viernes, 5 de noviembre de 2010

Ciudad Global

Santiago de Compostela y Barcelona se han cargado de razones para ser ciudades globales. No les hacía falta, pero la visita del Papa les ha permitido lucir esta marca gracias, entre otras cosas, a que las previsiones apuntaban a que más de 150 millones de telespectadores iban a seguir el viaje de Benedicto XVI por televisión. No voy a meterme aquí a debatir sobre los beneficios morales y los otros, los contantes y sonantes, de un viaje pastoral del sucesor de San Pedro. Aunque no se me escapa que, pese al coste de la organización, habrá pingües beneficios para Barcelona y Santiago. Ese debate no me interesa. Entre otras cosas porque, probablemente, no existe otra manera de organizar una visita que congregará a miles de personas. Tampoco me detengo en analizar las absurdas protestas de los grupos laicos o la espantá de los consejeros del Gobierno catalán, de la mayoría de concejales de la ciudad condal o del propio ZP a la misa de consagración de la Sagrada Familia. Allá ellos, al fin y cabo con las creencias, cada uno se la puede coger con papel de fumar y hacer lo que le plazca. En lo que me quiero detener es en eso de la ciudad global. Así definió a Barcelona el otro día su alcalde, Jordi Hereu, al referirse a la importancia que tiene para la ciudad la visita del Santo Padre. Explicaba que la ciudad condal está jugando en las grandes ligas de las ciudades globales y que el reto al que se enfrenta esta urbe era mantener, al mismo tiempo, sus profundas raíces. Por cierto, muy católicas. Hasta ahora creía que la ciudad más global del mundo era Bilbao, porque al fin y al cabo se dice que los bilbaínos nacen donde les da la gana. Pero resulta que hay una liga de ciudades globales que desconocía. Una ciudad puede ser tan local y global como uno quiere que sea. También las ciudades pueden ser crueles y amables. Las ciudades se quieren, se detestan y probablemente no existe peor sensación mundana que sentirse sólo en una ciudad de 6 millones de habitantes. Pero la ciudad siempre están ahí, las 24 horas del día, mostrando sus miles de caras. Quien hace local y global a las ciudades son los ciudadanos y prefiero antes una ciudad para vivir, que una ciudad cargada de etiquetas en forma de apellido. Ahora más que nunca vivimos abiertos al mundo, en unos lugares más que otros, pero no hay ciudad que se resista a la tentación de apuntarse a redes supramunicipales, internacionales y, si es necesario, promocionarse en China. Lo que espero es nunca tengamos un empacho de globalización y nos digan que de Madrid ya no se va al cielo.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Ecuador: un país en calma tensa






Han pasado ya varios días desde de la sublevación policial contra el presidente de Ecuador, Rafael Correa, que permaneció varias horas retenido en un hospital hasta que fue rescatado por un grupo de élite militar. Las investigaciones para aclarar lo sucedido en el Hospital de la Policía de Quito siguen abiertas y en Ecuador se vive un intenso debate. ¿Fue un golpe de Estado con el objetivo de eliminar a Rafael Correa o una protesta salarial por una nueva ley que afectaba a los policías lo que desencadenó los acontecimientos? Un mes después la revolución ciudadana emprendida por Correa sigue adelante con el apoyo popular, pero la situación que se vive en las altas instancias es de calma tensa. El líder ecuatoriano insiste en que “no habrá ni perdón ni olvido”. Lo advirtió tras su liberación y mantiene esta determinación, así como que hubo un intento de golpe de Estado, tras el que señala al ex presidente Lucio Gutiérrez.

Hilda es una quiteña que regenta una tienda cerca de la plaza de San Francisco, el lugar elegido por miles de ecuatorianos llegados de todo el país para expresar su apoyo a Rafael Correa unos días después de una fecha negra para la historia del país: el 30 de septiembre. Quince días antes de esta muestra de apoyo popular, Hilda tuvo que cerrar su tienda por temor a los saqueos que se podrían producir al difundirse que Rafael Correa estaba “secuestrado” en el hospital por policías. En cuanto tuvo conocimiento de lo que pasaba echó el cierre y se fue a casa. Recuerda con tristeza ese día, e ironiza con que esa noche no pudo seguir las desventuras de Marbelle, una artista colombiana cuya vida se ha convertido en telenovela de éxito bajo el título de Amor sincero. Su cita ante el televisor con Marbelle se cambió por la vida real, la de los tiros y gritos de las afueras del hospital de la policía donde Correa estuvo retenido. Tampoco tuvo Hilda otra opción porque ese día no existió más que la señal oficial de la cadena televisiva del Estado, Ecuador TV.

