miércoles, 15 de mayo de 2013

Navegar entre líneas




"Con sentido común se pueden obtener muchas cosas en el mar, y sin él, muy pocas cosas..." (Mar Cruel, 1951)


Hay momentos en los que un paseo por tierra firme te lleva a pensar en todo tipo de aventuras. Algo así me pasó el otro día cuando el paisaje urbano de Madrid me hizo revisitar de manera inesperada algunos de los lugares por donde deambula Coy, el protagonista de La Carta Esférica, de Arturo Pérez-Reverte. Igual dentro de poco, si es que no existe ya, a alguien también se le ocurre incluir una ruta turística por Madrid de un marinero sin barco. Para hacer esta ruta ni siquiera es necesario tocar fondo, como le sucedió a Coy cuando estaba de guardia en un mercante navegando por el Índico. El error le mandó a tierra. Y así comienza la novela de Pérez-Reverte, que fue llevada al cine con poco éxito o más bien nulo, por cierto.

La cosa es que bastaría un poco de imaginación, algo de inquietud y una afición mínima por el mar, aunque sólo fuera en libros o en películas, sin necesidad de remojarse, para sacarle navegar por una ciudad de secano. Puede resultar paradójico en una ciudad que está por encima de los 500 metros del nivel de mar y que no tiene playa. Pero sólo con proponérselo es posible. Por ejemplo, podría arrancar con una visita al Museo Naval y ponerse delante de la carta universal de Juan de la Cosa, primera obra cartográfica que representa en 1500 el continente americano, ver algunos de los instrumentos de navegación astronómica o conocer las técnicas de construcción naval que llevaron a la Armada a contar con el Santisima Trinidad, el mayor buque del siglo XVII, es suficiente para que un paseo matinal valga la pena.

Algo así me sucedió. La imaginación se disparó a medida que paseaba a la espera de tiempos mejores por esa hermosa zona de Madrid. Pasé frente al Museo del Prado y decidí perderme un rato por el Jardín Botánico, especialmente hermoso en esta época del año. Y de allí me encaminé a la Cuesta de Moyano, donde dicen que los libros eligen a sus dueños. La visita al Museo Naval ya me había estimulado pero cuando me vine arriba definitivamente fue al ver un ejemplar de Mar Cruel, novela del británico Nicholas Monsarrat, que se entremezclaba junto a centenares de títulos de todo tipo y género en uno de los puestos de la Cuesta de Moyano.

Igual que Coy son una gran aficionado a los libros de mar lo que me lleva a hacer un repaso por los títulos de este género literario que más me han gustado. Pese a lo que pueda parecer, en mi particular top one no está La Carta Esférica, pese a que me ha proporcionado momentos de lectura deliciosos y es una de mis novelas de cabecera. Es precisamente Mar Cruel la que ocupa ese lugar privilegiado en mi biblioteca náutica. Esta novela bélica narra las desventuras de dos barcos británicos, y sus respectivas tripulaciones, que durante la II Guerra Mundial protegen a los buques de carga en su ruta entre Inglaterra y Estados Unidos. El capitán Ericson y un periodista sin experiencia en la mar llamado Lockhart, que se enrola debido a la guerra, son los protagonistas de un apasionante relato donde los submarinos alemanes no son él único enemigo. El despiadado oceáno Atlántico es el escenario y en medio de los ataques de los submarinos nazis, también es el mar el que decide quien vive y quien muere.

Mar Cruel es una obra de 1951 cuya primera edición en español se publicó al año siguiente, aunque la censura franquista se encargó de retocar a su manera... En 2000 salió al mercado otra edición, ya sin la tijera de la censura, que cuenta con asombrosa precisión y detalle "la historia de un océano, dos barcos y unos ciento cincuenta hombres".


