lunes, 8 de febrero de 2010
Lágrimas en la lluvia
No hace mucho tiempo los avances tecnológicos eran más pausados. Había un tiempo para digerirlos. La guerra entre el vídeo VHS y el Beta parece ahora un juego de niños ante la TDT y la era digital. Hay tantos aparatos en tan pocos años que basta con rebuscar en el cuarto de los leones de la casa para encontrarte con ingenios tecnológicos que ahora parecen reliquias de tiempos remotos. El otro día miraba con nostalgia el tocadiscos que con tanto cariño conservo. Las cintas de cassete que grababa de la radio nunca fueron rival para el rey de los aparatos de música: el tocadiscos estereofónico. Las cosas empezaron a cambiar de manera frenética. Un día los vinilos que guardo como paño en oro se convirtieron en un elemento más de decoración y el tocata pasó al trastero. El ritmo de cambios en todo lo que nos rodea es tan rápido que sólo la capacidad de adaptarnos a ellos garantiza la supervivencia. Facebook, por ejemplo, te recuerda el cumpleaños de menganito o zutano y no sería extraño que ejerza de martillo pilón con el tiempo que nos queda para jubilarnos, incluidos los dos años extra hasta los 67 tacos. ¿Quién iba a pensar algo así hace sólo dos años? Ahora que dicen que el futuro del cine pasa por el 3D y la animación también estoy en la duda de tirar la colección de películas grabadas en VHS o depositarlas en el museo de las reliquias olvidadas, es decir, el trastero. Hubo un tiempo en que pensaba que después de La Guerra de las Galaxias, Alien o Blade Runner el cine había tocado su techo en lo que a efectos especiales se refiere. El señor de los anillos me hizo caer del limbo y Avatar demuestra que hay galaxias más lejanas. Esta película es de las que marcan un antes y un después. Hasta ahora el cine en 3D estaba relacionado más con el público infantil que con el adulto, pero James Cameron igual que Tim Burton ha dado en la clave del futuro. Lo digital y el 3D no sólo estarán al servicio de la ciencia ficción o la animación, también traspasarán la barrera del celuloide para todo tipo de géneros. El replicante de Blade Runner encarnado por Rutger Hauer recordaba antes de morir batallas más allá de Orión o los rayos C cerca de la puerta de Tannhauser y advertía de que "todos esos momentos se perderán como lagrimas en la lluvia". En mi museo de las reliquias olvidadas estará en VHS la película de Ridley Scott. Eso si, guardada como oro en paño.
lunes, 1 de febrero de 2010
Diario de un demente
Tuve una premonición...
Intensidad defensiva, rebote y contraataque son los ingredientes que nos ponen más a los aficionados al baloncesto. Si a esto le pones la guinda de unos triples estratosféricos en el momento justo, para romper definitivamente al rival, mejor que mejor. Y de eso hubo mucho en el Telefónica Arena. Tuvo que ser ante un equipo como la Penya, con el que Estudiantes comparte la filosofía de cantera y el orgullo de representar como nadie el BA-LON-CES-TO, cuando los colegiales confirmaron que han alcanzado la velocidad de crucero. Los de Luis Casimiro tienen la confianza y la ambición que cualquier equipo necesita para superar los límites que se fijen. Puede que al final todo dependa de que el balón entre o no, que es lo que, en definitiva, separa el éxito del fracaso, pero tan importante como llegar al final con opciones son las sensaciones. Y el sábado, sólo con el primer cuarto comprobé que las sensaciones que transmite el Estu son muy buenas, tal vez de las mejores de los últimos años. El primer cuarto dejó muchas cosas claras. Que el equipo defiende a muerte, en especial en la línea de pase, que Popovic y Caner-Medley son un seguro de vida en la pintura tanto en la intimidación como en el rebote, que Carlos Suárez se sale... Con esta tarjeta de visita si las cosas van rodadas la victoria es más factible. Vamos, que los colegiales juegan en equipo y el Estudiantes roza ese sueño de hacer fácil lo difícil. Esa es la aspiración máxima de cualquier jugador o entrenador.El sábado, tras el primer cuarto ante el ante un DKV Joventut encomendado a Koffi, con Tucker desaparecido en combate y anulado por completo en la pista, tuve la premonición de que se iba a ganar. Y no es algo que me ocurra a menuda porque soy más bien tirando a escéptico. Es fácil decirlo ahora, que el partido ha terminado, pero estaba seguro de que el dibujo tras los primeros diez minutos iba a ser el mismo en el pitido final. Supongo que sólo son sensaciones, porque los poderes paranormales en esto del baloncesto ni existen ni se les espera, al menos desde que Jordan se retiró... A lo mejor me pudo el deseo porque después de tanto tiempo con la Penya mojando la oreja el Estu –excepto el partido de cuartos de la Copa del Rey del año pasado– era la hora de acabar con esa estadística negra de los últimos enfrentamientos de liga entre los dos equipo históricos del baloncesto español. El juego de patio de colegio se impuso ante un impotente DKV Joventut, que pese a sus cambios de defensa y sus reacciones esporádicas se fue desinflando. Supongo que Sito Alonso no estará nada contento...