Hilda se declara a favor de Correa y de la revolución ciudadana emprendida por el dirigente para modernizar el país, y reconoce que casi le saltan las lágrimas cuando vio y escuchó al presidente en el balcón del palacio presidencial, tras ser liberado, decir unas palabras que “nunca olvidará”. El presidente Correa se rasgaba la camisa y se desanudaba la corbata en una imagen que dio la vuelta al mundo: “Si quieren matar al presidente, aquí está: mátenme si les da la gana, mátenme si tienen valor, en vez de estar en la muchedumbre, cobardemente escondidos”.

Ese día también lo vivió Marcia con toda su crudeza, no exenta de miedo, temor y ansiedad. Tras conocer lo que ocurría en Quito organizó desde Otavalo, una ciudad situada a dos horas al norte de la capital, la salida de cuatro autobuses para respaldar al presidente. En uno de ellos viajó esta aguerrida mujer que cree como nadie en Correa y que se desplazó a la capital ecuatoriana “para defender la democracia”. Lo que no sabía es que en las inmediaciones del hospital iban a tener un recibimiento de piedras, bombas lacrimógenas, gas pimienta y como colofón vespertino un brutal tiroteo, lo que en Ecuador se conoce como balacera.

Y lo cierto es que Correa estuvo a punto de perder la vida el 30 de septiembre tras un sangriento tiroteo que dejó diez muertos, decenas de heridos y muchas incógnitas. Todo comenzó como una protesta de los policías por asuntos salariales por una nueva ley que se transformó en un levantamiento en toda regla, que obligó a Correa a quedar atrapado en un hospital cercano al sitio del motín. En principio había acudido a explicar la ley rechazada por los manifestantes, pero desembocó en momentos de incertidumbre para el país tras interminables horas de espera, que acabaron a balazos.

Desde entonces se investiga todo lo sucedido y en Quito se mantiene el estado de excepción. En torno a Correa hay una calma tensa, la oposición insiste en que sólo hubo una sublevación por asuntos laborales, pero no un golpe de Estado. No obstante, el Ejecutivo de Correa ya no duerme con los dos ojos cerrados. Siempre mantiene uno abierto. Una de las primeras consecuencias ha sido reestructurar los servicios de inteligencia después de que fueran incapaces de alertar la sublevación policial y militar del 30 de septiembre. Para ello un ex comandante de la Marina, asesor del vicepresidente de Correa, Lenin Moreno, acaba de asumir el cargo al frente de Inteligencia.


Mientras tanto, los hechos se siguen investigando, aunque no están exentos de sorpresas como la exhumación de dos cadáveres de militares fallecidos en la revuelta del 30 de septiembre que fueron enterrados sin que se les practicara la autopsia. La fiscalía ha citado a declarar a los principales funcionarios del país, incluido Lenin Moreno y Correa, y están detenidos varios policías, entre ellos, el coronel César Carrión, ex director del hospital de la Policía donde se retuvo al presidente. El propio Rafael Correa le acusa de intento de asesinato y sostiene que el coronel Carrión sugirió envenenarlo con cianuro mientras se encontraba en el hospital.
Además, está en prisión preventiva un civil, Fidel Araujo, miembro de Sociedad Patriótica, cercano al ex presidente Lucio Gutiérrez y acusado de participar supuestamente en el intento de asesinato de Correa.