Mar Cruel puede englobarse en el género bélico y si hay otra novela que me fascina es El Cazador de Barcos, de Justin Scott. Es una novela de evasión, de esas que entretienen y te atrapan de principio a fin con una venganza como hilo conductor. Peter Hardin y su mujer viajan en su velero y un día el mayor superpetrolero del mundo, el Leviathan, les aborda y les hunde. La mujer muere  y el único objetivo que persigue desde entonces el hombre es perseguir a ese monstruo marino para acabar con él. Que yo sepa de esta apasionante historia, escrita por alguien que conoce muy bien el mundo de los veleros, no se ha hecho versión cinematográfica alguna, pero daría para una buena película.

La lista sigue con La Carta Esférica,  de la que ya hablé suficiente. De alguna manera es la novela que me sirve de excusa para repasar los libros de mar favoritos. Así que si les parece pasamos al maestro Patrick 0'Brian, ese irlandés que ha escrito algunas de las novelas marítimas que se recuerdan con la serie que comenzó con Capitán de Mar y Guerra. Sus novelas son imprescindibles y leerlas un placer. Las andanzas de Jack Aubrey y Stephen Maturin a bordo de de los navíos de la Armada Inglesa en el siglo XVIII han dado mucho de sí. Y ya que también hablo de novelas que se han llevado a la gran pantalla, es de obligado cumplimiento reconocer que Master and Commander, basada en la obra de O'Brian es una de las mejores películas náuticas que recuerdo.

En el quinto lugar de mi particular lista los protagonistas son los submarinos. Y tengo dos novelas. Una de ellas es La Caza del Octubre Rojo, también llevada al cine de manera magistral, con un Sean Connery que lo borda en el papel del comandante ruso. Con la guerra fría como telón de fondo, recuerdo que la novela de política ficción de Tom Clancy me hizo pasar varias tardes extraordinarias. La narración de la persecución entre submarinos de las dos superpotencias (la URSS y EEUU) es sencillamente brillante y genial.

Ya que estamos bajo el agua también quiero destacar otra novela de submarinos. Se trata de Fuerteventura, de Alberto Vázquez Figueroa. En esta novela de espionaje, un punto de esta isla canaria se convierte en lugar de recogida y descanso de los oficiales de los submarinos alemanes que combaten en el Atlántico. Un británica se infiltra en esta villa de descanso para tratar de obtener la mayor información posible. La novela constituye un rara avis en la literatura española, ya que como sucede con Mar Cruel este género bélico de las contiendas mundiales del siglo XX parace que están reservadas para los escritores anglosajones. Pero vale la pena.

Por supuesto que en esta lista me faltan nombres como C. S. Forester, Melville, Stevenson o Conrad, entre otros. Alguna vez hablaré de ellos. Igual tras otro paseo. Seguro que ellos, como muchos marinos de la vida "contemplan el mundo de tierra firme como un espectáculo inestable, lamentable e inevitable". Coy lo hacía.

jueves, 9 de mayo de 2013

¡Que Dios nos pille confesados!




Una vez conocí a un tipo que se había instalado en el furgón de cola de la vida. Dormía en la calle, entre cartones y sin pijama. Su vida social se ceñía a un tugurio, entre macarras de barrio y piltrafas humanas. Cada noche acudía a este antro en forma de bar, donde al menos podía cenar caliente cada noche. Detrás de la barra y del negocio estaba un amigo de juergas de toda la vida. Un día la moneda del destino se la jugó. Ambos habían quemado Madrid por las noches, pero ahora sólo quedaba chamusquina y reuma de tanto dormir a la intemperie. Por amistad, sentimiento de culpa o compasión no había noche en el que el dueño del bar sirviera a su antiguo amigo de correrías la cena. Solía ser las sobras del menú del día, acompañado de un pedazo de pan, con vino y casera como bebida. Suficiente para calmar un estomago hambriento.

