ilusión sí que tenía más valor que el oro.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Esos lugares comunes...



Foto: www.juntadeandalucia.es


Hace tiempo que la opinión pública ya no guarda en el trastero el conformismo. Las redes sociales y la capacidad de interactuar, más allá de una carta al director o una pataleta, propicia que la sociedad reclame más a la clase política. Una de esas exigencias que los ciudadanos demandan es algo tan sencillo como que los políticos cumplan con sus compromisos. Aunque a la hora de la verdad es casi una misión imposible.



La cuestión es que los partidos concurren a las elecciones con programas electorales que se cumplen o no. Y no pasa nada. Si no se cumple se fabrica una excusa políticamente correcta. Y exactamente igual sucede con primeros espadas de la política que ocupan puestos de relevancia. Cuando les interesa se les olvida que han sido elegidos por los votantes. Nos hemos acostumbrado a que algunos importantes mandatarios abandonen sus cargos cuando se les antoja pese a que durante las campañas electorales pidan el voto con una frase tan tópica como “el mío es un compromiso con los ciudadanos”. Y no pasa nada. Si es oportuno, sin cortarse lo más mínimo, se incumple el compromiso de permanencia que firmaron con los votantes. Vale cualquier excusa para cambiar de aires, aunque con las espaldas cubiertas. No albergo duda alguna de que es legítimo, pero de cara a la opinión pública si hay algo que reprochar es el ventajismo político que se aplica en función del viento que sopla.



Los lugares comunes pueblan los discursos y las intervenciones de la mayoría de los representantes de la voluntad popular. Es curioso comprobar cómo se hacen maravillosas declaraciones de intenciones que luego se quedan en agua de borrajas. Claro que los políticos tienen la oportunidad de tirar de ese ventajismo político a las primeras de cambio para actuar siempre en función de sus intereses.



Esta reflexión viene a cuento del discurso de investidura de Susana Díaz como presidenta de la Junta de Andalucía. José Antonio Griñán es el último de la lista de políticos de alto vuelo que abandonan su cargo antes de acabar el partido. Media legislatura y se va, no sin antes preparar el camino de la sucesión y garantizarse un puesto de senador. Y reitero que es legítimo abandonar un alto cargo político. Siempre puede encontrarse una razón para tirar la toalla aunque es criticable que se olvide con tanta ligereza ese contrato que firmaron con los ciudadanos al pedirle el voto para ser presidente de su Comunidad.

Foto: www.juntadeandalucía.es


El nombre de Griñán, que en su momento sustituyó a Manuel Chaves, es el último que une al de otros ilustres escapados recientes de la política española como Alberto Ruiz Gallardón, que dejó la Alcaldía de Madrid para ser ministro, o Esperanza Aguirre, que cedió la presidencia de la Comunidad de Madrid a Ignacio González para dejar la primera línea de la política (¿alguien duda de que ha abandonado la política la lideresa del PP de Madrid). Ambos tenían motivos y el viento sopló a su favor…



Claro que a la hora de irse del cargo lo que vale para unos, también vale para otros. Cuestión de conveniencia para el partido o para uno mismo. Y este criterio convendría aplicarlo tanto a las críticas como a las alabanzas. Claro que todo depende del color político de turno. Y ahí es donde se plantea esta cuestión: ¿Por qué el PSOE critica en Madrid que Ignacio González sea el presidente de la Comunidad y en Andalucía le pone la alfombra roja oficialista a Susana Díaz para que suceda a Griñán? Por cierto, el PSOE gobierna en Andalucía gracias al apoyo de IU porque fue el PP el partido más votado en las elecciones autonómicas…



La pregunta podría responderse con un cansino “y tú más”, propio de ese patio de colegio al que nos tiene acostumbrado la clase política española. Pero no es suficiente para una sociedad que exige algo más a la democracia y a los políticos que el simple hecho de ir a votar cada cuatro años. Griñán cede el testigo de Andalucía entre medias verdades y medias mentiras, todo a cuenta del escándalo del caso de los ERE falsos, con más de cien imputados por la jueza instructora. Su huida de la Junta de Andalucía, razones personales aparte, tiene mucho que ver con ese bochornoso caso que está en fase de instrucción judicial. Y su sucesora natural, Susana Díaz, no tiene fácil escapar de esa sombra pese a que se empeñe en representar un “nuevo tiempo”. 