Cada sábado, Rafael Correa se dirige por televisión al pueblo ecuatoriano en lo que se conoce enlace sabatino. La Revolución Ciudadana que ha emprendido se sustenta en la popularidad y mantiene este principio por encima de todo. Desde su secuestro en el hospital de la policía insiste en estas comparecencias de los sábados en que fue una intentona golpista. A lo largo de los últimos días mucho se ha especulado sobre lo ocurrido el 30 de septiembre y la mayoría de analistas coinciden en que lo sucedido es “una advertencia para Correa”. No obstante, esto es Ecuador, un país acostumbrado a los cambios de Gobierno. Omar, un joven ecuatoriano, desea que se investigue a fondo lo sucedido, aunque no oculta su escepticismo. “Aquí estamos acostumbrados a decir que se llegará hasta las últimas consecuencias, pero nunca se llega”, asegura. Sin embargo, todo hace indicar que con la figura de Rafael Correa las cosas han cambiado en Ecuador.

Propaganda y autoridad. Para algunos, Correa es un soñador que quiere transformar las estructuras de un país que hasta ahora ha tenido una enorme dependencia del petróleo como principal fuente de ingresos. Correa llegó al poder en 2007, es economista, se educó en Estados Unidos y Europa, y está dispuesto a cambiar Ecuador mediante lo que denomina la Revolución Ciudadana. Sus reformas están acompañadas de una gran propaganda, especialmente criticada por la oposición, de un control de los medios de comunicación y de formas autoritarias. Pero el pueblo le respalda. Sin embargo, muchos ecuatorianos están convencidos de que el la supuesta intentona golpista del 30 de septiembre no funcionó porque los militares comprobaron que el pueblo estaba con Correa. Sin embargo, se suscitan dudas y hay quien se cuestiona qué se negoció con los militares durante las doce horas en las que Correa estuvo retenido, hasta que fue liberado pasadas las nueve de la noche tras una espectacular operación.

Por eso, esos acontecimientos constituyen una advertencia para que cambie las formas. Correa ha exhibido firmeza para combatir la corrupción, incluida la lucha contra los clanes secretos de la policía, pero tampoco ha dudado en responder con dureza a quien no piensa como él. La Iglesia católica, por ejemplo, también se ha sumado a las corrientes críticas que piden cambios en la manera de gobernar de Correa. Un mes después de los acontecimientos, parece que el presidente de Ecuador sigue adelante con sus principios y sus maneras. De hecho, anuncia que el régimen se moverá más a la izquierda fortalecido por el respaldo popular. Pero la calma no es total.

“No mide los riesgos”. Otras voces como la del alcalde de Otavalo, Mario Conejo, también creen que sería bueno “cierto cambio” en las actitudes de Correa porque “tiene tanta popularidad que hace que muchas veces no mida los riesgos”. Y es que la popularidad de Correa entre los ecuatorianos sigue en alza, apenas ha bajado del 50%, como ponía de manifiesto Radio Democracia, y tras el 30 de septiembre se ha afianzado más aún.

La opinión de Mario Conejo tiene peso porque es uno de los políticos con mayor proyección en el país andino, aunque por ahora descarta dar un paso a la política nacional. Lleva diez años de alcalde, y le quedan otros cuatro más al frente del consistorio de un municipio famoso por albergar un ancestral mercado indígena, uno de los más grandes de Latinoamérica. Allí, el olor a morocho y fritada, los sombreros Panamá (que se hacen en Ecuador pese al nombre), las mantas de alpaca, ponchos y expresiones quechuas se entremezclan en los centenares de puestos que dan vida a esta ciudad, en especial los sábados.

En Otavalo la mayoría es indígena y su alcalde también lo es. Respalda a Correa aunque aclara que “no podría ser incondicional, por más que sea del movimiento”. Cree que lo sucedido el 30 de septiembre no responde a un golpe de Estado “ya que no estaba prevista su presencia en el regimiento de la policía de Quito, donde los ánimos ya estaban caldeados”. Sin embargo, tiene claro que la oposición, “los de siempre”, intentaron aprovechar la situación para propiciar un cambio de Gobierno y derrocar a un presidente que ha llevado a cabo numerosas e importantes reformas en el país, “pero no contaron con la reacción inmediata del pueblo”.