Cada noche, a eso de las nueve, el mendigo llegaba al bar y se sentaba en soledad en un reservado al fondo del local. En una pequeña mesa dominada por la oscuridad, la única luz que destelleaba era la de la televisión. No era casualidad que cenara hacia las nueve. Nunca se perdía un telediario. El de LA 1 de TVE era su favorito y si estaba sintonizado otro canal ni siquiera preguntaba. Lo cambiaba él mismo a menos que hubiera fútbol. Comentaba que TVE era la cadema que le daba más credibilidad y que, en definitiva, "es la de toda la vida".

Muchas veces, entre cucharadas de la delicatessen de turno, soltaba alguna frase en alto. Estaba acostumbrado a hablar solo. Él era su mejor y peor compañía. La única. Sin embargo, en algunas ocasiones trataba de propiciar conversación con la clientela del local en esa franja horaria, cercana a la de máxima audiencia.  Presumía de estar bien informado. Le gustaba comentar las noticias y siempre esperaba alguna respuesta. Hubo una ocasión que hasta casi llega a las manos con otro tipo que ahogaba sus penas en la barra del bar castigando el hígado con un Magno tras otro. La prima de riesgo de España motivó la discusión...

Hace unos días el telediario de La 1 estaba a punto de llegar a su fin.  Y la noticia que daban antes de los deportes se convirtió en una revelación. Marcos López y Marta Jaumandreu, presentadores de la segunda edición del Telediario, daban paso a una noticia en la que animaban a los parados a rezar. El hombre, que estaba a punto de terminar un plato de judías verdes rehogadas, dejó de llevarse el tenedor a la boca en ese instante. Alzó la cabeza y miró fijamente la televisión. Puso sus cinco sentidos en la noticia. Escuchó con suma atención a Marcos López, que antes de dar paso a un vídeo daba la entradilla diciendo que "cada vez más católicos ponen velas a sus santos y por eso la cerería es uno de los negocios que resiste muy bien a la crisis". Jaumandreu le siguió y  dio a conocer la solución bíblica para tanto parado, incertidumbre profesional y clima generalizado de pesimismo:  "Según los psicólogos acercarse a un altar puede calmar la ansiedad por la falta de trabajo o por el temor a perderlo".

El hombre recogió el tenedor para acabar el plato. Se metió la mano en uno de los bolsillos del pantalón, si es que se podía llamar así a esa prenda sucia y descosida hecha jirones. Al tiempo que buscaba una estampita de una virgen que una beata le dejó a modo de limosna en la puerta de una iglesia no dejaba de preguntarse cuando perdió la ilusión. Aunque nunca había sido asiduo de los templos también tenía claro en los momentos de lucidez que llegada la hora de abandonar este mundo no quería dejarlo sin una red salvadora y con la conciencia tranquila. No solía pensar mucho en Dios, pero cuando lo hacía se arrepentía de cuando fanfarroneaba con la fe y las creencias religiosas. "Es como si tras la creación Dios hubiera tenido un ataque de ansiedad", había llegado a afirmar en los tiempos de vino y rosas cuando trataba de buscar una razón por las barbaridades que se esconden tras la condición humana.

Esos tiempos parecían ya lejanos. La realidad, el hoy, era un tugurio de mala muerte donde al menos tenía algo que llevarse a la boca. Sin embargo, la recomendación del telediario a los parados de rezar para reducir la ansiedad le había calado, tocaba la escasa fibra sensible que le quedaba y que todavía no se había podrido al contacto con el escepticismo.Ignoraba que la noticia era trending topic en las redes sociales, de la más leídas en los diarios digitales o que había causado una gran polémica por la presunta utilización de una cadena pública para lanzar mensajes de fe a los parados.


Tras la cena también se calentaba el gaznate con un copazo de alcohol. Bebió la copa de un trago se levantó y salió del local. Se tropezó con una silla, anduvo unos pasos hacia la puerta y le dio tiempo de pasar revista con la mirada a los inquilinos de un local por donde la desilusión campaba a sus anchas. Apenas una decena de clientes, todos perdedores de la vida. Además del dueño y benefactor, unos se apilaban en la barra mientras otro se jugaba su futuro inmediato en la tragaperras.