A nadie sorprende que en su discurso de investidura diga que se “avergüenza de la corrupción” o que cuando se reúna con Rajoy pedirá “un pacto para la regeneración política de España”. Nada nuevo. La declaración de intenciones de Susana Díaz para combatir la corrupción es tan loable como previsible, aunque en su discurso curiosamente no se refirió en concreto a los ERE falsos (ni al caso Bárcenas). Un relevo generacional en la Junta de Andalucía, plagado de lugares comunes, no parece suficiente aval para olvidar la salida “generosa” de Griñán, entre otras cosas porque el PSOE andaluz vive su particular catarsis por el caso de los ERE.

martes, 3 de septiembre de 2013

Madrid 2020.Un motor de ilusión






El próximo sábado se conocerá si Madrid alberga los Juegos Olímpicos de 2020. Es la tercera vez que Madrid disputa la carrera olímpica, tras las candidaturas fallidas de 2012 y 2016. Una vez más se acaricia la posibilidad de que la capital española organice el evento deportivo más importante del planeta, tomando el relevo a Río de Janeiro. Ojalá que la carrera olímpica de Madrid llegue a buen puerto.

Cualquier deportista sabe que el exceso de confianza o el creerse ganador antes de llegar al último segundo conduce, antes o después, a la derrota más inesperada. También deben tener claro que para llegar a lo más alto hay que esforzarse, tener constancia y trabajar duro. Ni siquiera esas caracteristicas garantizan la victoria. Llegar a la meta el primero no es fácil, entre otras cosas porque siempre puede haber alguien mejor. Al menos, las dos experiencias anteriores de la candidatura olímpica de Madrid han demostrado que de las derrotas también se aprende. Siempre hay margen para la mejora y no hay que dejar de marcarse retos. 

Por eso Madrid 2020 presenta un proyecto muy sólido, pero que tendrá que defender en Buenos Aires hasta el último momento. Ahora más que nunca hay muchas razones para pensar que Madrid pueda ser la candida elegida en Buenos Aires por los miembros del Comité Olímpico Internacional. Madrid puede imponerse a Tokio y a Estambul por la fortaleza de su proyecto olímpico. Es un enorme proyecto, sin duda. Pero hay otro potente factor en la candidatura madrileña: la necesidad. Estoy seguro de que Madrid 2020 ha tomado muy buena nota del éxito deportivo y económico de Londres 2012, cuyos efectos aún se prolongan en la economía británica.

El sueño olímpico de Madrid es necesario por un doble motivo: es un estímulo para reactivar la economía española y es un motor de ilusión. Los destellos de recuperación del país tendrían en Madrid 2020 un gran aliado por su positivo impacto económico. Evidentemente unos Juegos Olímpicos en Madrid no son la solución definitiva a la recesión ni a la crisis económica del país. Pero contribuirían en gran medida a la recuperación económica. Basta con pensar en las grandes inversiones que habría que realizar para completar las infraestructuras necesarias, la generación de empleo o el aumento del número de turistas, en especial en el año olímpico, con lo que eso supone para la actividad comercial, hostelera y de ocio de la ciudad.

Admito que durante algún tiempo albergué cierto escepticismo con el proyecto olímpico de Madrid. Esas dudas se cimentaban en la desconfianza hacia algunos promotores de la candidatura, entre otras cosas porque veía más oportunismo político que olimpismo. Pero ese escepticismo hacia la candidatura madrileña está olvidado. Los JJOO de Londres me reabrieron los ojos y hace unas semanas los éxitos de Mireia Belmonte o las chicas de waterpolo en el Mundial de Natación me llevaron a sentir las mismas emociones que en Barcelona 92. Son motivos más que suficientes para desear que Madrid sea algún día ciudad olímpica. Sería un motor de ilusión para todos. Ojalá.

sábado, 13 de julio de 2013

¿Vuelven los Dos Rombos?



Entre la perplejidad y la ternura debe existir una palabra apropiada. A la búsqueda del término que defina ese estado de ánimo me lleva la posibilidad de que los Dos Rombos vuelvan a la tele. Por ahora, lo que sabemos es que el Gobierno estudia la posibilidad de implantar un sistema para advertir de los contenidos audivisuales. No negaré que recuerdo esos puñeteros rombos con cierta añoranza, en especial por lo que tenían de estimulantes. Cuando salían en la parte superior de la pantalla uno intuía que había más mundos, un más allá del que no nos hablaban ni aparecía en los libros de texto. Y eran mundos fascinantes…

Recuerdo los Dos Rombos como la primera atracción de mi vida hacia lo prohibido. Ahora con la vista atrás uno se da cuenta de las tonterías que usaban bajo el pretexto de protegernos desde las autoridad moral del Estado. En aquella sociedad mojigata donde querían que fuéramos como La familia Telerín, ejemplo moral de la época, los Dos Rombos eran una invitación en bandeja, aunque subliminal, a la rebeldía infantil y juvenil. Hubo una etapa en el colegio en la que era habitual que algún avispado compañero de clase explicara emocionado que había visto una película o serie con Dos Rombos; es decir, prohibida para menores de 18 años. Era el héroe de la clase. Los demás, una vez despejadas las dudas entre el bien y el mal, queríamos imitarle La señal de un rombo que vetaba a los menores de 14 años era el primer paso. El premio gordo para ser alguien en clase eran los Dos Rombos.