Correa gobierna sin oposición en la Asamblea Nacional, controla la mayoría de los asambleístas, y cuenta con una gran popularidad, que él mismo y sus asesores se encargan de potenciar. El populismo se materializa, por ejemplo, en hechos concretos como el bono de desarrollo humano que reciben alrededor de un millón y medio de familias pobres cada mes, un subsidio que puede llegar a los 60 dólares. La mayoría democrática de la que goza Rafael Correa también le permite caer en la tentación de hacer de su capa un sayo para controlar los medios de comunicación. De hecho, la nueva Constitución aprobada hace dos años impedía a los bancos ser propietarios de los medios de comunicación. El control mediático quedó patente durante el 30 de septiembre cuando los ecuatorianos sólo pudieron seguir lo que ocurría en el hospital de Quito mediante la señal oficial difundida por todos los canales de televisión.

Mientras en los últimas semanas en los medios de comunicación se suscita un intenso debate entre la versión oficial y de la oposición sobre la revuelta del 30 de septiembre, los cambios en el país son evidentes. Un taxista de Quito recuerda con angustia el día de la revuelta, en especial la tarde. Con la ciudad a merced de posibles saqueos, con los policías más pendientes de la revuelta que de vigilar las calles, el conductor explica que se fue a su casa, situada en una de las laderas del sur de la capital ecuatoriana, por cautela. Reconoce que no es partidario de Correa, aunque admite que hay cosas que han cambiado desde que gobierna en Ecuador. “Hace poco t­­uve que estar hospitalizado por una obstrucción en el intestino ­­­­­­­–explica mientras conduce su taxi entre el caótico tráfico de Quito- y… ¿sabe cuánto me costó? Un dólar”.

Conducir ‘a la defensiva’ y… petróleo. Aunque la sanidad pública está lejos de los países occidentales y todavía hay lugares donde los pacientes tienen que salir a comprar los fármacos y los sueros, en los últimos años hay avances significativos. El mandatario cuenta con un amplio respaldo popular, sin el que no podría ejecutar un ambicioso plan de reformas y acabar, por ejemplo, con el déficit eléctrico que padece el país pese a contar con recursos hídricos suficientes. Las inversiones en carreteras, como en la famosa Panamericana, con numerosos tramos nuevos y otros en ejecución, todos con sus respectivos peajes, son evidentes. Sin embargo, la asignatura pendiente de la educación vial tardará en llegar. En Ecuador se invita a conducir “a la defensiva”, es decir, con precaución. Pero el mensaje está lejos de calar. Este es uno de los consejos que se propagan desde la maquinaria propagandística de la ‘Revolución Ciudadana está en marcha’, cuyos carteles jalonan todos los rincones del país invitando a potenciar el turismo, a consumir productos ecuatorianos o dando a conocer nuevos tramos de carreteras, entre otras cosas.

Los cambios en Ecuador en los últimos años son visibles. Se abren nuevas oficinas del Registro Civil en todo el país, los ecuatorianos se familiarizan con el pago de impuestos, se ultima un nuevo censo y funciona un régimen de la Seguridad Social. Hace dos años que se aprobó una nueva constitución que nacía como panacea para todos los males del país, pero cono ella o sin ella, el presidencialismo de Correa es evidente. El presidente apuesta por aumentar el gasto para afrontar las desigualdades sociales, de modo que la educación, la sanidad y las infraestructuras son sus prioridades, pero la crisis también afecta a Ecuador, un país que usa el dólar como moneda oficial desde el año 2000 y que se beneficiaba mucho del dinero que recibía de los emigrantes. Sólo en la Comunidad de Madrid hay 124.491 ecuatorianos empadronados, pero las remesas que envían a su país han caído mucho. Así lo revela el Estudio de Envío de Remesas desde la Comunidad de Madrid en 2009, que destaca que Ecuador es el segundo país receptor, con 279 millones, un 43%,8 menos que en 2008.

Así que la mayor parte de los ingresos provienen del petróleo. Hasta ahora el precio del barril se ha mantenido alto, superando los 70 dólares por barril, algo que otros presidentes del país no pudieron utilizar, con precios mucho más bajos. Pero hay analistas que explican que el precio del crudo empieza a caer, lo que unido a que Ecuador sólo obtiene crédito de Irán y China, a cambio de petróleo, puede poner en aprietos los objetivos de Rafael Correa e incluso la dolarización.