-¡Que Dios nos pille confesados! -soltó sin pestañear mientras tiraba de la puerta del bar para salir. Uno de los clientes levantó la copa y soltó un escueto "amén". Pero fue cerrarse la puerte y la tragaperras del bar dio el mayor premio. La insistencia del jugador, un tipo de esos que en las estadísticas aparace como parado de larga duración, que había pasado más de una hora echando monedas, tenía una recompensa de 240 euros.

-¡Milagro! -exclamó el jugador. Los demás siguieron a lo suyo.

sábado, 4 de mayo de 2013

El Hombre del Tiempo




Hace sol y caen algunas gotas de lluvia al mismo tiempo. Es la primavera en Madrid, al fin y al cabo. Una ciudad que tiene una luz especial. En primavera esa luz brilla más, aunque hay quien prefiera el sol en invierno. Cuestión de gustos. La incertidumbre meteorológica acompaña a la gente que esa mañana disfruta del aperitivo en una terraza. Casi todos han mirado al cielo antes de sentarse en la terraza. Temen que la lluvia les interrumpa las cañas. Los rayos de sol convencen. Es el barrio de La Latina.

Un músico callejero pone la banda sonora entre tanta conversación desenfadada al ritmo latino del Oye, cómo va. En la puerta de un bazar chino un hombre, sentado de mala manera a un lado de la entrada, pide unas monedas. Él no mira al cielo. Ni siquiera sus ojos se fijan en mi presencia. Le dejo algo de calderilla y reacciona. Levanta la cabeza y como si me adivinara el pensamiento que discurre en ese momento por mis neuronas cerebrales dice unas palabras que me sorprenden.

-No va a llover, te lo digo yo -suelta sin más.

Su inesperado pronóstico me causa un asombro repentino. No lo esperaba. Aunque lejos de tratar de entablar una conversación sobre un tema tan habitual en las conversaciones intrascendentes como el tiempo, me limito a esbozar una sonrisa y poco más.

-Esperemos -respondo con cierta desidia.

Sin embargo, ese encuentro de apenas algunos segundos me hace reflexionar. Abandono el lugar con la duda razonable, por imposible que parezca, de si la respuesta de ese hombre tiene que ver con una capacidad extraordinaria o si es pura casualidad. La reflexión tampoco dura mucho. Termina poco antes de la primera cerveza y unas bravas en buena compañía en una terraza.

Varias cañas después, alternado momentos de sol y sombra sobre nuestras cabezas, los negros nubarrones ganan la batalla en el cielo y comienza a llover. Primero unas gotas, luego el diluvio universal que obliga a la gente que estaba en la terraza a refugiarse en el interior del local. Aunque escampa pronto llegamos al convencimiento de que habrá que dejar la terracita para otro día.

Al regresar a casa, antes de tomar el Metro, paso de nuevo delante del bazar chino. Allí permanece el hombre. El agua y la humedad parecen traerle al pairo. Refugiado bajo el dintel de la puerta, en una esquina, sigue a lo suyo. Ya nadie toca música en la calle, las aceras están mojadas y las terrazas vacías. Decido acercarme para bromear y recordarle que me había dado un pronóstico fallido tras el notable chaparrón.

-¿Con que no iba a llover, eh? -lanzo a modo de reproche impertinente al hombre mientras dejo otra moneda en su gorrilla.

­Él apenas se inmuta. Levanta la cabeza y dibuja una sonrisa socarrona en su rostro antes de pronunciar unas palabras con voz grave y aguardentosa.

-Si supiera cuándo va a llover o no, o si va a hacer un día soleado, no estaría aquí mendigando. ¿Sería el hombre del tiempo, no crees?