Rebote. Ver al Joventut de Badalona sin las genialidades de Ricky Rubio en la pista es extraño. El joven letón Kristaps Valters recuerda irremediablemente a su padre, Valdis, aunque no tiene el tiro del mítico jugador de la entonces URSS.
Intensidad defensiva, rebote y contraataque son los ingredientes que nos ponen más a los aficionados al baloncesto. Si a esto le pones la guinda de unos triples estratosféricos en el momento justo, para romper definitivamente al rival, mejor que mejor. Y de eso hubo mucho en el Telefónica Arena. Tuvo que ser ante un equipo como la Penya, con el que Estudiantes comparte la filosofía de cantera y el orgullo de representar como nadie el BA-LON-CES-TO, cuando los colegiales confirmaron que han alcanzado la velocidad de crucero. Los de Luis Casimiro tienen la confianza y la ambición que cualquier equipo necesita para superar los límites que se fijen. Puede que al final todo dependa de que el balón entre o no, que es lo que, en definitiva, separa el éxito del fracaso, pero tan importante como llegar al final con opciones son las sensaciones. Y el sábado, sólo con el primer cuarto comprobé que las sensaciones que transmite el Estu son muy buenas, tal vez de las mejores de los últimos años. El primer cuarto dejó muchas cosas claras. Que el equipo defiende a muerte, en especial en la línea de pase, que Popovic y Caner-Medley son un seguro de vida en la pintura tanto en la intimidación como en el rebote, que Carlos Suárez se sale... Con esta tarjeta de visita si las cosas van rodadas la victoria es más factible. Vamos, que los colegiales juegan en equipo y el Estudiantes roza ese sueño de hacer fácil lo difícil. Esa es la aspiración máxima de cualquier jugador o entrenador.El sábado, tras el primer cuarto ante el ante un DKV Joventut encomendado a Koffi, con Tucker desaparecido en combate y anulado por completo en la pista, tuve la premonición de que se iba a ganar. Y no es algo que me ocurra a menuda porque soy más bien tirando a escéptico. Es fácil decirlo ahora, que el partido ha terminado, pero estaba seguro de que el dibujo tras los primeros diez minutos iba a ser el mismo en el pitido final. Supongo que sólo son sensaciones, porque los poderes paranormales en esto del baloncesto ni existen ni se les espera, al menos desde que Jordan se retiró... A lo mejor me pudo el deseo porque después de tanto tiempo con la Penya mojando la oreja el Estu –excepto el partido de cuartos de la Copa del Rey del año pasado– era la hora de acabar con esa estadística negra de los últimos enfrentamientos de liga entre los dos equipo históricos del baloncesto español. El juego de patio de colegio se impuso ante un impotente DKV Joventut, que pese a sus cambios de defensa y sus reacciones esporádicas se fue desinflando. Supongo que Sito Alonso no estará nada contento...
Rebote. Ver al Joventut de Badalona sin las genialidades de Ricky Rubio en la pista es extraño. El joven letón Kristaps Valters recuerda irremediablemente a su padre, Valdis, aunque no tiene el tiro del mítico jugador de la entonces URSS.