Mientras tanto, Correa está decidido a incrementar la producción petrolífera y hace unos días inauguró en la selva amazónica, en Pañacocha, cerca de la frontera con Colombia, un campo petrolífero con el que quiere abrir una nueva era ecológica y social, ya que parte de la renta irá destinada a las comunidades de la zona. No muy lejos de allí, en el inicio de la selva amazónica ecuatoriana está la ciudad de Puyo, otro enclave habituado a los oleoductos y al negocio del oro negro, como atestigua su cercanía con una población que lleva el petrolero nombre de Shell. El petróleo ha marcado la historia reciente de Ecuador, un país de contrastes en medio de volcanes y la impresionante cordillera andina. Así que no estaría mal reflexionar sobre la inscripción que se puede leer en la entrada de cementerio de Puyo: Aquí se termina el orgullo y comienza la igualdad.

viernes, 29 de octubre de 2010

Halloween


El patio cañí está más que revuelto estos días. Espero que el fiestorro de Halloween, entre muertos vivientes, calabazas y disfraces proporcione al menos un poco de sosiego en las revueltas aguas patrias. Durante algún tiempo me resistía a caer bajo el influjo de una fiesta anglosajona cuyo icono es una calabaza. Aquí alabamos a los santos porque es algo que no se discute desde tiempos inmemoriales, pero nos apuntamos a la farra de Halloween. Ahora que se impone la gresca nacional, y traspasa las fronteras de la política, más de uno debería volver a sus orígenes, olvidar la vanidad y, tal vez, regresar a sus pueblos para convivir con la muerte. Uno de los mejores ejemplos que conozco es el que retrató Pedro Almodóvar en Volver. El cineasta manchego convirtió en imágenes algo que en La Mancha saben bien: la muerte está llena de vida y de gracia. La primera escena de la película es una de las más reales que se hayan filmado nunca. Penélope Cruz comparte planos con un grupo de mujeres en el cementerio de Granátula de Calatrava. Estas mujeres no tienen que actuar para limpiar sus futuras tumbas. Son ellas mismas y su fregoteo forma parte del rito de la vida. Nada que ver con el apogeo forzado del brujerío y los zombies a ritmo de Thriller con pestilencia a gin-tonic de la noche del 31 de octubre. El Halloween de este año vino acompañado de un totum revolutum. Es como la cesta de la ropa sucia, donde el color se mezcla con el blanco. Si quieren les pongo unos ejemplos. El siempre lenguaraz y consentido Fernando Sánchez Dragó hace literatura de unas presuntas relaciones sexuales que mantuvo en 1967 con dos japonesas de trece años. Ahí queda eso, y él tan pancho porque como buen provocador sabe que el escándalo le beneficia, lleva años viviendo, haciendo y diciendo lo que le da la real gana. Nadie le frena. Por si teníamos poco el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, arremete en plan rijoso contra Leire Pajín. Y hasta Fangoria y Alejandro Sanz se enzarzan vía Twitter. Pero si hay un pique que me ha enganchado es el de Arturo Pérez Reverte, que ha engordado la santísima trinidad de sus desvelos, la de curas fanáticos, reyes incapaces y ministros corruptos, al decir en Twitter que Miguél Ángel Moratinos “se fue como un perfecto mierda”. Las lágrimas que exhibió el ministro al dejar su cargo en Asuntos Exteriores desataron la ira de ese capitán Alatriste que lleva dentro el escritor. Halloween es, al fin y al cabo, una noche de disfraces y huesos de santo, pero aunque tenga que elegir entre truco o trato si tengo algo claro es que a más de uno daría calabazas.