“¡Niños, a la cama, que esta película es para mayores!”, era una orden de mando nocturna muy común en los hogares españoles en aquellos tiempos de una sola televisión, un UHF en precario y donde al prime time ni se le esperaba. Sin embargo, esa advertencia no impidió a los chavales de varias generaciones ver a hurtadillas, escondidos junto a un sofá o bajo el quicio de la puerta del salón a Falconetti, el malo malísimo de Hombre rico, hombre pobre; el drama de Kunta Kinte en Raíces en su lucha por la libertad; o, ya hilando muy fino, Yo, Claudio, una serie que tuve que revisar años después porque en esa primera vez me atrajo más la tentación del mundo de los Dos Rombos que la dramática historia de ese emperador tartamudo.

Recuerdo cómo en aquellos tiempos, las azafatas del Un, dos, tres… Responda otra vez nos volvían locos a los alumnos de los colegios de curas (entonces se llevaba eso que ahora llaman educación diferenciada y que nos sirvió para desarrollar el ingenio…). La imagen de esas azafatas de largas piernas, botas, cortos vestidos y gafas era lo más cercano a un frenesí con una chica en la preadolescencia que nos podíamos imaginar. Al menos, con este famoso programa nuestros padres abrían la mano, no sé si porque era viernes o por el contenido cultural de un concurso basado en preguntas, pero podíamos sentarnos ante el televisor sin necesidad de esconderse. La verdad es que tampoco recuerdo si tenía o no algún rombo…

La perplejidad la produce el hecho de que aquellos años donde existía la censura ahora parecen lejanos. Sin embargo, están a la vuelta de la esquina. No se trata de equiparar la censura con los rombos. Son cosas distintas y elementos de un pasado que me ha tocado vivir. Sin embargo, me causa cierta perplejidad que en plena era digital, donde ponerle barreras a Internet es imposible, se pretenda recuperar un sistema que todavía permanece en el imaginario colectivo de varias generaciones. Los tiempos han cambiado y los niños de hoy poco o nada tienen que ver con los que crecieron viendo a Los hermanos Malasombra o Tres, dos, uno… ¡contacto! (entre otras cosas porque los programas infantiles escasean en las pantallas y por las tardes ni existen). Ahora un niño se entretiene y pasa más horas delante de su tablet que frente al televisor. No digo que sea bueno ni malo. Lo desconozco. Es lo que hay y es el precio que tiene vivir en la era tecnológica, la de las pantallas táctiles, las conexiones 4G, las redes sociales y todo eso. Simplemente, los niños de hoy crecen con la tecnología de manera natural.


Si me lo permiten discrepo de la idea de que la buena educación de un niño o de un púber adolescente sea mejor o peor por implantar de nuevo un sistema con reminiscencias del pasado para advertir de los contenidos audiovisuales. Sinceramente no le veo utilidad. Aunque como me pongo tierno al recordar la infancia y sigo sin encontrar la palabra justa entre ternura y perplejidad, tal vez no sea una mala idea la de recuperar los Dos Rombos. Igual sirven para frenar la barra libre de telebasura como el Sálvame de turno. Claro, que tampoco estaría mal que cada telediario o tertulia política advirtiera de sus contenidos con Dos rombos porque las noticias de este país hace tiempo que dejaron de ser aptas para menores de 18 años.

miércoles, 10 de julio de 2013

El día que Bárcenas cruzó el Rubicón


Ya no hay marcha atrás. Luis Bárcenas ha cruzado el Rubicón con todas las consecuencias. Desde su celda de la cárcel de Soto del Real el exgerente y extesorero del PP ha movido pieza. Podria ser un aviso para navegantes pero todo apunta a que no será un disparo aislado del contable del PP y que guarda más pólvora en su cartera. Que esté mojada o no ya se verá. Pero parece dispuesto a todo para salvarse de una inevitable quema porque justificar la procedencia de más de cuarenta millones de euros en cuentas suizas va a ser complicado.