viernes, 29 de enero de 2010
Las maracas nucleares
Cualquier marino sabe que hay que evitar los huracanes. Ahora es más fácil. Los servicios meteorológicos tienen tanta precisión que ningún barco en el Atlántico pondría rumbo al núcleo de un huracán. Otra cosa era antes, cuando no había instrumentos de navegación tan precisos como ahora. Por mucho que supieran que es una masa de aire que gira en sentido inverso a las agujas del reloj y que su dirección es Este-Oeste a ningún marino se le ocurriría poner rumbo a su núcleo. Sin embargo, aún pueden sorprender a navegantes y lo que importa es saber qué hacer. En la política también hay huracanes, pero lo que faltan son capitanes. El guirigay que se ha montado en torno a la instalación de un almacén nuclear es uno de ellos y ha puesto en evidencia a la clase política española. Menos mal que ya se ha cerrado el plazo de candidaturas de los municipios porque a más de uno le iban a entrar los mismos vómitos que a los pasajeros bisoños que se atreven a cruzar en barco el Estrecho de Drake en medio de la fuerza de las corrientes y el tremendo oleaje. En la política también hay huracanes, pero como en el mar el sálvese quien pueda no vale para escapar de los huracanes. Visión de Estado es lo que falta por aquí, y mucha. El cementerio nuclear ha puesto de manifiesto que sólo valen los intereses electoralistas. El interés nacional está bajo la suela de los ombliguismos que hacen que España siga siendo el país de Villarriba y Villabajo. El despropósito ha sido manifiesto, con contradicciones de todo tipo, y eso que la decisión del dichoso cementerio nuclear que nadie quiere en el patio trasero de su casa fue aprobada por consenso en el Congreso de los Diputados. Las dudas que generan los residuos radioactivos son razonables. Que se lo digan a José Montilla, José María Barreda o María Dolores de Cospedal, entre tantos, que en medio del huracán cantan boleros. Ahora que se ha abierto el melón atómico, y que al menos hasta mayo no se decidirá la ubicación definitiva del almacén nuclear, habría que abordar sin expedientes sancionadores una cuestión de futuro. Sólo desde el sentido común se puede avanzar para buscar la escapatoria del huracán y para que dejen de tararear la canción de Antonio Machín, recuperada por El Cigala, que decía eso de “cómo se pueden querer dos mujeres a la vez, y no estar loco”. Y es que aquí lo que no faltan son las maracas, nucleares, claro.
lunes, 25 de enero de 2010
Ni trucos, ni electoralismo. La ley es la ley
La inmigración no admite trucos. En esto tiene razón el presidente José Luis Rodríguez Zapatero que manifestó que no iba a consentir que por “un truco” de un Ayuntamiento haya personas que puedan quedarse sin derecho a recibir asistencia sanitaria. Y tiene razón, insisto. Pero como los trucos en realidad tienen más de habilidad que de magia, lo que hay que hacer es cumplir la ley por parte de todos. Y la ley dice que para empadronar es válido y suficiente el pasaporte. Pero la ley de inmigración también hay que cumplirla por parte del Estado y sin caer en un debate electoralista que sólo sirve para señalar al que viene de fuera y es diferente. La responsabilidad es de todos. ZP también ha sido errante en la política de inmigración, pasó del papeles para todos en la etapa de Jesús Caldera al cerrojazo de su sucesor en el Ministerio de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho. Claro, que en época de vacas gordas en la que una y otra vez se repetían mensajes como que “la inmigración no es un problema es una solución” todo es más fácil. Las leyes no dejan lugar a dudas, ni la Constitución. Los derechos de los seres humanos están por encima pero la cuestión de fondo es el problema de los ayuntamientos para abordar los problemas sociales. Sin un gran Pacto de Estado no tardarán en alzarse más voces como la de Vic.
domingo, 24 de enero de 2010
Diario de un demente
Si hubiera metido aquel tiro libre...
Cualquier deportista sabe que lo normal a lo largo de su carrera deportiva es que se pierdan más partidos de los que se ganan. Pura estadística. Pero la gestión de esas derrotas, e incluso de los triunfos (siempre hay que buscar motivación extra para seguir ganando), es lo que marca la diferencia en un equipo. El Estudiantes cayó ante el Gran Canaria 2014, pero lo hizo teniendo opciones hasta el final. De hecho, estuvo por detrás en el marcador durante casi todo el partido, pero llegó al minuto final con el trabajo hecho gracias a que fue sumando algo en cada acción de partido. Perder de un punto siempre es duro, hasta en las pachangas. Palmar por un solo punto siempre me ha llevado a reprocharme qué hubiera pasado si no hubiera fallado aquel tiro libre o si debería haber estado más concentrado para no comerme una puerta atrás saldada con dos puntos más para el equipo rival. Pero no todas las derrotas son iguales. El Estudiantes es un equipo en alza, que cada vez juega más rodado y que puede perder en una de las canchas más difíciles de la ACB, donde esta temporada ya cayó el líder. Pero el disgusto de perder un partido con uno de los de arriba y candidato a estar en los play off no tiene nada que ver con las peligrosas dinámicas perdedoras en las que entran muchos equipos y jugadores cada temporada. Los dementes sabemos últimamente de eso… El aro se estrecha, los tiros no entran, se pierden los pases, los árbitros te crujen y te crecen los enanos.