viernes, 15 de octubre de 2010

Corruptelas


En la cola de la panadería tres temas monopolizan estos días la conversación. Con la salvedad del rescate de los 33 mineros de Chile, Belén Esteban y la clase política son la comidilla. Hasta el fútbol ha pasado a un segundo plano en las tertulias panaderas mientras esperas la oportunidad de llegar a casa con el pan debajo del brazo. De Belén Esteban hoy no hablaré. Sólo me limito a expresar un convencimiento: todavía hay una mayoría silenciosa a la que le importa tres cominos las aventuras y desventuras del petardeo patrio. Lo segundo es más curioso y preocupante. En esta misma columna ya me despaché alguna vez contra la clase política, cada vez más desprestigiada. No es porque lo diga yo, sino porque ahora el barómetro del CIS ya ha confirmado de nuevo que la clase política es un problema para los españoles. Por detrás del paro y la crisis económica, los políticos están ahora más en la picota que nunca. Del “todos los políticos son iguales” hemos pasado al “están aquí para llevárselo calentito” y “sólo piensan en lo suyo”. Estas frases las escuché el otro día en la panadería mientras esperaba turno para pedir una barra bien cocida. Los Gürtel, Pretoria y Malaya, entre otros casos de saqueo político de lo público han colmado la paciencia de los españoles, aunque rechazo las teorías más pesimistas que apuntan a que la corrupción se ha generalizado en todos los ámbitos de la administración, en especial la municipal. Para explicar este fenómeno creo que la caja tonta tiene mucho que ver. Probablemente ese desfile de vanidad y choriceo a pecho descubierto que exhiben los imputados en el caso Malaya, muchos de ellos protagonistas del papel couché y de los platós de televisión, es lo que ha desatado de manera definitiva la ira del personal. Exhibir un cuadro de Miró en el cuarto de baño es impúdico, pero lo ignorábamos hasta que la policía difundió un vídeo que mostraba el interior de una de las casas de Juan Antonio Roca, uno de los presuntos malayos. Ese Miró es el símbolo de esa sociedad fanfarrona y pestilente. Aquí no ha fallado sólo el control de las autoridades para frenar la tentación de la corrupción, el dinero negro y el compadreo político. También ha habido exceso de tolerancia ciudadana, como hace unos días apuntaba el periodista de ABC Ignacio Camacho. Esta tolerancia propició que las corruptelas se afianzaran en sus chiringuitos una elección tras otra con los votos de los ciudadanos. La manipulación del poder y la estupidez política son por desgracia ingredientes del pan nuestro de cada día, igual que de una mala harina se hace un mal pan.

Chile, un ejemplo a seguir


La gestión de la crisis de los 33 mineros atrapados a 600 metros bajo la tierra demuestra que las buenas noticias tienen cabida en este mundo globalizado. Miles de personas en todo el mundo han seguido en directo, por televisión, el rescate de cada uno de los mineros encerrados en esa mina durante dos meses y han compartido las mismas sensaciones. Cada vez que un minero emergía en la cápsula diseñada por la NASA el júbilo se extendía por todo el planeta. Este episodio contienen muchas lecturas gratificantes, pero demuestra que el trabajo en equipo, la prudencia, el esfuerzo y la colaboración de países muy diversos son capaces de obrar el milagro. La misión para rescatar a los mineros de las entrañas de una mina en el desierto de Atacama ha sido un ejemplo para todo el mundo y demuestra que cuando hay un objetivo común se pueden traspasar las diferencias que crea la condición humana. En la era digital y de Internet no hay distancias, por eso llama mucho la atención modélica que recibieron los 33 mineros. El rescate fue un ejemplo de superación, unión y confianza de los ciudadanos en su gobierno. No estaría mal que esa magistral lección se aprendiera en España, donde las diferencias se manifiestan en forma de abucheos al presidente del Gobierno cuando se honra a los caídos, o cuando el carburante de la solidaridad se agota para las víctimas del 11-M.

jueves, 7 de octubre de 2010

'Bronceadas'