Su explicación fue un "zas en toda la boca" en toda regla, aunque nunca podré olvidar ni esa sonrisa ni sus ojos. Esa mirada era especial, escondía un fulgor más propio de un niño ilusionado que de un mendigo que hace tiempo que dejó de esperar. Tal vez por ello, cuando definitivamente me alejé de allí no dejé de preguntarme cómo sabía el tipo la primera vez que me acerqué a él que la preocupación que rondaba mi cabeza era si iba a llover. Y todavía hoy me lo sigo preguntando. Unos días después volví a pasar por el mismo lugar. Pero el hombre del tiempo no estaba recostado en el bazar chino, no había rastro de él y el sol apretaba de lo lindo. Ese día no llovía, seguro.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Mou, el infeliz



"Quizá no siga. Quiero estar en un sitio donde la gente me quiera". José Mourinho


La historia de amor entre José Mourinho y el Real Madrid está a punto de acabar. El técnico portugués ya ha lanzado a su manera un "tenemos que hablar", una declaración de desamor a Florentino Pérez. El amor parece haberse apagado y esa expresión, para todo aquel que haya roto alguna vez con su pareja, ya se sabe como acaba. Aunque admite que tomará su decisión al final de temporada, nadie duda que quiere encontrar el amor perdido en la Premier League. Su declaración de amor, o de desamor según quien lo lea, se resume en una frase: “I want to be where people love me to be".

Mou no se siente querido y no duda en confesarlo a los medios británicos o alemanes mientras que al periodista de TVE ni le mira a la cara cuando le entrevista instantes después de la eliminación de la Champions a manos del Borussia Dortmund. Mou en estado puro. Ni más ni menos.

Mourinho ha conseguido que sus ruedas de prensa sean un espectáculo.Consigue algo tan inédito como que sean más interesantes sus declaraciones y la polémica que genera en las tertulias de los futboleros de turno que el partido en sí. Acapara la atención como ninguno. Provocador, polémico, egocéntrico son palabras que salen de cualquiera de los aficionados al fútbol a la hora de definir al portugués. La arrogancia y falta de humildad del técnico luso, al menos en su plano profesional, hacen que muchas veces se comporte como un adolescente y otras como un general indomable con mando en plaza. Lo curioso es que tiene todas las cualidades para ser uno de los mayores entrenadores del mundo.Pero algo falla en Madrid. No es querido y él no lo entiende. Parece estar convencido de que son los demás los que se equivocan. Durante su etapa en el Real Madrid, donde sigue teniendo contrato varios años más, ha visto enemigos por todas partes. Si no los había se los ha creado. Y efectivamente tiene razón en una cosa cuando habla de amor futbolístico: por sorprendente que parezca no es feliz entrenando a uno de los clubes más grandes del mundo. En lo más profundo de sus convicciones personales no me extrañaría que considere que esa falta de amor que se propaga entre los antimourinhistas es un castigo divino, que en ningún caso se merece.

La mayoría de los futboleros en España reconoce que es un buen entrenador y que los títulos le avalan, pero Mou siempre es Mou, The Special One. Con él no hay medias tintas. Sin embargo, la polémica que siempre le acompaña no puede esconder que al frente del Real Madrid, tras una una inversión millonaria, su curriculum de triunfos estas tres temporadas es pobre. Demasiado poco para un entrenador de personalidad arrolladora con una carrera estelar en el Oporto, el Inter o el Chelsea. Aquí se ciñe a una Liga, una Copa y una Supercopa. Eso a la espera de la final de la Copa del Rey frente al Atlético de Madrid. Puede ser  el último título de blanco, si vence el Real Madrid al glorioso Atleti, de un entrenador que pese a tener contrato en vigor no oculta que se siente querido en las Islas Británicas, y de manera muy concreta en el Chelsea.