A estas alturas es difícil saber a qué Bárcenas creer, si al que negaba que hubiera una contabilidad oculta en el PP o el que dispara contra el partido de Rajoy y propaga sin miramientos  que los sobresueldos llegaban a los ministros en cajas de puros. De momento el juez Ruz le ha citado a declarar por enésima vez en la Audiencia Nacional el próximo lunes. Allí tendrá la oportunidad de confirmar la veracidad del original publicado por El Mundo y unas acusaciones que ponen en peligro el futuro del propio Rajoy.

Mucho se ha escrito y dicho estos días sobre Luis Bárcenas, al que nadie debe comparar con un llanero solitario. Ni mucho menos. La cárcel cambia a las personas y allí ha empezado a tirar de la manta. Su estrategia cambió en el momento en el que Pedro J. Ramirez, director de El Mundo, publicaba con Bárcenas como fuente, que el PP se había financiado de manera irregular durante veinte años y que la cúpula del PP recibía sobresueldos. Los abogados de Bárcenas no tardaron en renunciar a su defensa “por pérdida de confianza” y el bombazo periodístico se certificó cuando a la redacción de este diario hizo llegar como prueba uno de los papeles secretos (se comenta que fue a través de un sobre enviado por Rosalía, esposa de Luis Bárcenas) que también fue publicado.


De ‘Los papeles secretos’ a ‘Las cuatro horas con Bárcenas’.

Las fotocopias de las supuestas cuentas irregulares del PP que El País publicó en portada en enero con el título de Los papeles secretos de Bárcenas se han convertido en originales tras Las cuatro horas con Bárcenas en El Mundo. Al menos una de esas páginas con anotaciones por ambas caras están en manos del juez Ruz, al que le tocará verificar si esos pagos se produjeron o no. A estas alturas dudar de la existencia de unos papeles, como durante meses han hecho muchos negacionistas, es ridículo. Los papeles existen, otra cosas es que esos pagos que vulneran la ley de incompatibilidades se llevaran a cabo tal y como contó Bárcenas.

Es probable que Bárcenas alimente así más la ceremonia de la confusión, donde se ha movido bien durante los últimos meses, porque se cruzan  intereses diversos. La elección del diario El Mundo por parte de Bárcenas no fue casual. El diario de pedrojota y La Moncloa mantienen un tenso pulso desde hace meses. Rajoy y sus políticas están en la diana de las críticas en este diario. Además, si finalmente el abogado Javier Gómez de Liaño se encarga de la defensa del exgerente del PP es más que probable que El Mundo tenga acceso a más papeles de Bárcenas. ¿Será porque Gómez de Liaño y Pedro J. Ramírez son íntimos amigos?

De lo que no hay duda es de que el ingreso en prisión de Bárcenas supone un antes y un después. Puede que piense que para evitar hablar de lo suyo –el enriquecimiento personal y las cuentas millonarias en Suiza– no hay nada mejor que sembrar las dudas sobre la cùpula del PP y poner en marcha el ventilador. 

Igual Bárcenas era alguien ajeno al PP…

De momento, el PP ha cerrado filas en torno a su líder mientras que la oposición exige explicaciones a Rajoy. Y las formas de actuar se repiten, Cambian los protagonistas, pero que un partido en el gobierno azuzado por la oposición y la prensa no dé la cara es algo habitual en la democracia española. ¿Se acuerdan del caso Filesa en tiempos de Felipe González?

Los populares han tirado del argumentarlo político de urgencia para estos casos y han salido en defensa de la honorabilidad de Rajoy, el mismo que en febrero dijo que “nunca he recibido ni he repartido dinero negro ni este partido ni en ninguna otra parte”. La reacción de los populares se ajusta al manido centralismo político de los partidos, donde la militancia no discrepa de la cúpula salvo versos sueltos que casi siempre tienen a Esperanza Aguirre como protagonista…

Sin  embargo, chirría que por esa adhesión ciega a unas siglas políticas haya quien se refiera a Bárcenas como alguien ajeno a su partido ¿No se dan cuenta en el PP que Bárcenas fue gerente y contable durante años? No era alguien que pasaba por allí…


No estaría mal que Rajoy volviera a salir a la palestra, esta vez sin plasma por medio, para aclarar la confusión que ha creado el hombre que durante años ha tenido una oficina y un sueldo en Génova, que es la misma persona a la que también prometieron apoyo. Y qué mejor sitio en una democracia que el Congreso de los Diputados para que el presidente del Gobierno ofrezca las explicaciones pertinentes que no solo le reclaman los partidos de la oposición sino muchos ciudadanos escandalizados por un episodio que parece muy chungo. 

viernes, 5 de julio de 2013

¿Snowden olvidará su nombre algún día? Evo Morales seguro que no...