A los españoles no nos van los términos medios. O héroe o villano, o blanco o negro. En el ADN de nuestro código genético no contemplamos la escala de grises. La pasión nos ciega tanto que nos apuntamos al caballo ganador con la misma facilidad que descuartizamos sin rubor a un ídolo sin estrella. A la hora de salir a la calle somos los que más bulla montamos y los que más tarde nos acostamos. Si se trata de fútbol y es la Roja, ni hablamos... Tras saldar la deuda histórica del Mundial sólo le faltó al Gobierno decretar tres días de jarana para que los súbditos celebraran como en una comunión de multitudes el gol de Iniesta (golazo, por cierto). Desde que la Roja pisó el aeropuerto de Barajas se sucedieron las celebraciones para homenajear a los tercios de Sudáfrica. Merecidas, por supuesto. Pero algo debe fallar aquí cuando el equipo nacional de baloncesto femenino logra una histórica medalla de bronce en el Mundial y en la T-4 del aeropuerto están sólo sus familiares, amigos y un puñado de reporteros gráficos. ¡Qué quieren que les diga! Entiendo que no se tuviera que cortar la Castellana para homenajear a Amaya Valdemoro y sus compañeras, pero eché de menos la pasión de esa gente que aguanta colas para hacerse la foto con la Copa del Mundo o a las autoridades que usan influencias para conseguir entradas de la final de un Mundial... de fútbol. Ya que el baloncesto femenino se juega en familia, me conformo con que al menos los lectores de esta columna sepan que este equipo femenino se ha colgado una medalla de bronce en un campeonato del mundo. Es fantástico y no tiene nada de casualidad. Es el colofón a un lustro extraordinario donde el trabajo, la entrega y el talento han dado este resultado. Lo malo es que es baloncesto femenino. Todavía hay una asignatura pendiente en la cultura deportiva de este país. Aquí que se habla tanto de cuotas femeninas y políticas de igualdad no hubiera estado de más un poco más de calor institucional hacia una jugadoras que llegaron de la República Checa bronceadas, pero no de sol, sino con una medalla de bronce. Esta presea también la tiene colgada del cuello la hija de un buen amigo. Madruga con ella cada sábado para acompañarla a los partidos y admite, a su edad, que el baloncesto femenino le ha enseñado mucho. Me sorprende su sinceridad. Siempre fue un tipo duro, en especial en las canchas, y ahora ha descubierto que el deporte no es sólo cosa de hombres. El otro día me llamó para preguntarme si sabía dónde se iba a celebrar este triunfo. Quería llevar a su hija. Lo malo es que no pude ayudarle.

lunes, 4 de octubre de 2010

Alienígenas


La realidad es caprichosa. Los que vivimos de ella en forma de noticia lo sabemos bien. Es tan caprichosa como queramos y nos obliga a hacer un constante ejercicio mental. Una veces se viste de tropelía, otras de antojo, pero la multitud de formas que adopta no impide que sea parte de la vida cotidiana. La realidad es capaz de desafiar el orden del universo con la misma frescura que las mentes privilegiadas de algunos científicos intentan en sus laboratorios lo imposible. Pero también crea tantas contradicciones internas y moratones como uno esté dispuesto a encajar. En la película El Orfanato Geraldine Chaplin ofrecía una clave para entender lo que nos rodea cuando el personaje que interpreta, una vidente, dice aquello de “no hay que ver para creer, sino creer para ver”. Algo así me está sucediendo en los últimos días con varios asuntos que pululan por mi cerebro. Unos son muy visibles, otros se debaten en los hemisferios cerebrales de la misma manera que la ciencia y Dios chocan en cuanto se experimenta con las probetas. La capacidad humana de percibir la realidad de distinta manera es enriquecedor, aunque también puede convertirse en una pesadilla. Estos últimos días ni la huelga general del 29-S ni el solomillo de Irún que siembra dudas en la carrera de Alberto Contador se suben al podio de mis neuras. Lo que me altera el sueño es la amenaza de saltar a la arena política de la princesa del pueblo, Belén Esteban, esa chica de barrio sin pelos en la lengua y ojos saltones que habla de lo divino y lo humano. Hasta ahí no se diferencia de ningún hijo de vecino. Hemisferios cerebrales tienen todos, y ella también. Ahora, cómo los utilicen es cosa de cada uno y se retratan por sí mismo. Que Belén Esteban advierta, sin primarias ni nada, que si esto sigue así monta un partido político no debería pasar del chascarrillo. Lo malo es que se lo crea y que una empresa de sondeos de prestigio como Sigma Dos participe en este conato de esperpento patrio dá que pensar. Al paso que vamos empiezo a desear que la Esteban se presente a las urnas con la misma convicción que la ONU nombra a una embajadora para tratar con los extraterrestres. Fue una falsa noticia, de esas que arrasan como las más leídas en Internet, pero que no deja a nadie al margen. Es una pena, porque si la fantasía de The Sunday Times hubiera sido cierta aparcaría mi escepticismo en cualquier lugar. Y eso que me había planteado instalar una centralita telefónica en casa invitando a marcar el 1 para contactos con alienígenas y el 2 para dejar un mensaje. ¿Ver para creer o creer para ver? Ustedes dirán.