El técnico portugués ha conseguido dividir a los merengues entre mourinhistas y antimourinhistas, aunque fuera de los muros del Bernabéu,en cualquiera de los campos que visita cada domingo, la unanimidad es notable. Mourinho es capaz de elevar la tensión hasta límites insospechados, igual que un día le mete el dedo en el ojo a Tito Vilanova otro día, como el pasado martes,  desafía a los periodistas españoles en la sala de prensa del Bernabéu. Y lo hizo en inglés. En respuesta a una pregunta de un periodista alemán soltó sin pestañear que "en España hay gente que me odia y muchos de ellos están en esta sala".

Así es Mou. Ni más ni menos. O con él o contra él. Los límites los fija el portugués y su guerra es total. Batalla dónde y con quién sea, con la prensa, la FIFA, los árbitros, el rival o en el vestuario... Hay muchos ejemplos. Basta con recordar las declaraciones con Pep Guardiola en el punto de mira del portugués, en especial en su primer año en Chamartín, o la que ha liado en esta temporada en torno a Iker Casillas en medio de filtraciones internas en el vestuario.

No admite que nadie le haga sombra y él se ha puesto por encima del Real Madrid. Mourinho eleva a la máxima expresión la primera persona del singular, por encima incluso del club que representa y que, en definitiva le paga. En su descargo hay que admitir que cuando aterrizó en Madrid él mismo ya advirtió que es como es, para lo bueno y para lo malo. Nadie de la cúpula del club blanco puede decir que no sabían a quien fichaban. El Real Madrid no contrató a un desconocido. Incorporó a un entrenador con carácter ganador como ninguno, que no tardó en asumir poderes plenipotenciarios en el club a costa de quien fuera y que es capaz de torpedear a quien sea para lograr sus objetivos. Y esos objetivos personales están por encima del equipo, aunque a fin cuentas es la gloria. Sólo las victorias llevan a la gloria. Y hay muchos caminos. El de Mou es primero yo y luego el equipo. Si no es así es que no le comprenden y todo es una conspiración mediática contra The Special One, como defendía el diario británico The Guardian. Así es Mourinho y así  será siempre, un entrenador que nunca pasará desapercibido.

viernes, 26 de abril de 2013

El 'austericidio'



Hace unos años, cuando se empezaron a popularizar las redes sociales, se decía que si no tenías un blog no eras nadie. Hoy tengo un blog y sigo sin ser nadie, incluso soy menos. Al menos puedo escribir estas líneas tras conocer que 6.202.700 personas están en el paro en España. Lo hago por primera vez en mi vida desde ese otro lado. En esta ocasión nadie me tiene que contar el drama personal que hay detrás de cada parado, ni lo que es levantarse por la mañana con la rutina del que más que espera, desespera. Escribo desde ese lado oscuro, del de los más de seis millones de personas que no pueden trabajar, ni saben si algún día lo volverán a hacer.

Sé muy bien de lo que hablo. Por eso eso espero que entiendan que cuando alguien me saluda estos días con un cortés e inocente "¿Cómo estás? opte por respuestas curiosas y sorprendentes. No respondo ni bien ni mal ni todo lo contrario. Tiro de dos respuestas de manual que nacen de un pensamiento pesimista  (o de un optimista bien informado, que dirían algunos). A unos les contesto que "cautivo y desarmado" y a otros, por eso de ironizar, les suelto un "trempado y vigilante", que suena algo más zafio y vulgar. Incluso por tratar de quitar hierro al asunto utilizo ambas salidas, que en todo caso esconden un poso  de escepticismo que se escuda en el sarcasmo y la retranca.