Foto:www.presidencia.gob.bo


Las respuestas suelen dan lugar a más preguntas. Es así. Si no lo creen basta con prestar un poco de atención a la historia de espías protagonizada por el ex agente de la CIA Edward Snowden. A estas alturas ya no sé si Snowden es un espía, un contraespía, un Bambi de la vida o un tipo con afán de protagonismo defraudado con las políticas de Barack Obama al que se le ha ido la cabeza.

Lo que parecía una novela más propia de la guerra fría está en camino de convertirse en un culebrón donde no dejan de aparecer inesperados artistas invitados como el presidente boliviano, Evo Morales. Si tiene algo que atrapa el affaire de Snowden es que es probable que las cosas no sean como parecen. Puede que tenga mimbres de una novela de espías pero también tiene su toque de novela de evasión, donde un presidente latinoamericano es retenido durante varias horas en un aeropuerto de la vieja Europa por llevar supuestamente un polizón a bordo. Esta variante del caso Snowden se aleja más de aquellas historias clásicas de la guerra fría, en las que un jefe de espionaje soviético está dispuesto a fugarse a Occidente entre agentes dobles, secretos militares, traiciones y el intercambio de espías en el Check Point Charlie de Berlín. Ahora el sainete aeroportuario de Morales aporta el punto bananero made in Europe, no lo neguemos. 

Sin embargo, la anécdota desvía la atención sobre el meollo de la cuestión: Snowden. Este agente que ha desvelado las supuestas actividades de espionaje masivo de la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos parece que no existe. Nadie le ha visto desde hace tiempo, pero su solo nombre, su condición de enemigo público número uno de los Estados Unidos y sus filtraciones que ponen en negro sobre blanco que se espía a todo hijo de vecino, han dado lugar a un conflicto internacional con muchas aristas. 

Ya no se trata sólo de las explicaciones que Obama dará a la canciller de Alemania, Angela Merkel, y a Europa para justificar el supuesto espionaje de la Casa Blanca o que en países como Francia sus espías controlen millones de llamadas y correos electrónicos. Ahora un solo rumor ha encendido una inesperada crisis entre Latinoamérica y Europa de consecuencias imprevisibles. La única solución es la vía diplomática aunque España no está dispuesta a disculparse con Bolivia.

Parece mentira que con tanta tecnología al servicio de la seguridad de los ciudadanos lo que más escasee sea la inteligencia humana. No hay otra manera de explicar la absurda retención durante catorce horas de Evo Morales en Austria, donde su avión fue revisado por la posibilidad de que Snowden viajara en su interior. Morales retornaba de Rusia, donde participó en el Foro de Países Productores de Gas. El rumor de que podría llevar a Snowden propició que no le dieran permiso para sobrevolar su territorio ni Francia, ni Italia, ni Portugal. Tuvo que aterrizar en Austria, donde permaneció hasta que pudo salir hacia Canarias, donde repostó. Las comparaciones son odiosas, pero qué pasaría si retienen por un rumor a Merkel, Cameron o a Hollande en un aeropuerto de Latinoamérica mientras los perros olisquean sus aviones en busca de polizones.

Las reacciones del eje latino se han ajustado al guión previsto. La demagogia antiimperialista les funciona y siempre está a mano. Bien es verdad que en esta ocasión se lo han puesto en bandeja. Morales fue recibido como un héroe en su país y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) se reunió en Cochabamba para desagraviar al presidente boliviano por el “abuso imperial” que sufrió con su “secuestro. Y, cómo no, hasta el presidente venezolano, el inefable Nicolás Maduro, se sumó a la fiesta para arremeter contra los yankees y, por supuesto, contra los conquistadores españoles.


Mientras tanto ya han discurrido más de diez días y Snowden permanece escondido en la terminal del aeropuerto de Moscú (si es que está allí).Sigue sin dar señales de vida. Sus revelaciones de espionaje masivo han tenido un efecto mariposa. Tal vez nunca más sepamos de él. Tal vez, algún día Snowden presuma de libertad en un país donde hoy no se permite el uso libre de Internet y otro Gran Hermano controla a sus ciudadanos. Tal vez, algún día, leeremos una novela que guarde cierto parecido con la realidad donde las primeras palabras sean: “Me llamo Edward, aunque reconozco que en este negocio del espionaje es difícil recordar si alguna vez fue mi nombre”.