miércoles, 18 de abril de 2012

Bajada de bandera

Si hay un sitio para medir la temperatura política de un país es en los taxis. El otro día tomé uno. Tras saludar al taxista me recosté en al asiento y puse el oído en lo que contaba la radio. El taxista y yo escuchamos las disculpas reales por el trompazo de Botsuana. En silencio, y con la misma atención que en el discurso de Navidad, seguimos las breves palabras del monarca. El taxista no tardó en desplegar un discurso cargado de contenido editorial. En su monólogo, donde sólo pude limitarme a colar algún “sí” o “no”, hubo para todos. Otorgó su comprensión al Rey, con el consabido “yo soy juancarlista, no monárquico”, aunque reconoció que era difícil defender lo de la cacería. No dejó títere con cabeza. Puso de vuelta y media a los mercados que nos ahogan con la prima de riesgo, dio un repasito al populismo de Cristina Fernández de Kirchner por lo de Repsol YPF, me contó un chiste sobre el disparo en el pie de Froilán y lamentó que Mariano Rajoy hiciera lo contrario de lo que prometió en la campaña electoral. Al llegar al destino, bajó la bandera, pagué la carrera y antes de salir me dejó un último titular: “El espectáculo debe continuar”.

martes, 10 de abril de 2012

'Obispada'



Mientras España vive su particular Vía Crucis en los mercados de deuda, las procesiones de Zamora han llegado a las primeras planas de The New York Times o The Wall Street Journal y y el obispo de Alcalá es trending topic en Twitter. Imagino que por la presión de los mercados la noticia está en la penitencia que tienen que hacer los españolitos de a pie ante la amenaza de que la Europa de Merkel nos intervenga. Intuyo que las procesiones zamoranas son lo de menos para unos prestigiosos diarios que van dirigidos a los que manejan las finanzas y asumen que no nos queda otra salida que pedir milagros al santo de turno ante la desconfianza de los que nos compran la deuda. La cosa es que mientras en Grecia ponen a sus policías en alquiler para trabajos de escolta o de actores aquí apostamos por salir en procesión o que el obispo de turno la líe. En Alcalá de Henares el obispo Juan Antonio Reig Plà se ha metido en un jardín, y no de flores precisamente, con su homilía de los Santos Oficios de Viernes Santo. Igual el año que viene hasta The Financial Times desplaza a un enviado especial a la homilía de Viernes Santo en Alcalá tras el reciente revuelo. Las declaraciones homófobas e injustificables de Reig Plà en las que castigaba al fuego de los infiernos a los homosexuales -a los que vincula con la prostitución- o arremetía contras las mujeres que abortan se descalifican por sí mismas. No hace falta buscar justificaciones de ningún tipo. Es lo que hay en la curia romana y responde al pensamiento real de unos obispos cuya opinión se propaga a diestro y siniestro en cuanto abren la boca. Un ejemplo. Sólo 237.000 espectadores estaban viendo por La 2 de TVE esta retransmisión pero sus palabras encendieron la red con un efecto similar a la multiplicación de los panes y los peces. Otro milagro al fin y al cabo. Pero lamentable obispada.

lunes, 9 de abril de 2012

Bienvenido S.A.


La pugna entre Madrid y Cataluña por la fabulosa inversión de cifras mareantes de Eurovegas es de película. Las comparaciones son inevitables y por estas tierras tan castizas esta historia nos recuerda la inolvidable película Bienvenido Mr. Marshall. Hace unos días, tras el encuentro en Las Vegas de las delegaciones de Madrid y Cataluña con Sheldon Adelson, el magnate estadonidense, sabemos que la diferencia entre ambas ciudades está en las alturas, en la restricción para elevar rascacielos.

Y ahí gana Madrid. Al menos, Percival Manglano, el consejero madrileño, tuvo la oportunidad de ver de cerca a Sheldon Adelson y comprobar que existe. Llegué a pensar que bajo ese nombre lo único que se esconde es un conglomerado de empresas y de grupos inversores. Ahora que parece que Alcorcón puede unirse a Macao y Las Vegas, donde Adelson ya tiene emporios, una cosa me viene a la memoria. Es el discurso aquel del alcalde de Villar del Río cuando decía eso de: “Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación”.