Humor y confianza en que algo mejor está por venir deben ser los compañeros de este desconocido viaje, pero los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) de los primeros tres meses del año son los que son: una tragedia. No caben matices. España está en el furgón de cola de los países de la OCDE, con una tasa de paro del 27,16% (para hacernos una idea del drama es superior a la tasa de paro de la Gran Depresión en Estados Unidos, cuando se registró un 25%). Un 57% de jóvenes no tienen empleo y 3,5 millones de personas llevan más de un año buscando trabajo... Un panorama para temblar. Es la evidencia del fracaso de las llamadas políticas de austeridad, tanto de España como de Europa. Recortes en el gasto público que no han venido acompañadas de medidas que generen riqueza o, lo que es lo mismo, empleo.

El austericidio se ha instalado en nuestras vidas. Sin más. Lo dramático es que para muchos que viven los lunes al sol vislumbrar una luz al final del túnel no es motivo de esperanza,  ni siquiera es una señal para encontrar una salida. Esa luz es cegadora, deslumbra y te deja sin vista.  Elegir entre la incertidumbre o sobrevivir ya no es una opción en un clima de austeridad depresiva. Te toca sin previo aviso y sin invitación. Se mire por donde se mire la reforma laboral no ha servido, ni siquiera para eso que tan pomposamente pregonan los políticos con frases como "crear las condiciones adecuadas para crear empleo". Ni condiciones, ni empleo que valga.

El fracaso político, de este gobierno y del anterior, es evidente. Ya no se trata de echarse las culpas como niños en un patio de colegio porque es una situación de emergencia nacional. Mientras el partido en el Gobierno se aferre a que los datos macroeconómicos invitan al optimismo y no sea capaz de admitir el fracaso que supone la demoledora EPA, las más dura de la historia en España, mucho me temo que hay poco que hacer. El PSOE haría bien en no abrir mucho la boca y para el Gobierno de Rajoy el eterno argumento de la herencia de Zapatero está invalidado. En cuanto al resto de partidos no estaría mal que aparcaran la demagogia y se dejaran de batallitas que a la mayoría de los ciudadanos nos traen al pairo. La batería de medidas que en los Consejos de Ministros han aprobado han servido de poco y es el momento de alcanzar un amplio consenso bajo la batuta de los mejores economistas. Si seguimos así, en una tendencia diabólica hacia ninguna parte, si los economistas no dan con la clave para acabar con la crisis y crear empleo pasaremos a los psiquiatras. Y una vez sentados en el diván creo que quedará muy lejano el día en el que a la sencilla pregunta de "¿Cómo estás?" conteste con un sincero: "Bien, gracias".

martes, 23 de abril de 2013

15.000

Nunca imaginé que este blog iba a llegar a las 15.000 visitas. Ha sucedido este 23 de abril. Nació sin pretensiones, como una necesidad de conjugar mi afición a la escritura, expresar mis opiniones y estar al día con las nuevas tecnologías. Es un estímulo para seguir alimentándolo. Gracias a todos.

domingo, 21 de abril de 2013

La Marca España cotiza a la baja




La Marca España cerró la tercera semana de abril a la baja. Ni los éxitos deportivos salvaron del desplome la cotización de la Marca España. Si este producto llamado España, con tantos años de historia a sus espaldas, cotizara en bolsa seguro que habría traido a más de un inversionista de cabeza. Pero antes de entrar en detalles, empecemos por ese concepto del todo y de la nada que se engloba bajo la Marca España. No sé como vino al mundo ni quién lo parió. Pero me da que salió de un grupo de cerebros del marketing que un día se juntaron alrededor de una mesa en un brain storming de esos. Se pusieron a pensar y a soltar ideas mientras en su ego interior anhelan ser algún día como Don Draper, el protagonista de Mad Men, cuya primera enmienda es: "No importa lo que seas, sino como lo vendas".