El Estu de este año no es de esos. Tiene confianza y juego. Cotiza al alza, aunque tiene todavía una asignatura pendiente en los partidos fuera del Telefónica Arena, pero las sensaciones son buenas. Con la participación en la Copa asegurada, el objetivo en la liga es volver a disputar un play off de la ACB y seguir sumando victorias. Las de casa y, a ser posible, fuera. Lofton sigue con el cargador a punto (23 puntos en el Centro Insular) y es de los que aparecen en los momentos en los que se juega el bacalao, como sucedió en Las Palmas, pero los de Casimiro empezaron con una buena caraja. Fueron capaces de sobreponerse gracias al buen trabajo de Jasen, Medley, Popovic y Suárez, reducir la desventaja y llegar al final con la moneda de la suerte todavía en aire. Pero a Carlos Suárez le tocó la cruz.
Rebote. Ganar sobre la bocina es excitante. Que se lo pregunten a Rafa Martínez, que tras recibir un pase desde la banda a menos de un segundo del pitido final se lo clavó al Regal Barcelona y le dio la victoria al Power Electronic Valencia. En el Centro Insular, Carlos Suárez lo intentó, pero no entró. Casi, que volveré a ver la genial Macht Point, de Woody Allen. Igual en una revisión del filme el anillo que lanza el protagonista cae en el Támesis y veo otro final. Cuestión de suerte.
Cualquier deportista sabe que lo normal a lo largo de su carrera deportiva es que se pierdan más partidos de los que se ganan. Pura estadística. Pero la gestión de esas derrotas, e incluso de los triunfos (siempre hay que buscar motivación extra para seguir ganando), es lo que marca la diferencia en un equipo. El Estudiantes cayó ante el Gran Canaria 2014, pero lo hizo teniendo opciones hasta el final. De hecho, estuvo por detrás en el marcador durante casi todo el partido, pero llegó al minuto final con el trabajo hecho gracias a que fue sumando algo en cada acción de partido. Perder de un punto siempre es duro, hasta en las pachangas. Palmar por un solo punto siempre me ha llevado a reprocharme qué hubiera pasado si no hubiera fallado aquel tiro libre o si debería haber estado más concentrado para no comerme una puerta atrás saldada con dos puntos más para el equipo rival. Pero no todas las derrotas son iguales. El Estudiantes es un equipo en alza, que cada vez juega más rodado y que puede perder en una de las canchas más difíciles de la ACB, donde esta temporada ya cayó el líder. Pero el disgusto de perder un partido con uno de los de arriba y candidato a estar en los play off no tiene nada que ver con las peligrosas dinámicas perdedoras en las que entran muchos equipos y jugadores cada temporada. Los dementes sabemos últimamente de eso… El aro se estrecha, los tiros no entran, se pierden los pases, los árbitros te crujen y te crecen los enanos.
El Estu de este año no es de esos. Tiene confianza y juego. Cotiza al alza, aunque tiene todavía una asignatura pendiente en los partidos fuera del Telefónica Arena, pero las sensaciones son buenas. Con la participación en la Copa asegurada, el objetivo en la liga es volver a disputar un play off de la ACB y seguir sumando victorias. Las de casa y, a ser posible, fuera. Lofton sigue con el cargador a punto (23 puntos en el Centro Insular) y es de los que aparecen en los momentos en los que se juega el bacalao, como sucedió en Las Palmas, pero los de Casimiro empezaron con una buena caraja. Fueron capaces de sobreponerse gracias al buen trabajo de Jasen, Medley, Popovic y Suárez, reducir la desventaja y llegar al final con la moneda de la suerte todavía en aire. Pero a Carlos Suárez le tocó la cruz.
Rebote. Ganar sobre la bocina es excitante. Que se lo pregunten a Rafa Martínez, que tras recibir un pase desde la banda a menos de un segundo del pitido final se lo clavó al Regal Barcelona y le dio la victoria al Power Electronic Valencia. En el Centro Insular, Carlos Suárez lo intentó, pero no entró. Casi, que volveré a ver la genial Macht Point, de Woody Allen. Igual en una revisión del filme el anillo que lanza el protagonista cae en el Támesis y veo otro final. Cuestión de suerte.