martes, 3 de abril de 2012

Capirotes empapados


Después de meses sin que caiga una gota del cielo, llega la Semana Santa y hay que abrir los paraguas. Es curioso pero en los últimos años llueve menos que nunca, hay incendios en marzo, prolifera la sequía y cuando las cofradías ultiman hasta el último detalle de sus pasos de Semana Santa las nubes hacen de las suyas. Casualidad o capricho meteorológico, empiezo a pensar que más de un cofrade, antes de ponerse el capirote, debería empezar a reflexionar sobre si estamos en el camino correcto. Igual la señal del cielo es que en la tierra hay demasiado fariseísmo, pese al lustre que se saca estos días en las procesiones. No crean que con estas palabras trato de relevar ni de emular al escritor Javier Marías en su ya clásico artículo de primavera en el que año tras año critica a costaleros, cofrades y todo el séquito habitual de las procesiones fervorosas-festivas. Y eso que Marías ha hecho esfuerzos para enmendarse y hacer un acto de contricción con el propósito de ensalzar la Pascua. Han sido inútiles, porque lo que describe como abusos de los encapuchados que toman el centro de las ciudades mezclando el fervor religioso y los flashes de los turistas sigue siendo una de sus obsesiones y año tras año carga contra la Semana Santa. En mi caso no llego a su extremo. Ni mucho menos. Aunque no me gustan mucho y siempre he reprochado la falta de coherencia de muchos de los que durante una procesión se desloman cargando una imagen y el resto del año se apuntan a la vida crápula, reconozco que las procesiones tienen su aquel. Aunque sólo sea por la belleza estética y la verdadera fe de algunos. Tal vez muchos de los que hoy lloran con lágrimas de cocodrilo porque no pueden procesionar deberían pararse a pensar, si el fervor no lo impide, en que tal vez la lluvia que no les deja salir por las calles esconde un mensaje: Algo estamos haciendo mal.

martes, 27 de marzo de 2012

Materialismo


Hace unos días que el hispanista británico que probablemente mejor habla gallego, John Rutherford, recibía el título de doctor honoris causa de la Universidad de La Coruña.  Rutherford, que ha traducido a la lengua de Shakespeare El Quijote o La Regenta, no sólo es un tipo afable, culto y consecuente con su modo de vida y lo que dice. Es un humanista en el más amplio sentido de la palabra, capaz de superar la visión más materialista de la existencia. Hoy viene a esta columna porque personas de su talento se merecen que se hable de ellos, que se les haga un hueco. Porque apenas ocupan espacios en los medios de comunicación y porque su sabiduría bebe de las mismas aguas que, seguramente, inspiraron a Cervantes para narrar las aventuras del caballero de la triste figura. Que Rutherford critique la ética materialista de nuestros días y reclame que “tenemos que ser personas y no consumidores” suena a música celestial. Palabra y diagnóstico de doctor. Aunque doctor o no, persona por encima de todo.

miércoles, 21 de marzo de 2012

La lluvia

Las endorfinas tienen mucho que ver con la primavera. Y las lluvias y nevadas de estos días son como unas potentes endorfinas de optimismo tras la larga noche de la crisis. Por eso, si hay que celebrar algo estos días es el chute de optimismo que nos ha inoculado Christine Lagarde, la presidenta del Fondo Monetario Internacional. Tras acostumbrarnos al mal cuerpo que nos dejaban los batacazos del Ibex 35, la espada de Damocles que rozaba nuestras cabezas a cuenta de la prima de riesgo, las astracanadas que simbolizan los aeropuertos para paseantes y sin aviones o tantas sandeces sin fronteras que escuchamos a diario las lluvias de la primavera nos permiten soñar.  Entre tanto erial, Lagarde se ha desmarcado de la atonía general y por primera vez, alguien de peso ve  indicios sobre la recuperación económica mundial. Igual que las lluvias pueden acabar con la sequía, el agua del cielo me permite soñar con un futuro mejor. Ese futuro no será nunca como el pasado. Pero ya saben, los sueños, sueños son.

sábado, 4 de febrero de 2012

Siempre avante



La vida es como la mar, o al revés. Hay personas en las que la mar y la vida son la misma cosa. Pasan por la vida gobernando su barco, virando unos grados a babor y otros a estribor, haciendo marcaciones sobre la carta naútica para saber en dónde están y poniendo el oído a cada parte meteorológico para anticiparse a lo que pueda venir. Al fin y al cabo, navegando. Una de esas personas era mi padre, un marino de la vida y de la mar.

Hay cosas que nunca soportó. Le molestaba mucho que llamaran a los marinos "embarcados", lo que le sucedió en varias ocasiones. Sostenía que era despectivo, como si los que se ganan la comida en la mar fueran unos olvidados, gente sin patria y sin familia. Nunca se desprendió de los términos naúticos en su quehacer diario -siempre amarraba a Proa, su fiel amigo, con un ballestrinque- y no había día en que, entre gruñidos, reprobara al que dijera aparcar, en lugar de atracar un barco. Pero, especialmente, si había algo que le sacaba de sus casillas era que el hombre del tiempo dijera que soplaban vientos de componente noreste. "Nordeste, se dice nordeste... será animal!