El producto (España) ya existía y con la marca llega la hora de venderlo, para lo bueno y para lo malo. La Marca España es una Denominación de Origen que sirve para vender España al mundo y que cuando los éxitos deportivos llevan a un español a lo más alto propicia que los índices de confianza del mundo mundial hacia nuestro país lleguen hasta el infinito. Cierto que la Marca España no hace daño a nadie. Y también es tan cierto que tiene un reverso cuando menos casposo y made in Spain. La razón es que el producto que se vende bajo esa denominación también incluye esperpentos typical spanish como los de los últimos días. Me voy a ceñir sólo a tres ejemplos y eso que hago un esfuerzo para no entrar en política ni en poner a caldo eufemismos infantiles como "la movilidad exterior" de la ministra Báñez para referirse a los jóvenes españoles que dejan el país para buscarse un futuro ante la falta de perspectivas laborales.


El lunes era vox populi en tertulias, billares, cantinas, mercados, patios de vecinos, gasolineras y en cualquier rincón de España la portada de Olvido Hormigos en Interviú. Con el titular de "Con mi cuerpo hago lo que quiero" la ex concejala de Los Yébenes, famosa por un vídeo erótico privado que se propagó por las redes sociales, enseñaba sin pudor sus encantos en plan buenorra. Ahora Hormigos se echa la manta a la cabeza y se tira al monte del famoseo. No le bastaba con saltar de un trampolín en horario televisivo de máxima audiencia.Ya tiene su portada.  ¿Alguien duda de que tiene un prometedor futuro por delante es Sálvames y demás? ¿Alguien duda de que todo el mundo tiene un precio? Yo, desde luego, no. Y si me lo permiten coincido con ella en que cada uno con su cuerpo que haga lo que quiera.

Ese mismo día, ya de noche en España, asistimos boquiabiertos a un "vuelva usted mañana" en toda regla.Si no fuera porque se trataba de una situación trágica y de alerta máxima podría quedarse en un ejemplo más de lo que Larra tan bien resumió en esas tres palabras: "Vuelva usted mañana". Pero no se trataba de era ir a a la ventanilla a pedir que te pusieran un sello. Era ura emergencia  en toda regla porque 91 españoles corrieron la maratón de Boston, donde unos desalmados terroristas sembraron el terror con ollas cargas de metralla. Muchos de esos maratonianos viajaron acompañados de sus familias y se merecían, como mínimo, que un cónsul de España en una ciudad como Boston estuviera a la altura. Y no lo estuvo. El cónsul en España en Boston, apenas dos horas después de ese terrible y deleznable atentado en el maratón, admite en una entrevista en directo en Marca TV, que se va de la oficina en cuanto acabe su jornada laboral. ¡¡Olé sus cojones!! Para emergencias ya estaba el contestador del teléfono del Consulado. Menos mal que fue cesado de manera fulminante...

Y ya, si faltaba algo, nada como ese espectáculo protagonizado por algunos de los protagonistas principales de los que se ha denominado el saqueo de Marbella. La lectura de la sentencia a Julián Muñoz, Isabel Pantoja y Mayte Zaldívar, entre otros, acusados de delitos como blanqueo de capitales de pasta que se movía en bolsas de basura, se convirtió en un auténtico vodevil. La salida de la Audiencia de Málaga fue una escena digna de ser retratada por Goya y con motivos más que sobrados para incluirla en la serie de pintura negra, como el Duelo a garrotazos. La entrada a empujones de Isabel Pantoja en el coche, en medio de la turba que la insultaba, con los agentes de Policía superados por la masa y el chófer sobre el vehículo haciendo de guardaespaldas será muy difícil de superar. Quedará en el imaginario colectivo de lo español para siempre. Uno que ya tiene unos años se acuerda de una escena similar, en el entierro de Paquirri, pero nunca imaginé que algo así pudiera ocurrir en las puertas de un Juzgado.

Así que juzguen ustedes mismos. En una semana horribilis en la que ni Nadal ni Alonso arreglaron el desaguisado con las glorias deportivas de otros domingos de éxito, no nos queda otra que asumir que el despelote de Hormigos, el zarandeo malayo de la Pantoja o la espantá del cónsul de Boston también forman parte de la Marca España.