Trasquilón
Hace tiempo que no piso una peluquería. Es por razones obvias. A los que me conocen no hay que explicárselo, y a los que no, basta con que vean la foto de esta columna. Vamos, que soy de esos que llaman de frente despejada. Sin embargo, cada vez encuentro más razones para volver a sentarme en esos confortables sillones de las peluquerías. Ahora, que ya no sería por el flequillo. Tal vez con la excusa de la barba, la tertulia y… la música. Al mileurista Teddy Bautista y sus chicos de la SGAE no les basta con comprar teatros y apartamentos, ni soñar con palacios. Ahora quieren entrar en los templos de la belleza de ambos sexos y cobrar unos 30 euros al trimestre por tener una radio encendida. En Cataluña se ha iniciado una campaña en la que se invita a los clientes de las peluquerías a traer la música de casa. Eso sí, “que todo sea original”. La campaña me gusta porque podré llevar mis canciones favoritas y compartir los temas con los vecinos del barrio en plan revival. Será como un duelo musical de iPod, donde se podrá pedir más volumen (no del cabello, precisamente) pero con ruido de tijeras y secadores de fondo. Ruido, mucho ruido. Supongo que el peluquero de toda la vida de mi barrio se alegrará mucho de verme de nuevo en su local. Incluso apuesto a que después de saludarnos me repetiría la pregunta que durante tantos años me formuló. Claro, que en aquella peluquería de barrio las tendencias eran las que eran. Allí no había estilos de peinado a lo Vidal Sassoon o Ruphert que marcaran el estilismo de moda en los descampados de la zona.
–¿Lo cortamos como siempre?
–Claro, como siempre –le contestaría, dejando en sus manos mi imagen.
En esa peluquería lo habitual era hablar de lo divino y de lo humano, con la Cadena Ser de fondo. No había tema de conversación que se escapara de la tertulia. Todavía recuerdo una vez que el peluquero me confesó su pesar porque su arte nunca fuera reconocido como tal. Un cliente que esperaba su turno, sentado en una silla y que ojeaba la chica semidesnuda de la última página del As, levantó la cabeza y entró en la conversación: “La poesía no es de quien la escribe, es de quien la necesita”. Esta célebre frase del cartero a Pablo Neruda no sólo nos dejó sin respuesta, sino que me costó un trasquilón.
–¿Lo cortamos como siempre?
–Claro, como siempre –le contestaría, dejando en sus manos mi imagen.
En esa peluquería lo habitual era hablar de lo divino y de lo humano, con la Cadena Ser de fondo. No había tema de conversación que se escapara de la tertulia. Todavía recuerdo una vez que el peluquero me confesó su pesar porque su arte nunca fuera reconocido como tal. Un cliente que esperaba su turno, sentado en una silla y que ojeaba la chica semidesnuda de la última página del As, levantó la cabeza y entró en la conversación: “La poesía no es de quien la escribe, es de quien la necesita”. Esta célebre frase del cartero a Pablo Neruda no sólo nos dejó sin respuesta, sino que me costó un trasquilón.
domingo, 17 de enero de 2010
Diario de un demente
Hay otro listo en la clase
A las clases del instituto ha llegado un nuevo alumno. Se llama Chris Lofton y es un poco chulo. Es de esos que entran en clase pavoneándose y que son listos. De los que aprueban de largo sin estudiar y que si ponen codos sacan matrícula. Este Lofton es ya el nuevo ídolo del Estudiantes. Pocos se acuerdan ya de Ahearn, el jugador norteamericano que clavaba todos los tiros libres, que dejó Madrid porque no se adaptaba y echaba de menos su tierra. Ahora en las clases del Ramiro todos quieren que Lofton esté en su equipo para ganar la pachanga del partido en las canastas de minibasket. Un par de partidos han bastado al escolta del Estudiantes para demostrar que lo suyo son las metralletas y que se tira hasta las zapatillas si es necesario. Fue una pesadilla en el Telefónica Arena para el Power Electronics Valencia (insisto, qué nombres este año), en especial en los dos últimos cuartos. Al croata Spahija, preparador de los valencianos, le van los experimentos. Tiene pinta de ser de esos entrenadores maniáticos que lo quieren tener todo atado, de los que se imaginan en su mente todas las circunstancias posibles. Lo malo es que de pronto, para desgracia de estos técnicos, un listo de la clase recién llegado y te las clava de todas partes. Y Lofton, con 24 puntos y algún triple estratosférico lo demostró.