Las grandes olas, vientos y los temporales son iguales en la mar y en la vida. Temía los huracanes, pero los afrontó cuando tuvo que hacerlo. Siempre con el timón entre sus manos. Sabía que no había que poner rumbo hacia los huracanes pero aceptaba que muchas veces eran inevitables. De la misma manera que tenía asumido que detrás de las miserias de la vida se esconde la condición humana, también tenía claro que en medio de los grandes temporales, si la naturaleza lo quiere, envía a pique a cualquier buque, por grande que sea."No importa la experiencia que tengas, ni siquiera que controles tu miedo o que tengas el mejor barco, contra la fuerza de la naturaleza nada se puede hacer. Es ella la que decide",  solía decir.

Pero tras los temporales siempre viene la calma. Esa calma que te permite vislumbrar con placidez la Cruz del Sur o las Tres Marías en el firmamento en las noches de navegación tranquila en  el hemisferio Sur o el Norte. Suena a tópico, pero era su contínua recomendación cuando le pedía consejo sobre mis avatares y bajonazos. Él lo sabía muy bien y cuánta razón tenía. Siempre dio la cara ante las incertidumbres y los mazazos de la vida, donde también soplan vientos que alcanzan la fuerza 12 en la escala Beafort. Uno de esos temporales le dejó viudo y con dos hijos de corta edad pero no se amilanó. Tiró de los cabos con más fuerza y el pensamiento siempre puesto en Mila, su estrella Polar.

Tras sus decisiones siempre había una tranquilidad que le permitía dormir a pierna suelta. Le gustaba dormir. No sin cierta nostalgia recordaba el sueño que había pasado a lo largo de su vida, en especial en esas largas noches surcando los océanos, o tras los golpes que le propinó la vida. "Nunca se termina de dormir en un barco, siempre estás alerta, con un ojo abierto y otro cerrado". Esta frase me la dijo muchas veces, frente al "Padre Cantábrico" en San Vicente de la Barquera, donde dio sus primeros pantocazos a bordo de un pequeño pesquero de vapor; o en Ribadeo, donde tanto le gustaba escuchar la señal acústica del faro en los días de niebla o los pitidos de los mercantes que entraban y salían del puerto.

Claro, que también el mar de Madrid, el de la tierra firme, le quitó muchas horas de sueño.  Los golpes de la mar son duros, pero los del día a día, lo son aún más. Él lo supo bien. Era un luchador, algo que explotaba en todas sus facetas. Los que jugaron al tenis sabían que no daba una bola por perdida...

Jamás perdió la ironía ni cierta socarronería, que transformada en virtud le permitía decir la mayor burrada del mundo y ser apreciado al mismo tiempo. Desde luego que no dejaba indiferente a nadie. Le gustaba pinchar, muchas veces hasta la impertinencia, con esa sonrisa del niño travieso que fue y que se dibujaba en su cara. Pero siempre iba de frente. Decía lo que quería, cuando y donde se le antojaba. Y lo hizo con el aval que otorga tener un alto sentido de la responsabilidad, la justicia y la generosidad.

Quienes coincidieron con él en algún momento de su singladura por este mundo comprobaron que era fiel a sí mismo, a sus hijos, a su familia... En definitiva, un hombre consecuente que desde el puente de mando, tras cada guardia de mar, me recordaba que no olvidara nunca la fórmula del rumbo verdadero y que navegara siempre avante. 



A mi padre
Por Víctor Enríquez

Querido capitán
nuestro capitán
Que te lleven
por buen rumbo
las sirenas
Que te cuiden
con tesón los ángeles
Que después de luchar
en tantas batallas
navegues feliz
por mares de luz y de paz
Querido capitán
nuestro capitán.
-------------------
Nos dejas
el sabor a mar
y tu gorra de capitán
Nos dejas
las palabras sagradas
de los hombres nobles y valientes
Nos dejas
un océano de tristeza dentro del corazón.
--------------------
Aunque el mundo
continúa revuelto
con su festival interminable
de sucesos y confusiones
ya tú, nuestro capitán
te vas a pescar atunes en el cielo
¿Valió la pena 
luchar contra 
la ballena blanca?
Tu gorra de audaz marino
se queda quieta y azul
sobre la cubierta
de tu barco.
 

Madrid, 31 de enero de 2012