La Copa del Rey está todavía lejos, y como dicen los que saben de esto hay que ir partido a partido, pero el ensayo de cuartos de final demostró que el Estu está en racha, tiene dinámica de grupo, sus jugadores bajan el culo para defender y tiene jugones. Tras dos primeros cuartos de partido lento y aburrido, el Estudiantes sacó el desatascador ante el atasco que planteaba el juego de los valencianos. Fue al inicio del tercer cuarto cuando los colegiales rompieron el partido y comenzaron a desquiciar a Víctor Claver y a los suyos. El trío arbitral ya había alentado las iras de los aficionados, pero dos faltas consecutivas a Carlos Suárez, que le llevaban al banquillo con cuatro, encendió la falla de la fiesta demente. El Telefónica Arena vio a Luis Casimiro tratando de consolar a un Carlos Suárez fuera de sí por lo que le habían pitado los árbitros. Pero la cuarta de Suárez sirvió de revulsivo para el público y el equipo. Juntos, la armaron. Hace diez años ganó el Estu ganó la Copa del Rey, precisamente al Pamesa Valencia. Fue en Vitoria, cerca de Bilbao. Hoy el equipo está en racha y enchufado.
Rebote: Si los árbitros que pitaron el partido del sábado en el Telefónica Arena hubieran sido los mismos de la última final olímpica, España tendría la Medalla de Oro. Pero Kobe Bryant no conoce la Casa de Campo. Pocos partidos recuerdo con tantos pasos señalizados. ¡Y a mí que me gustaba más aquello de cámino!...
A las clases del instituto ha llegado un nuevo alumno. Se llama Chris Lofton y es un poco chulo. Es de esos que entran en clase pavoneándose y que son listos. De los que aprueban de largo sin estudiar y que si ponen codos sacan matrícula. Este Lofton es ya el nuevo ídolo del Estudiantes. Pocos se acuerdan ya de Ahearn, el jugador norteamericano que clavaba todos los tiros libres, que dejó Madrid porque no se adaptaba y echaba de menos su tierra. Ahora en las clases del Ramiro todos quieren que Lofton esté en su equipo para ganar la pachanga del partido en las canastas de minibasket. Un par de partidos han bastado al escolta del Estudiantes para demostrar que lo suyo son las metralletas y que se tira hasta las zapatillas si es necesario. Fue una pesadilla en el Telefónica Arena para el Power Electronics Valencia (insisto, qué nombres este año), en especial en los dos últimos cuartos. Al croata Spahija, preparador de los valencianos, le van los experimentos. Tiene pinta de ser de esos entrenadores maniáticos que lo quieren tener todo atado, de los que se imaginan en su mente todas las circunstancias posibles. Lo malo es que de pronto, para desgracia de estos técnicos, un listo de la clase recién llegado y te las clava de todas partes. Y Lofton, con 24 puntos y algún triple estratosférico lo demostró.
La Copa del Rey está todavía lejos, y como dicen los que saben de esto hay que ir partido a partido, pero el ensayo de cuartos de final demostró que el Estu está en racha, tiene dinámica de grupo, sus jugadores bajan el culo para defender y tiene jugones. Tras dos primeros cuartos de partido lento y aburrido, el Estudiantes sacó el desatascador ante el atasco que planteaba el juego de los valencianos. Fue al inicio del tercer cuarto cuando los colegiales rompieron el partido y comenzaron a desquiciar a Víctor Claver y a los suyos. El trío arbitral ya había alentado las iras de los aficionados, pero dos faltas consecutivas a Carlos Suárez, que le llevaban al banquillo con cuatro, encendió la falla de la fiesta demente. El Telefónica Arena vio a Luis Casimiro tratando de consolar a un Carlos Suárez fuera de sí por lo que le habían pitado los árbitros. Pero la cuarta de Suárez sirvió de revulsivo para el público y el equipo. Juntos, la armaron. Hace diez años ganó el Estu ganó la Copa del Rey, precisamente al Pamesa Valencia. Fue en Vitoria, cerca de Bilbao. Hoy el equipo está en racha y enchufado.
Rebote: Si los árbitros que pitaron el partido del sábado en el Telefónica Arena hubieran sido los mismos de la última final olímpica, España tendría la Medalla de Oro. Pero Kobe Bryant no conoce la Casa de Campo. Pocos partidos recuerdo con tantos pasos señalizados. ¡Y a mí que me gustaba más aquello de cámino!...
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